Tras varios días asfixiantes por culpa de las altas temperaturas y una serie de olas de calor casi seguidas, parece que llega el ansiado respiro, puesto que la península se prepara para un cambio de guion casi radical. Y no es que el verano ya llegue a su final, pero si que se está viendo que la dinámica atmosférica va a sufrir una sacudida notable en la próxima semana, puesto que pasaremos del "horno ibérico" a un escenario de tormentas, granizo y, posteriormente, un repunte térmico.
Tenemos un culpable y se llama "chorro polar" que no es más que una corriente tubular de aire casi horizontal que viaja a gran velocidad, que fluye entre los 50 y 60 grados de latitud, situado en los límites de la tropopausa, a una altitud de entre 9 y 12 kilómetros. En esta autopista de vientos, el aire circula a velocidades formidables, oscilando entre los 100 y los 250 km/h. Sin embargo, la clave de la inestabilidad actual no está en su velocidad, sino en su trayectoria.
En condiciones ideales, el chorro fluye de oeste a este de forma relativamente recta. Pero, tal y como explican los manuales de ciencias atmosféricas, se trata de una corriente altamente variable que a menudo meandra de norte a sur. Es decir, que en lugar de un río recto, hay que imaginarlo como una serpiente en movimiento.
Dos estructuras. Cuando el chorro se "ondula", crea dos estructuras fundamentales. Una de ellas son "las dorsales" que son ondas que empujan el aire cálido subtropical hacia las latitudes altas, provocando las olas de calor. Pero si es al revés y las ondas empujan aire de origen polar hacia el sur, se genera inestabilidad y es lo que se conoce como "vaguadas".
En los próximos días, una potente cresta de bloqueo en el Atlántico va a obligar al chorro polar a ondularse sobre la Península, abriendo la puerta a las vaguadas y a las bolsas de aire frío en altura.
La previsión. Aquí las agencias de meteorología apuntan a una cronología muy marcada para esta primera quincena de agosto. La semana empieza con la desaparición de los avisos extremos por calor y un importante bajón térmico, y la llegada de una primera vaguada inestabilizará rápidamente la atmósfera, generando tormentas que podrían ser severas.
Según los pronósticos de AEMET, la diana de estos fenómenos convectivos estará en el cuadrante nordeste, como son el bajo Ebro, Huesca, Lleida y amplias zonas de Aragón y Cataluña, que se deben preparar para lluvias intensas que podrían venir acompañadas de granizo.
Y sigue. Tras una breve tregua a mediados de semana, a partir del jueves viviremos una reactivación. Una nueva vaguada profundizará el aire frío sobre el norte peninsular, generalizando las tormentas en Asturias, Cantabria, País Vasco, Navarra y el norte de la Comunidad Valenciana.
Pero la ondulación del chorro polar es un arma de doble filo, puesto que mientras el norte y el este se defienden de las tormentas, la parte ascendente de la onda devolverá el calor extremo a otras regiones. A partir del jueves y de cara al fin de semana, los termómetros volverán a dispararse y ciudades en Madrid, Extremadura, el interior mediterráneo, el valle del Ebro y el sur de Canarias volverán a los 36–39 ºC, y se espera que lleguen a superar los 40 ºC en puntos de Córdoba o Jaén.
Un patrón conocido. Lo que vamos a vivir en los próximos 7 días no es un fallo en Matrix, sino exactamente lo que la climatología esperaba para este año. La predicción estacional oficial de AEMET para el trimestre de julio, agosto y septiembre de 2026 ya marcaba una probabilidad muy alta de que tuviéramos un verano mucho más caluroso de lo normal. Sin embargo, venía con un apunte crucial al apuntar a una probabilidad inusualmente alta de precipitación en el centro, sureste, Baleares y Canarias debido, precisamente, a episodios convectivos puntuales.
Imágenes | meteologix
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