Se suponía que 'Idiocracia' era una sátira de un futuro más estúpido. El miedo es que se esté haciendo real

Veinte años vaticinando el presente absurdo que estamos viviendo

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John Tones

Editor Senior - Entretenimiento
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Esta semana, Flamenca Stone compartía en Bluesky un vídeo con el comentario "esto es literalmente una trama de 'Idiocracia'". No es la primera vez que sucede ni será la última. La película de 2006 que pasó desapercibida en su día (de forma más que buscada, para evitar demandas de las muchas marcas que eran satirizadas) lleva años generando ese mismo escalofrío reconocible, como una especie de versión perversa de Los Simpsons: miras una sátira y no sabes si estas viendo más bien un documental adelantado a su tiempo.

20 años de vaticinios. Mike Judge tardó tres años en lograr que 'Idiocracia' fuera estrenada. Cuando lo consiguió, recaudó tan solo 495.000 dólares en su primer fin de semana. Fox no organizó ni pases de prensa, y no invirtió ni en trailers para televisión: era demasiado ácida e incómoda. El director de 'Beavis y Butt-Head' y 'Silicon Valley' había construido una sátira sobre una América del año 2505 donde los idiotas se habían reproducido tanto entre sí que la población estaba compuesta esencialmente por descerebrados. Un joven perfectamente normal del presente despierta en esa época (sí, es el argumento de 'Futurama', por entonces recién cancelada) y es celebrado como prácticamente un genio. 

Idiocracia Today. El tiempo la ha puesto en su sitio y pese a pasar desapercibida en su estreno, su edición en formatos domésticos primero y su paso por streaming después (ahora la tienes en Movistar Plus+) la ha dotado de cierta consideración de culto. Revisemos algunas de las cuestiones que se plantearon como parte de una sátira absolutamente exagerada (como demuestra que Judge decidiera ambientarla en nada menos que el siglo XXVI) pero que resultan escalofriantemente cercanas en el contexto actual. O como decía el propio director, "No soy ningún profeta. Me equivoqué por 490 años."

La chispa de la vida. Empecemos, sin ir más lejos, por el uso de refrescos como agua de riego. En el futuro, la bebida deportiva Brawndo ha sustituido al agua, lo que ha provocado que los cultivos lleven décadas sin crecer. "Brawndo tiene lo que las plantas necesitan. Tiene electrolitos." le dicen al protagonista cuando este se extraña de la ausencia de agua. Por supuesto, nadie sabe qué demonios es un electrolito. Mientras tanto, la realidad: Trump piensa que los refrescos curan el cáncer porque matan la hierba y por tanto, posiblemente también matan las céluloas cancerígenas. Si me preguntan, mucho más loco que 'Idiocracia', aunque lo cierto es que está documentado que cada vez más personas optan por bebidas deportivas o energéticas cuando antes bebían agua.

Todo marcas. En la película, la cadena Costco tiene su facultad de derecho. La única operadora de telecomunicaciones del país se llama AOL-TimeWarner-Taco Bell-Gobierno de EE.UU., y las franjas de la bandera son logotipos. Es especialmente significativa (por visionaria en tiempos pre-streaming) la escena de la pantalla de la televisión: el programa ocupa un recuadro en el centro de la pantalla, rodeado de publicidad por todas partes. Youtube o cualquier web de streaming de vídeos tiene un aspecto similar. En cuanto a la presencia de marcas en instituciones públicas o los patrocinios de espacios públicos, hace tiempo que dejó de ser una cuestión distópica, ¿eh, madrileños?

Presidente reconocible. Dwayne Elizondo Mountain Dew Herbert Camacho, exluchador y presidente de los Estados Unidos en 2505, entra al Congreso en motocicleta, con una guitarra eléctrica, disparando al aire. Su capacidad de gestión es nula y su carisma, arrollador para un país de imbéciles. El actor Terry Crews reconoció sentir un escalofrío cuando empezó a ver los mítines de Trump en 2016. El coguionista Etan Cohen escribió en Twitter ese mismo año que no podía creer que la película se hubiera convertido en un documental. En 2024, Hulk Hogan apareció en la Convención Nacional Republicana con un discurso salido de una promo de lucha libre. Las similitudes llegan hasta hoy, pero nos quedamos con la reflexión de Espinof sobre la película: la lógica del entretenimiento ha colonizado por completo el debate político.

Dejar de pensar por convenio. El deterioro del lenguaje en 'Idiocracia' es parte de la sociedad: las palabras se sustituyen por pictogramas y los procesos de razonamiento se diluyen. Nadie recuerda cómo se razona sin una pantalla delante. En 2025, un estudio del MIT advirtió que las herramientas de inteligencia artificial pueden acelerar el deterioro cognitivo al mecanizar las tareas rutinarias y dejar solo el manejo de excepciones al usuario. Investigaciones de la Universidad McGill apuntan en la misma dirección con el GPS y la memoria espacial: cuanto más lo usas, menos recuerdas cómo orientarte sin él. 

Muera la inteligencia. En su análisis de una sociedad cada vez más anti-intelectual, Jot Down describía cómo esta corriente cada vez más asentada ya no se presenta como ignorancia sino como sobreinformación: la ilusión de que acceder a datos infinitos durante periodos cortos de veinte segundos equivale a aprender. Lo vivimos continuamente: el algoritmo recompensa los formatos breves, la cámara de eco de las redes sociales amplifica lo que ya crees con frases-slogan. Ese "No al pensamiento crítico" vertebra toda 'Idiocracia' y es el auténtico subtexto de la película.

Nadie es perfecto. 'Idiocracia' erraba, eso sí, en su planteamiento inicial: el desastre arrancaba cuando los ricos dejaban de tener hijos y entonces las clases bajas y sin educación básica empezaban a reproducirse. Una idea de tintes peligrosamente eugenésicos en la que por suerte el resto de la película no incide y que ha sido completamente arrollada por una realidad innegociable: si algo nos ha demostrado el mundo actual es que los milmillonarios que nos rodean no son, precisamente, los lápices más afilados del estuche.

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