'Stray' demuestra que gatitos más ciencia-ficción no es la combinación perfecta, pero se acerca bastante

'Stray' demuestra que gatitos más ciencia-ficción no es la combinación perfecta, pero se acerca bastante
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Me pregunto en qué medida puede resultar atractivo un juego como 'Stray' a alguien que no le interesen los gatos, pero en cualquier caso, tendréis que buscar a esa persona y preguntarle, porque (a modo de disclaimer) me confieso devoto de los felinos, de su fascinante historia, de su magnético comportamiento, de su arrollador aspecto y de sus posibilidades como motor narrativo. 'Stray' me tenía ganado desde el primer trailer, e igual alguien quiere considerar que por ello mi opinión no es del todo válida, pero en todo caso lo dirá alguien que no adore a los gatos, así que tampoco hay que prestarle mucha atención.

Bromas aparte, lo cierto es que 'Stray' es un cuquísimo juego independiente que puedes probar desde ya mismo en Steam, pero también en Playstation como regalo si estás los niveles más altos del nuevo PlayStation Plus. Es un título contemplativo y tranquilo, que presentará entre poca y ninguna dificultad para los jugadores más encallecidos y que más de un jugador experimentado mirará por encima del hombro porque no presenta desafíos importantes ni prácticamente ninguna posibilidad de quedar atascado. Aquí lo que importa es otra cosa.

Y esa otra cosa es que 'Stray' brinda la posibilidad de controlar a un curioso gato por las calles de una ciudad futura y aislada, casi un búnker, donde los humanos han sido sustituidos por inteligencias artificiales. Y gran parte del esfuerzo de BlueTwelve Studio ha estado en crear un gato perfectamente realista no ya en los movimientos, la agilidad, la posibilidad de llegar a zonas aparentemente inaccesibles o caer desde grandes alturas, sino en los pequeños detalles.

Es decir, la posibilidad de maullar de mil maneras distintas, el aposentarse en cualquier lugar mullido para dormitar un rato, hacerse las uñas en puertas, sofás y alfombras. O esa hilarante inexpresividad, que da a entender que los gatos se toman cualquier inconveniencia con ese pasivo carisma que nos vuelve locos a los humanos. Detalles de los que se deducen horas de observación y entendimiento de los felinos y que valen más que cualquier ostentoso despliegue de medios, porque implica una devoción por el detalle que es donde está el armamento pesado de los juegos independientes, y donde Annapurna sabe que lleva las de ganar.

Don Gato y los humanoides

Con estos ingredientes toma forma un juego cuya otra gran baza es la construcción de un mundo de cierta hondura en cuanto a su lore (¿dónde están los humanos, quiénes son los invasores, en qué lugar exactamente nos encontramos?) y que nunca recurre a plomizos infodumps para sumergirnos en la historia. Los ojos del gato, fragmentos muy escogidos de información y un diseño de escenarios que rebosa una historia entre líneas son más que suficientes para lanzarnos a una narrativa infinitamente más sofisticada en su sencillez que la de muchos Triple A.

Para todo lo demás, un juego accesible, de controles elementalísimos, al que no le hace falta ningún tipo de HUB más allá de un par de menús de inventario tan sencillos que son casi propios de juego para móviles, pero que encandila como encandilan los magníficos movimientos de nuestro gato por las azoteas de la ciudad. Desafío no proporciona ninguno pero unas cuantas emociones, una buena historia y un cuidadísimo apartado gráfico, a raudales.

Y enmedio, alguna sorpresa. Por ejemplo, ocasionales secciones de sigilo, o de acción muy sencilla en la que huir de avalanchas de enemigos. También sorprende, en el tramo inicial del juego, el descubrimiento de que las zonas semiabiertas, que se pueden explorar en modo sandbox y atendiendo a alguna misión secundaria para aderezar la trama, son más amplias, laberínticas y verticales de lo que aparentaban en principio. Más adelante se pierde la sensación de impacto original, pero las vibraciones de la primera hora de juego son muy interesantes.

'Stray' es un divertimento para un par de tardes, y no te quitará el sueño con puzles enrevesados ni exhbicionismo visual. Pero su exquisitez gráfica, el ingenio y la originalidad de sus muchos detalles (el ronroneo en el Dualsense, auténtico bálsamo para el alma) lo convierten en obligado para los gateros y gateras y, ojo, obligado también para los que buscan alternativas al cansino panorama de los blockbusters de rigor. Así son los gatos.

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