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Es 2019 y sigo yendo al videoclub de mi barrio: nueve personas nos cuentan sus razones
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Es 2019 y sigo yendo al videoclub de mi barrio: nueve personas nos cuentan sus razones

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Si naciste, como muy tarde, a principios de los noventa seguro que te resulta familiar la experiencia del videoclub. Solo o en compañía, ir hasta el establecimiento y repasar las estanterías, con su particular olor a plástico y chuches, toquetear diferentes VHS, ver decenas de carátulas, leer algunas sinopsis hasta que encuentras esa que te atrapa. Aprovechar las ofertas de "Alquila tres por dos" y pegarte el maratón padre el fin de semana.

Si antes ver películas en casa era una ritual que abarcaba una serie de pasos como ir, alquilar, regresar a casa y los "me tengo que acordar de devolver los DVDs", ahora es una experiencia que requiere solo un paso: encender Netflix y la posterior odisea de "no sé qué demonios quiero ver".

Pasamos de los VHS cuando se alzó la industria del videoclub a los DVDs. Hubo un antes y un después cuando en 2006 cerraron todos los Blockbuster en España. Poco a poco las descargas cogían fuerza y en el futuro el éxodo hacia el consumo a través de Internet era inevitable. Los pequeños videoclubs poco a poco se extinguían. Si a una gran masa de gente este cambio no le supuso mayor problema, además de un ahorro de tiempo y dinero, hay aún personas que se resisten a abandonar este ritual.

Ivanna, 28 años: "He tenido Netflix pero no me gusta porque las películas que quiero ver nunca las tienen"

Ivanna es auxiliar de enfermería en Valladolid. Como mujer nacida en el 91, ha vivido de primera mano la era VHS y DVD: "Antes había muchos más videoclubs y era algo normal alquilar pelis, por eso a mí no se me hace raro seguir yendo, porque lo he visto de toda la vida".

Luuiop

El único videoclub que queda en su barrio está a 600 metros de su casa y suele frecuentarlo una o dos veces al mes junto a su hijo. "Solemos ir al parque, comprar palomitas o chuches y luego vamos al videoclub, él escoge una peli de animación y yo otra que me apetezca a mí o a mi marido", nos cuenta la vallisoletana, recordándonos ese ritual que muchos de nosotros hemos tenido años atrás. Su marido también suele ir al videoclub porque le gusta jugar a la PlayStation y tienen juegos para alquilar.

A pesar de que hubiera épocas en los que frecuentaba menos el videoclub, nunca ha dejado de ir. Reconoce que es porque simplemente siempre lo ha tenido cerca. Si cerrara dejaría de ir porque los que quedan están muy lejos y descargaría de uTorrent como alternativa.

Otro punto a favor para ir al videoclub es su catálogo: "He tenido Netflix pero no me gusta porque las pelis que quiero ver nunca las tienen. Suelo buscar películas que hace mucho que no veo o que salieron en el cine y he visto. Además mi televisión no tiene Smart TV y tengo que enchufar el portátil o comprarme un Chromecast y paso".

Sara, 20 años: "Las películas que alquilo normalmente son para ver en familia, es un momento de reunión con mis padres y mi hermana"

"En mi casa no las descargamos ilegalmente, queremos pagar por el trabajo realizado", nos cuenta Sara Cayetano, estudiante de canto y pedagogía del lenguaje musical de Pontevedra, "voy para alquilar películas de forma legal".

"Nos sale más barato ir allí que pagar en el canal contratado que tenemos en la televisión. Tengo Rakuten, que tienen para alquilar directamente desde casa pero te cobran más, aunque haya algunas películas que son gratuitas".

Su videoclub también está cerca de donde vive y lo frecuenta unas dos veces al mes, dependiendo sobre todo de las novedades que haya. Esta costumbre se ha perpetuado desde sus padres, que llevan 30 años yendo a ese videoclub junto a ella.

Al igual que Ivanna, no usa ninguna plataforma de streaming: "Tengo visto series o películas de esas plataformas pero suelo verlas con amigos, en mi casa no tenemos". La reacción que suele generar al hacer saber que sigue pisando el videoclub suele ser de sorpresa o extrañeza, pero provoca más curiosidad que otra cosa.

"Las películas que alquilo en el videoclub normalmente son para ver en familia, es un momento de reunión con mis padres y mi hermana. Nos gusta el cine y lo vemos para entretenernos y pasar un ratito juntos."

Eugenia, 38 años: "No reniego de las películas de Internet, pero disfruto mucho más si voy al videoclub"

Geni Herrera vive en Barcelona, es cajera y es una de las personas que sigue yendo desde los 18 años al único videoclub de su barrio, porque todas las demás han cerrado a lo largo del tiempo.

Eugenia

"Me encanta ir al videoclub por la increíble variedad que tiene desde películas súper antiguas a meganovedad. Poder ver las fotos y leer las contraportadas con tranquilidad me encanta. No tener prisa al seleccionar las películas", nos explica Geni.

Es verdad que sigue compaginando el videoclub con Amazon Prime Video, Netflix y la televisión de pago, pero cuando quiere ver una película fuera de catálogo lo tiene más complicado. Su solución es el videoclub o buscar una descarga: "Odio, en plataformas por Internet, tener que dejar encendido el Pc, buscar una plataforma de descarga, perder tiempo y luz en descargarme algo, para luego no tener claro si es lo que he descargado será lo que quería". De ahí que su predilección sea ir a ver las películas en físico.

"Cuando digo que voy al videoclub la gente se sorprende y algunos amigos se ofrecen a descargarme algo, pero les digo que no, ya lo alquilo en mí Videoclub". Geni, a pesar de no ser especialmente cinéfila, va casi todas las semanas.

