Una de las "atracciones" si viajas a Estados Unidos o a China es darte una vuelta en un robotaxi porque hasta ahora Europa era un mero espectador. Y es que aunque Madrid planea empezar con las pruebas a fin de años, un país balcánico se ha adelantado en el viejo continente y no es Alemania (el gigante teutón es el motor de Europa en industria automovilística): es Croacia. Zagreb se ha convertido en la primera ciudad europea en contar con un servicio comercial de robotaxis que puede usar cualquiera, porque aunque están en una fase inicial, no es algo experimental ni una prueba cerrada.
Los nuevos robotaxis de Zagreb. El hito lo protagoniza Verne, una startup croata surgida del ecosistema de Rimac Group y que para esta aventura se ha aliado con la empresa china de conducción autónoma Pony.ai y Uber. El servicio opera con 10 vehículos eléctricos Arcfox Alpha T5 del fabricante chino BAIC equipados con el sistema de conducción autónoma de séptima generación de Pony.ai. Cada unidad incorpora 34 sensores, incluyendo 14 cámaras, nueve LiDARs y cuatro radares, un combo que les permite detectar objetos en un radio de hasta 650 metros y adaptarse en tiempo real al tráfico urbano.
La idea es la siguiente: solicitas el viaje desde la app de Verne, que gestiona la reserva, el pago y el seguimiento (después se implementará también en la app de Uber). El vehículo llega de forma autónoma y desbloqueas la puerta desde el móvil, te montas y llegas a tu destino sin conductor humano al volante. La flota autónoma cubre el centro de Zagreb, el barrio de Novi Zagreb y el aeropuerto, en horario de 07:00 a 21:00, si bien la idea es ampliar la cobertura a toda la ciudad.
Por qué es importante. Este lanzamiento rompe una barrera que Europa tenía pendiente de cruzar desde hace años. Mientras que Estados Unidos cuenta con Waymo operando en varias ciudades y China opera flotas de cientos de robotaxis en Shanghái y Guangzhou, el viejo continente estaba enredado en marcos regulatorios fragmentados, infraestructuras heterogéneas y una posición conservadora en lo regulatorio frente a los coches autónomos. Zagreb acaba de cambiarlo.
Que Zagreb pase a la historia como la primera ciudad europea es algo simbólico y también es solo el principio: Verne está inmersa en conversaciones y permisos con 11 ciudades en la UE, el Reino Unido y Oriente Medio y tiene sobre la mesa otras 30 localizaciones en estudio. Si el servicio demuestra ser seguro y escalable en Zagreb, probablemente se convierta en el referente regulatorio y operativo para el resto del continente. Eso sí, hay algo que conviene tener en cuenta: el core de la tecnología es china.
Contexto. La conducción autónoma lleva más de una década en fase de desarrollo y despliegue, aunque los ritmos son muy diferentes en función de la localización. Waymo, subsidiaria de Alphabet, es el referente más avanzado con operaciones en varias ciudades estadounidenses y planes de expansión a Londres para finales de 2026. En Europa ha habido varias iniciativas tibias, como los autobuses autónomos de WeRide en Leuven (Bélgica), los taxis Level 4 de Volkswagen MOIA en Berlín o más recientemente, Noruega ya se ha atrevido a retirar su supervisor en su autobús autónomo. Croacia ha ido más allá: se ha atrevido a dar el paso con un taxi abierto al público general.
Verne nació en 2019 dentro de Rimac Group con el objetivo de desarrollar un ecosistema de movilidad urbana basado en taxis eléctricos autónomos. Tras recibir casi 180 millones de euros a través del Plan Nacional de Recuperación y Resiliencia de Croacia y años de trabajo con las autoridades para crear un marco regulatorio favorable, el proyecto ya es una realidad.
Cómo lo han hecho. El modelo de funcionamiento está construido sobre tres pilares: Pony.ai aporta la tecnología autónoma, uno de los sistemas más maduros del mundo, con miles de kilómetros probados en Asia. Verne opera y gestiona la flota como actor local con conocimiento directo del entorno regulatorio croata. Uber pone la distribución y el acceso al cliente desde el primer día. En pocas palabras, cada uno se centra en lo que hace mejor.
En paralelo, Verne está construyendo su propia fábrica en Lučko, cerca de Zagreb, donde producirá su propio vehículo autónomo de dos plazas diseñado específicamente para el transporte urbano sin conductor, por lo que no tendrá ni volante ni pedales. Este movimiento tiene implicaciones estratégicas tanto para Verne como para Europa ya que supondría eventualmente dejar de depender de hardware chino para disponer de su propia tecnología y proceso productivo.
Sí, pero. Puede que Zagreb sea la primera ciudad con robotaxis de Europa abiertos para uso comercial y que Verne sea croata, pero la tecnología es china y eso significa depender de un actor externo: Pony.ai suministra el sistema de conducción y BAIC fabrica los vehículos. A su favor, este patrón no es exclusivo de Verne: otras iniciativas del viejo continente siguen la misma tónica con la excepción de Wayve (Cambridge) o de Mobileye (propiedad de Intel, nacida en Israel). Pero como dice el dicho: mal de muchos...
El segundo punto de fricción es la regulación. En esta fase inicial del despliegue los coches circulan con un operador de seguridad a bordo que no toca el volante: su función no es conducir, sino intervenir únicamente si el sistema falla. La eliminación del conductor depende de que las autoridades europeas den luz verde, para lo que no hay plazos definidos. Verne ha declarado que lo hará "lo antes posible".
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