El corazón del sudeste asiático y esparcidas por las montañas de la provincia de Xieng Khouang en Laos, descansan miles de monumentales vasijas de piedra. Algunas de estas alcanzan los tres metros de altura y pesan varias toneladas, y es por ello que este paraje recibió el nombre de 'Llanura de las Jarras'. Sin embargo, este paisaje ha sido un gran misterio para todos los expertos porque no se sabe ni quién las talló, ni cómo las movieron y tampoco para qué servían.
Resolviendo. Ahora, un nuevo estudio arqueológico parece haber dado por fin con la pieza clave del rompecabezas, revelando una tradición mortuoria mucho más compleja y macabra de lo que se pensaba. El hallazgo de una enorme "jarra de la muerte" ha confirmado que estos colosos de piedra no eran monumentos aislados, sino los protagonistas de un sofisticado ritual funerario multigeneracional.
Un secreto. La clave de este puzzle se basa justamente en el análisis de una única y gigantesca vasija que escondía en su interior ni más ni menos que los restos óseos de al menos 37 personas diferentes. Pero lo más interesante de todo es que este "hacinamiento" no es producto de una fosa común apresurada ni de una catástrofe repentina, puesto que el estudio demuestra que estamos ante una práctica conocida como enterramiento secundario.
Cómo lo hacían. Esta práctica, la verdad es que se aleja mucho de nuestras costumbres actuales, puesto que en lugar de enterrar a los difuntos directamente, la antigua cultura que habitaba la zona dejaba que los cuerpos se descompusieran primero. Una vez limpios de carne, los huesos eran trasladados y depositados en el interior de estas monumentales jarras, siendo un proceso bastante similar al que se sigue con la realeza española en el Panteón Real del Escorial.
Pero la presencia de restos de tantas personas en una sola jarra apunta a que estas se reabrían y se reutilizaban a lo largo de varias generaciones, funcionando como auténticos panteones familiares o comunitarios.
El reciclaje ritual. Este artículo no surge de la nada, sino que ya en 2023 las investigaciones en el "sitio 1" de la llanura habían encontrado indicios de enterramientos secundarios alrededor de las piedras, pero este nuevo hallazgo consolida la hipótesis de que las propias jarras eran contenedores principales de esta tradición mortuoria.
Lo más fascinante de esta investigación es el desfase temporal que han revelado las dataciones puesto que los científicos han descubierto que la historia de la Llanura de las Jarras está hecha de capas superpuestas. Esto hace ver que los restos humanos analizados datan de entre los siglos IX y XIII, pero las gigantescas jarras de piedra son, según estimaciones geológicas y arqueológicas, muchísimo más antiguas.
¿Qué significa? Básicamente, el paisaje fue objeto de un profundo "reciclaje ritual". Los habitantes medievales de Laos no tallaron las jarras; se encontraron con un paisaje megalítico preexistente, misterioso y monumental, y decidieron apropiarse de él para sus propios rituales funerarios. En otras palabras, el sitio no fue construido para una sola función ni en un solo momento, sino que tuvo una vida útil inusualmente larga, siendo resignificado por diferentes culturas a lo largo de los siglos.
Imágenes | Wikipedia
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