Canarias tiene un serio problema muy madrileño: la invasión de los madroños

Lo trajeron para adornar jardines. Ahora amenaza un ecosistema único

El árbol protegido en Madrid que está prohibido en Canarias

Madro
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Eva R. de Luis

Editor Senior

Cuando acostumbramos a hablar de especies invasoras, suelen salir a la palestra animales "exóticos" desde el punto de vista de la procedencia, sirva como ejemplo las avispas asiáticas o el ailanto, un árbol del que quizás no te suene su nombre pero sí su aspecto, ya que es un viejo conocido de los parques (cuyo origen es chino), pero la realidad es que no hace falta irse tan lejos: en España hay floras y faunas de lo más dispares que, llevados a otros ecosistemas, pueden provocar desastres naturales. Un ejemplo: un árbol tan mítico de Madrid que hasta sale en su escudo. Sí, el madroño.

Vaya por delante que en realidad el madroño mediterráneo (Arbutus unedo) no es exclusivo de Madrid, de ahí su nombre: de forma general, su hábitat extiende por las costas bañadas por el Mediterráneo. Pero resulta que las islas Canarias son atlánticas y no mediterráneas, por lo que el madroño "madrileño" no es endémico. Allí tienen su propio madroño, el Arbutus canariensis.

Cuando el madroño mediterráneo hace turismo en Canarias. El madroño canario lleva milenios adaptado al ecosistema del archipiélago y sus laurisilva, pero en el siglo XX el madroño mediterráneo aterrizó en las islas como árbol ornamental, llegando a "naturalizarse" en Tenerife y Gran Canaria. Su llegada y naturalización es un problema para el madroño oriundo porque ambas especies se hibridan de forma natural, dando lugar al Arbutus xandrosterilis, cuya población sigue creciendo por las islas. 

Por qué es importa. Que un madroño foráneo y un híbrido campen a sus anchas por un ecosistema tan delicado como las islas es un riesgo para el madroño canario por el desplazamiento directo de este, al competir de forma directa por el espacio y recursos. 

Pero el problema también está en la eventual extinción del madroño oriundo por dilución genética: la hibridación de forma sostenida implica que a la larga la especie autóctona vaya perdiendo generación tras generación lo que lo hace único y por ende, desapareciendo. De ahí que la ley prohiba en Canarias su plantación, transporte y venta.

Contexto. Con el madroño mediterráneo se da una paradoja que explica bien la diversidad ambiental del estado español: como explica el proyecto del CSIC Arbolapp: mientras que aparece en los catálogos de flora amenazada o protegida en comunidades como Castilla-La Mancha, Madrid, Murcia y Valencia, en las islas Canarias esta es una especie invasora. Una misma especie y dos estatus antagónicos en función de la región.

Este patrón no es exclusivo del madroño: es habitual en biogeografía insular, donde ecosistemas aislados y con alto endemismo (como la laurisilva canaria) son especialmente vulnerables a especies que en su área de origen son completamente inofensivas.

En detalle. La introducción se documenta bien geográficamente: la ficha de Biodiversidad de Canarias señala que en Gran Canaria y en Tenerife la vía de entrada fue el área de horticultura y jardinería, con "escape" de ejemplares cultivados hacia el medio natural. Hay registros concretos de cultivo ornamental en la Villa de San Mateo (Gran Canaria), en La Esperanza (Tenerife) y en Garafía (La Palma), según el mismo documento del MITECO.

El blog de invasiones biológicas en Canarias aporta un detalle relevante sobre el terreno: en zonas como La Esperanza ya no quedan ejemplares grandes de Arbutus unedo puro, solo individuos jóvenes o rebrotes, mientras que las poblaciones con híbridos siguen ganando terreno. Esto ilustra un punto que los propios autores del blog subrayan: la dificultad de eliminar una especie introducida una vez que ya se ha cruzado con la nativa, porque no basta con retirar la especie exótica, hay que identificar y gestionar también toda la progenie híbrida.

Sí, pero. Sí, es una invasión reconocida legal y científicamente, con impacto genético documentado. Pero conviene matizar la magnitud: comparado con otras invasoras vegetales de Canarias —como el rabo de gato (Pennisetum setaceum), que ocupa superficies mucho mayores y transforma el régimen de incendios de islas enteras—, el madroño mediterráneo tiene una distribución más localizada, circunscrita sobre todo a zonas concretas de Tenerife y Gran Canaria.




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