Es el equivalente farmacológico a hacer un crucigrama: uno se despierta, se toma un comprimido con medio vaso de agua (nunca más de 120 ml) y se sienta a esperar. Media hora sin desayunar, sin café, sin tomar ninguna otra medicación. Y todo eso para que un 1-2% de la semaglutida oral que ha tomado llegue a la sangre.
Durante años, la mejor pastilla que teníamos para perder peso era el Rybelsus y tomarlo, como vemos, requería una disciplina casi monacal. Es decir, la biodisponibilidad acaba por ser limitada y a poca gente le iba realmente bien.
Por eso, que la Agencia Europea del Medicamento haya recomendado autorizar Foundayo (orforglipron) es algo que va más allá de un GLP-1 más. Es una decisión que lo cambia (casi) todo.
¿Qué ha pasado exactamente? El Comité de Medicamentos de Uso Humano de la Agencia Europea del Medicamento ha dado su visto bueno para dos usos del orforglipron: el control de peso y la diabetes tipo 2 mal controlada. Es verdad que el Comité no puede aprobar medicamentos (eso lo hace la Comisión), pero a efectos prácticos es el paso previo clave.
¿Tanto revuelo por una pastilla más? Como decía, Rybelsus lleva en Europa desde 2020 y la versión de comprimidos de Wegovy recibió el ok en julio de 2026. El problema es que, hasta ahora, lo que teníamos eran péptidos.
Es decir, cadenas de aminoácidos que imitan al GLP-1, pero que son extremadamente sensibles a los ácidos del estómago. Por eso, la vía tradicional ha sido la inyección. Se ha tratado de sortear el problema con potenciadores (como el SNAC, un compuesto que facilita la absorción), pero la absorción sigue siendo mínima.
El orforglipron es otra cosa: una molécula que activa el mismo receptor por otra vía y se absorbe como cualquier fármaco de toda la vida.
El quid de la cuestión es que las moléculas pequeñas como estas se fabrican por síntesis, no necesitan cadena de frío y escalan mucho mejor. No es solo un cambio de formato, es un cambio industrial en toda regla. Por eso Lilly, la empresa que lo ha desarrollado, tenía a finales de 2025 1.500 millones de dólares en inventario. Antes de que nadie apruebe el fármaco.
¿Y funciona? En principio y hasta donde sabemos, sí. En los ensayos de peso que ha evaluado la EMA, la pérdida a 72 semanas fue de entre el 5% y el 11% según la dosis, frente al 2 y el 2,5% del placebo. Son números algo peores que los de los inyectables, es cierto; pero los pros que comentamos lo hacen muy competitivo e interesante.
El peaje, por llamarlo de alguna forma, es digestivo (náuseas, vómitos y diarrea). De hecho, en los ensayos clínicos entre un 3% y un 6% de los participantes (según la dosis) lo dejó por ello.
¿Estamos a punto de dar el siguiente salto en el mundo de estos fármacos? Eso es lo que nos preguntamos todos. Si hacemos caso a lo que ha ocurrido en Inglaterra, donde se vende desde agosto, los precios rondarán las 100-120 libras al mes. Algo que, teniendo en cuenta lo que se cuenta sobre sus posibles efectos positivos en el corazón, suena muy bien.
Sobretodo para Lilly. Acabamos de conseguir que un GLP-1 supere al estómago, lo que no está claro es que vaya a sobrevivir al presupuesto.
Imagen | Elaboración propia
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