El verano de 2026 ha arrancado a lo grande, con gran parte de Europa achicharrada, los termómetros escalando a valores récord y los gobiernos preguntándose cómo diablos atajar los riesgos que la canícula tiene para la salud de la población. En Francia lo han tenido claro: declarándole la guerra al alcohol. Con decenas de regiones en alerta roja por calor extremo, las autoridades galas han decidido poner límites al consumo de cerveza, vino y cócteles.
Quizás resulte chocante en un mundo que suele irse de cañas (o copas) para refrescarse, pero tiene todo el sentido del mundo. Y por varias razones.
Europa se achicharra. Quizás suene exagerado, pero si en algún momento está justificado hablar de temperaturas achicharrantes en Europa es ahora. En España la primera ola de calor del verano ha disparado el mercurio por encima de los 40º en varios puntos del país y la situación no es mucho mejor en otras partes de Europa, como Alemania, Italia, Reino Unido o Bélgica, donde los termómetros han alcanzado (o superado con holgura) los 30 grados.
Más allá de los partes meteorológicos, el calor ha obligado ya a cancelar citas deportivas, interrumpir servicios ferroviarios o lanzar alertas. El objetivo: evitar episodios como el del verano de 2023, cuando otra ola de calor extremo dejó más de 62.000 muertos en Europa. Este mismo domingo Madrid decidió por ejemplo suspender la retransmisión del partido con Arabia Saudí en la pantalla XXL de la plaza de Colón. El motivo: la previsión de que se alcanzasen los 39ºC.
Como una 'sartén'. Otro país que no se ha librado de la canícula es Francia. Allí 53 millones de personas se encontraban ayer en zonas con alertas de calor de primer o segundo nivel. De hecho, el país dejó una imagen inédita: 35 de sus 96 departamentos continentales estaban en alerta roja y otros 45 en naranja.
Ante semejante panorama, las autoridades han decidido cerrar al menos 845 escuelas y adaptar los horarios de otros cientos de centros para evitar las horas de mayor calor. Y esa es solo una de las medidas activadas por el Gobierno. En París, por ejemplo, la Prefectura pidió a los organizadores de eventos deportivas al aire libre que cancelasen sus pruebas para así evitar riesgos innecesarios.
Una mezcla "explosiva". En Francia el Gobierno se encontró con algo más que calor. La canícula coincidió allí, entre otras citas, con la Fête de la Musique, una jornada festiva durante la que se organizan conciertos al aire libre y que miles de personas celebran a lo grande en las calles, plazas y parques.
"Ola de calor y Fiesta de la Música: una combinación explosiva que preocupa a las fuerzas del orden", titulaba ayer una de sus crónicas la cadena BFM antes de recordar que Météo-France ha extendido la alerta roja a 49 departamentos.
Freno al alcohol. Que se abran parques, suspendan clases o pospongan carreras para combatir la canícula tiene poco de sorprendente. Lo que sí resulta más llamativo es otra de las medidas adoptadas en Francia: restringir el alcohol.
Como informa la cadena France24, las autoridades galas decidieron prohibir la bebida en los espacios públicos de ciertos departamentos del país, especialmente castigados por la ola de calor extremo. Las restricciones de venta se prolongaron entre la madrugada del domingo y el lunes, con la vista puesta sobre todo en la Fête de la Musique y otras celebraciones previstas a lo largo del país.
Barras cerradas. "Los prefectos emitirán decretos que prohíban el consumo de alcohol en espacios públicos en los departamentos en alerta roja", advirtió el Gobierno en un comunicado, en el que también advertía de que los eventos organizados por el propio Estado y sus agencias cerrarían sus barras.
Por si el mensaje no fuera suficientemente rotundo, el alcalde de París advirtió a sus convecinos de los riesgos que tenía pasarse con la bebida: "La combinación de alcohol, calor y proximidad del agua son tres factores que no se mezclan".
Pero… ¿Por qué? La decisión tal vez resulte chocante, pero tiene todo el sentido. Y por varias razones. De entrada, al restringir el consumo de alcohol, sobre todo durante una jornada marcada por las fiestas y conciertos callejeros, el Gobierno ha querido "preservar los servicios de emergencia y atención médica" y que "el personal sanitario se centre en atender a los más vulnerables".
En resumen: menos emergencias relacionadas con la bebida (caídas, ahogamientos, comas, peleas…) para no descuidar la auténtica prioridad: la canícula. En París, donde se activó la alerta, se vetó el consumo de bebidas fuertes, como cervezas de alta graduación, licores o vinos fortificados, en las orillas del Sena y el Canal Saint-Martin precisamente para evitar 'sustos'.
Quienes querían beber debían irse a bares, pubs o cafeterías con licencia.
"Sin darse cuenta". Hay otro motivo por el que la decisión de las autoridades francesas resulta totalmente lógica. Como explicaba el sábado en France Info la ministra de Salud, Stéphanie Rist, al beber una cerveza o una copa de vino quizás tengamos la impresión de que nos estamos refrescando, pero realmente estamos boicoteando los mecanismos que usa nuestro cuerpo para autorregularse. "Uno se deshidrata de tres a cuatro veces más rápido sin siquiera darse cuenta".
El alcohol tiene un efecto diurético y bloquea la vasopresina, recuerdan desde RFI, lo que significa que el funcionamiento 'normal' de nuestro organismo se altera. Vamos más al baño, sudamos menos, sube la temperatura corporal y nos deshidratamos, algo que no resulta especialmente recomendable cuando vivimos en una región en alerta por altas temperaturas y el termómetro supera los 35º.
"El termostato interno del cuerpo deja de reaccionar correctamente a las señales de sobrecalentamiento; nuestro cuerpo ya no sabe cuándo sudar y dilatar los vasos sanguíneos", insiste el Instituto Francés de Salud (Inserm).
Imágenes | DAT VO (Unsplash) y Venus Major (Unsplash)

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