A día de hoy es una realidad que la mayoría de nosotros vivimos pegados a una pantalla, y esto es algo que está documentado en estudios donde se apunta, por ejemplo, que de media revisamos una media de 200 veces el teléfono a lo largo del día, lo que equivale a mirarlo aproximadamente cada cinco minutos. De hecho, el 46% de los usuarios se considera a sí mismo "dependiente" del dispositivo y un 53% afirma no haber pasado nunca más de 24 horas sin él. Pero, ¿qué pasa realmente en nuestra cabeza si decidimos cortar por lo sano y volver a la era analógica?
Una prueba. Para poder responder esta pregunta, el periodista de CNN, Bill Weir, decidió poner a prueba esta premisa para conmemorar los 50 años de Apple. De esta manera, durante 14 días Weir guardó su iPhone en una caja y lo sustituyó por un teléfono básico como los que teníamos hace 15 años, con los que solo se podían enviar SMS con un teclado no táctil y una cámara de baja resolución.
A partir de aquí se fueron observando las sensaciones que tenía, pero también un grupo de científicos por detrás iba monitorizando su cerebro a través de escáneres cerebrales.
Los resultados. Tras dos semanas de desconexión, los tiempos de reacción del periodista mejoraron un 23%, y además su actividad cerebral aumentó notablemente, haciendo que la conectividad de su cerebro se volviera más coordinada y organizada.
De manera subjetiva, Weir experimentó una recuperación de su capacidad para concentrarse mucho mejor y también apuntó a una fuerte disminución de la necesidad de consumir redes sociales tras la primera semana.
Los cambios. No es casualidad que el término "brain rot", traducido como podredumbre cerebral, se coronara como el neologismo del año en 2024 para el diccionario de Oxford, puesto que es un concepto estrechamente ligado al estar deslizando todo el rato con el móvil. Y es que claramente el uso excesivo de los teléfonos inteligentes y todas las aplicaciones que contienen está dejando una huella física en nuestra anatomía cerebral.
Está probado. Investigaciones basadas en resonancias magnéticas, incluyendo una publicación de la National Library of Medicine en 2023, señalan que el uso problemático del smartphone se asocia con una reducción de la materia gris en el cerebro. Y si entramos en algo más concreto, se vio que había un menor volumen en la corteza cingulada anterior, la corteza orbitofrontal, el giro fusiforme y el cuerpo estriado.
Estas áreas son fundamentales para la regulación emocional, la toma de decisiones y el control de impulsos, haciendo que estas alteraciones sean similares a las que se observan en adicciones a sustancias nocivas como las drogas.
Y respaldado. Un estudio publicado en 2025 analizó a individuos durante 72 horas sin teléfono móvil mediante la resonancia magnética funcional, y los resultados apuntaron a que la abstinencia desencadenaba activaciones cerebrales idénticas a las de los síndromes de abstinencia adictivos, seguidas de notables mejoras cognitivas.
La amnesia digital. Más allá de la anatomía, nuestras capacidades cognitivas diarias están en caída libre, y la ciencia apunta a que el tiempo medio de atención antes de una interrupción ha pasado de unos 2,5 minutos a unos 47 segundos, culpando aquí al acelerado ritmo digital.
Y el culpable nuevamente es el smartphone, puesto que un estudio publicado en 2017 analizó a 520 participantes y demostró que la simple presencia del smartphone en la mesa, incluso boca abajo, consume y agota nuestros recursos cognitivos de atención. Es por ello que se debe apostar por un mejor control del tiempo que dedicamos a las redes sociales o al smartphone en general, puesto que los beneficios de dejarlo son muchos.
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En Xataka | Los smartphones están destrozando nuestra memoria. La gran pregunta es si debería importarnos
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