Leticia, 34 años: "Netflix, HBO y otras plataformas no tienen en el repertorio las películas que quiero ver"

Leticia Laschu es una diseñadora que reside en Madrid y continúa yendo al videoclub Ficciones, una de las pocas supervivientes en la capital. Es cinéfila y muchas veces las películas que quiere ver no se encuentran en el catálogo de las diferentes plataformas de streaming con las que compagina el videoclub, como Netflix y HBO: "Además cuando me pongo a buscar alguna que pueda interesarme acabo agotada y muchas veces desisto".

"Ir al videoclub es similar a cuando vas a una tienda a comprar ropa: buscas lo que quieres, encuentras cosas nuevas, pides recomendación... La experiencia es mucho más satisfactoria. Ir al videoclub tiene cierto toque nostálgico para la era digital en la que vivimos".

Lleva visitando el videoclub un par de veces al mes desde hace 8 años, que fue cuando lo descubrió, su meca del cine independiente desde entonces. Siendo cliente habitual, tiene una relación cordial con la encargada, con la que charla de cine de vez en cuando y le pide recomendaciones.

Ficciones de Cine, el videoclub que visita Leticia, está llevado por Marcia, abierto desde el año 2005. Nos desplazamos hasta su videoclub para hablar con más clientes in situ.

Ficciones de Cine: "El promedio de edad de cliente debe ser entre 30 y 50, pero tengo millennials, chicos de rastas que vienen y alquilan"

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Marzia nos cuenta que a día de hoy el cliente número cuatro sigue yendo a su videoclub, a veces el número uno. Personas que llevan visitando el videoclub casi 15 años (desde que se dieron de alta en él).

¿Y cómo ha sobrevivido hasta ahora? Intentando adaptarse y ampliando su radio de negocio: "Tengo que apoyarme en lo que me da buen resultado que es la venta de películas y lo principal el alquiler de películas, será el 85% de ingresos. Aparte de eso, tengo la venta de pósters y merchandising".

Fidelizar el cliente y cuidarlo es otra parte importante de su día a día. "A veces vienen y me dicen: «Hoy estoy triste, recomiéndame algo que me haga llorar»", nos cuenta Marzia desde el otro lado del mostrador. Aunque depende de la temporada, a veces poco hay que hacer: "El verano es la temporada más baja, hay mucha agente de viaje. Julio siendo el peor mes".

En cuanto a la clientela, es de lo más variado: "Así como hay clientes antiguos que dejan de venir, vamos reponiendo con nuevos que vienen. El promedio de edad debe ser un adulto joven, entre 30 y 50, pero tengo millennials, chicos de rastas que vienen y alquilan".

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En nuestra visita, pasan algunos clientes a los que les preguntamos. Una pareja de Málaga que vive ahora en Madrid, Laura y Pablo* (nombres ficticios, prefieren no revelar su identidad públicamente), nos cuentan que ellos empezaron a visitar el videoclub gracias a Remake a los 80. Los propietarios de esta página web estuvieron haciendo un tour por los videoclubs de España y uno de los que visitaron fue Ficciones de Cine: "Al escucharles hablar de la magia que tienen los videoclubs era fantástico ver que aún seguía vivo ese espíritu que en muchos de nosotros ha sembrado el amor al cine que hoy en día tenemos. Era obligatorio pasar por aquí".

A pesar de ser cinéfilos, por falta de costumbre no suelen aparecer mucho por estos lugares pues "hoy en día enciendes el ordenador y tienes todas las plataformas y, como es normal, la comodidad hace mucho".

Gregorio es otro cliente que pillamos rebuscando entre carátulas. Aparte de visitar el videoclub también usa la alternativa de las bibliotecas. Es un perfil de persona que suele buscar películas en concreto , pero no solo es cuestión de eso: "No tengo internet en casa, no me gusta, por eso vengo. Trabajo 8 horas con el ordenador y no me apetece pasarme más tiempo delante de una pantalla". La experiencia de ir a un lugar físico y no depender de plataformas online es justo lo que Gregorio busca con sus visitas al videoclub o la biblioteca.

Video Club Arfe: "Hay clientes que llevan viniendo más de 20 años"

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Otro de los supervivientes en Madrid es el Video Club Arfe, el cual visitamos también. Su dueño, Nacho, nos afirma que tiene clientes que aún vienen desde hace más de 20 años, y "el más antiguo llevará viniendo unos treinta y pico años". Le preguntamos si después de tanto tiempo se sabrá el nombre de los clientes usuales, a lo que nos contestó que "hasta el DNI de alguno".

Al igual que al videoclub de Marcia, gente de todo tipo visita el Video Club Arfe, según nos confirma su dueño. Lo que más vienen buscando es novedades en vez de cine independiente.

Irene y Adel, clientes que abordamos mientras estaban devolviendo unas cajas de DVD de camino, no suelen venir muy a menudo a este videoclub pero nos cuentan que se animarían a frecuentarlo más si "hubiese tertulias sobre películas, un sitio donde se pudiese debatir, que da información más experta sobre las películas, como para los más forofos". Las plataformas de streaming no les llegan a convencer del todo porque para ellos el algoritmo no es lo suficientemente acertado como quizás preguntar al dependiente del videoclub.

En plena era Netflix, en la que tienes que consumir películas y series a toda velocidad si no quieres quedarte atrás en los temas de conversación con tus compañeros de trabajo o amigos, hay quien todavía prefiere la parsimonia y tranquilidad de visitar el videoclub y elegir a conciencia lo que va a ver. Si después de leer a Ivanna, Geni y los demás te ha dado un ataque de nostalgia la buena noticia es que aún estamos a tiempo de reproducir la experiencia de ir al videoclub, ahora que aún siguen vivos, al igual lo hacen los protagonistas de este artículo.

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