Un país europeo acaba de realizar el mayor ejercicio de defensa civil desde la Segunda Guerra Mundial. Hace frontera con Rusia

Detrás de esa cultura existe una memoria histórica que distingue a Finlandia de buena parte de Europa occidental

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Miguel Jorge

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Finlandia acaba de reunir a más de 2.000 militares, autoridades, voluntarios, estudiantes y ciudadanos para ensayar algo que Europa llevaba décadas sin practicar a semejante escala: cómo proteger a la población y mantener una ciudad funcionando si una crisis inutiliza servicios esenciales y llegan ataques desde el exterior. El escenario elegido contempla ciberataques contra el agua y la electricidad de Kuopio y la amenaza de misiles procedentes de Rusia, el país con el que Finlandia comparte más de 1.300 kilómetros de frontera. El mayor ejercicio de defensa civil en Europa desde el final de la Segunda Guerra Mundial.

Un ejercicio como no se recuerda. Como decíamos, miles de personas participan en el gigantesco simulacro organizado en Kuopio, una ciudad del centro de Finlandia donde durante varios días autoridades y ciudadanos ensayan cómo responder a una situación extrema. El escenario presupone que ciberataques han interrumpido infraestructuras críticas como el suministro eléctrico y el agua mientras existe además la amenaza de ataques con misiles desde la vecina Rusia. 

No se trata únicamente de movilizar a militares: voluntarios, estudiantes, escolares, empresas y administraciones tienen que practicar qué harían si una crisis semejante dejara de ser una simulación, trasladando la defensa nacional desde los cuarteles hasta el funcionamiento cotidiano de una ciudad.

Una razón de 1.300 km. La geografía ayuda a explicar semejante despliegue: la frontera finlandesa con Rusia se prolonga durante más de 1.300 kilómetros desde las proximidades del Báltico hasta el círculo polar ártico. Durante décadas, Finlandia mantuvo una política de no alineamiento militar mientras conservaba unas capacidades defensivas considerablemente mayores que otros países europeos, pero la invasión rusa de Ucrania en 2022 terminó alterando ese equilibrio y condujo al país a solicitar su entrada en la OTAN

Finlandia se incorporó finalmente a la Alianza en 2023 (Suecia lo hizo en 2024), convirtiendo aquella enorme frontera en uno de los límites directos entre Rusia y la OTAN y reforzando una preparación que Helsinki nunca había abandonado por completo.

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Una ciudad preparada para desaparecer. Lo hemos contado antes. Una de las imágenes más reveladoras del ejercicio se encuentra bajo tierra, en instalaciones excavadas directamente en la roca y protegidas mediante enormes puertas diseñadas para soportar incluso amenazas nucleares o biológicas. Un espacio que normalmente funciona como pabellón deportivo se ha convertido durante el simulacro en alojamiento colectivo, con centenares de personas durmiendo en camas provisionales mientras reclutas equipados con trajes de protección y máscaras comprueban los niveles de radiación. 

El mayor refugio de Kuopio puede albergar unas 7.000 personas, una infraestructura que muestra hasta qué punto Finlandia ha mantenido una concepción de la defensa civil que buena parte de Europa dejó en segundo plano después de la Guerra Fría.

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Lo que Ucrania enseñó. La guerra iniciada en 2022 está obligando también a revisar qué significa realmente proteger a una población sometida a ataques modernos. El coronel retirado Asko Muhonen, organizador del ejercicio, señala que la experiencia ucraniana demuestra que los civiles pueden disponer únicamente de unos minutos para ponerse a cubierto, por lo que un aparcamiento subterráneo o una estación de metro cercana pueden resultar más útiles que un formidable refugio situado demasiado lejos. 

Dmytro Untila, estudiante ucraniano que participa en Kuopio, vivió esa realidad en Odesa el primer día de la invasión: ante los ataques rusos tuvo que protegerse en el portal de su edificio porque no disponía de ningún lugar mejor al que acudir. Para Finlandia, la lección es que la preparación no consiste solamente en construir búnkeres extraordinariamente resistentes, sino en conseguir que la población sepa reaccionar inmediatamente cuando empieza una emergencia.

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Sobrevivir 72 horas. El ejercicio tampoco se limita a imaginar una lluvia de misiles, porque una crisis contemporánea puede comenzar mucho antes de que aparezca un avión o explote una bomba. La empresa eléctrica regional Savon Voima asegura haber registrado un aumento significativo de los ciberataques desde la invasión de Ucrania y la interrupción de sus compras de biocombustible ruso, además de detectar pegatinas en puntos sensibles de su infraestructura y recibir informaciones sobre drones cerca de líneas eléctricas. 

No existe, sin embargo, evidencia pública que permita atribuir esos episodios a Moscú: el servicio finlandés de seguridad e inteligencia investigó numerosas observaciones sin encontrar nada preocupante y explicó que muchos casos estaban relacionados con actividades ordinarias. Precisamente porque resulta imposible proteger físicamente cada instalación, la estrategia contempla que los ciudadanos puedan desenvolverse durante al menos 72 horas sin asistencia si falla la electricidad o deja de ser potable el agua.

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La decisión tras la Guerra Fría. Una pieza fundamental de esa resistencia está fuera de los refugios: Finlandia conservó el servicio militar obligatorio incluso después del colapso de la Unión Soviética y construyó su modelo alrededor de una amplia reserva y de la participación de la sociedad en la seguridad nacional. Muhonen define esa capacidad como una cuestión de mentalidad: la defensa no corresponde exclusivamente al Ejército, sino también a ciudadanos capaces de asumir responsabilidades cuando las instituciones están sometidas a presión. 

Por eso en Kuopio aparecen desde reclutas de poco más de veinte años hasta niños de colegio aprendiendo cómo funciona un refugio, la preparación civil pretende que una emergencia no encuentre a millones de personas esperando instrucciones sin saber qué hacer.

La amenaza de Moscú. Detrás de esa cultura existe una memoria histórica que distingue a Finlandia de buena parte de Europa occidental. En sus guerras contra la Unión Soviética el país perdió alrededor del 11% de su territorio y más de 400.000 personas (aproximadamente el 12% de su población de entonces) tuvieron que abandonar sus hogares en zonas que actualmente pertenecen a Rusia. 

En Kuopio todavía viven personas que recuerdan los bombardeos, las evacuaciones precipitadas y las columnas de refugiados: Risto Mönkkönen, de 95 años, conserva anotadas las fechas en que la ciudad fue bombardeada, mientras Aili Toivanen, de 92, tuvo que abandonar su hogar dos veces y recuerda cómo su familia recibió apenas una hora para recoger sus pertenencias. 

Cuando Rusia invadió Ucrania en 2022, Toivanen temió que pudiera verse obligada a huir por tercera vez. Ahora, ocho décadas después de la Segunda Guerra Mundial, Finlandia vuelve a practicar a gran escala para intentar que, si aquella historia regresara, esta vez encuentre al país preparado.

Imagen | NATO

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