Emiratos Árabes tiene petróleo y desierto a raudales. Ahora han descubierto cómo aprovechar la arena: convirtiéndola en ladrillo

Donde tú ves arena, Dubái ve ladrillos

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Eva R. de Luis

Editor Senior

Aunque los transportes o la energía son los sectores que primero nos vienen a la cabeza cuando hablamos de emisiones, hay una tercera industria con una cuota de responsabilidad comparable: la construcción, responsable del 34% de las emisiones globales de CO₂, según la Agencia Internacional de la Energía. El problema está en los materiales: fabricar una tonelada de cemento Portland emite entre 0,6 y 0,8 toneladas de CO₂ tanto por la energía que consume en el proceso como por la reacción química que lo produce. 

Así que cualquier idea para sustituir materiales de construcción clásicos como el hormigón y el ladrillo es buena para descarbonizar la industria. Ya hemos visto alternativas como las conchas de la playa, pero a una empresa de Dubai se le ha ocurrido otra idea: en lugar de importar materiales, fabricarlos con recursos abundantes en la zona. Más concretamente, con arena y semillas de dátil.

El invento. El producto estrella de ARDH Collective, que así se llama la compañía dubaití formada por Alhaan Ahmed, Alyina Ahmed y Máximo Tettamanzi, es DuneCrete: una alternativa al hormigón fabricada con arena del desierto obtenida localmente, que reduce el contenido de cemento en un 50%. A partir de ahí fabrican los DuneBlock, los bloques de construcción. En su catálogo de productos también tienen el Dateform, un material que reutiliza 1.000 semillas de dátil por metro cuadrado.

Por qué es importante. Porque después del agua, la arena es el segundo recurso que más consumimos. El Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente estima que se consumen hasta 50.000 millones de toneladas de arena y grava al año a nivel mundial. La extracción de arena de ríos y ecosistemas costeros provoca erosión, daña el suministro de agua, perjudica la biodiversidad y reduce la protección ante tormentas, así que sustituirla por la infrautilizada arena desértica supondría un antes y un después.

DuneCrete reduce el contenido de cemento en un 50%, lo que según sus fundadores supone aproximadamente la mitad de emisiones de dióxido de carbono respecto al hormigón convencional. Tiene sentido: el cemento Portland por sí solo es responsable del 8% de las emisiones globales y su huella no desaparece usando energía renovable, ya que buena parte procede de una reacción química, no de quemar combustible.

Contexto. Paradójicamente, EAU tiene que importar arena pese que a grandes rasgos es un desierto. El problema de fondo es que las partículas de arena desértica son redondeadas debido a la erosión eólica, lo que dificulta su adhesión en mezclas de hormigón convencionales, mientras que la arena de río presenta partículas más angulosas que favorecen la compactación y la resistencia. 

En detalle. Este proyecto surgió durante un máster en la Architectural Association School of Architecture de Londres. Tras lograr un par de ayudas que sumaban 8.000 dólares, iniciaron la investigación en un laboratorio que montaron en el garaje de una de sus viviendas en Dubái durante la pandemia. Allí fue donde dieron con la fórmula que estabilizaba la mezcla con arena desértica. Los ensayos de laboratorio confirmaron que el material cumplía con los estándares de resistencia necesarios para su desarrollo comercial. La empresa inició la producción en 2021.

Sí, pero. Una vez resuelto el problema de la geometría de la arena del desierto, hay otro escollo a solventar para escalar el proyecto: su morfología varía enormemente por región y no es homogénea. ARDH Collective afirma que DuneCrete es "igual de resistente" al hormigón convencional, pero no hay publicaciones académicas ni informes de ensayos de terceros que respalden sus propiedades mecánicas. En pocas palabras, el potencial transformador de este DuneCrete está aún por ver. 


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