"Meta ya cuenta con la autorización definitiva de la reparcelación urbanística por parte del Ejecutivo regional, dando por concluido con éxito un exhaustivo proceso de tramitación". Son palabras de David Gómez, delegado de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha en Talavera de la Reina. La compañía de Mark Zuckerberg ya puede presentar sus proyectos constructivos y solicitar las licencias de obra al Ayuntamiento.
Es una ilusión que lleva un lustro postergándose. En 2019 se propuso y en 2020 se le concedió la categoría de Proyecto de Singular Interés (PSIs). Padres y madres confían en que sus hijos estudien ingenierías informáticas en el campus de la UCLM y acaben trabajando en una de las tres empresas líderes del mercado mundial. Buena parte de la población piensa en la economía saneada, en las oportunidades, en sentirse otra vez capital de región. Sin embargo, el fantasma de la sequía sigue ahí.
El centro de datos, en datos. 191 hectáreas de terreno y al menos 1.000 millones de euros de inversión. Fondos de Meta, nada de financiación pública. Generará 250 empleos directos estables y hasta 780 anuales sumando la cadena de suministro. Operará sin ruido ni contaminación lumínica perceptible a 400 metros de distancia, con un consumo directo de agua de 0,2 hectómetros cúbicos anuales gracias a la refrigeración por aire seco —cifra que, según Gómez, queda por debajo de la de otras industrias ya instaladas en Torrehierro—. El plan incluye también la recuperación ecológica de los arroyos Zarzueleja y Cervines para crear un parque fluvial de hasta 60 hectáreas junto a Gamonal.
Entretanto, Meta debe depositar ahora una fianza de 1.089.554 euros para acreditar el aprovechamiento del suelo. Le quedan nueve días de plazo, tras cuatro años de expedientes que resumen la mayor inversión tecnológica en la historia de Castilla-La Mancha. Una que convertirá a Talavera "en un nodo estratégico de la economía digital en el sur de Europa", según David Gómez.
Quién se moja. Reuters documentó que el Gobierno prepara un decreto, abierto a consulta pública estos días, con normas mucho más estrictas para los centros de datos: exige que operen desde la Unión Europea, que sus datos no salgan del territorio comunitario, y que cubran al menos el 80% de su consumo energético con renovables cada hora del día, no de media al año. Cualquier proyecto que aún no esté conectado a la red —como el de Talavera— tendrá solo 6 meses para cumplir esas condiciones o perderá el derecho a enchufarse a la red eléctrica.
La otra fuente de suministro es el agua. En 2023, los primeros documentos técnicos hablaban de un consumo potencial de hasta 4.800 millones de litros al año. La Confederación Hidrográfica del Tajo puso el proyecto en prealerta por escasez. La cifra bajó a 665,4 millones de litros anuales tras el informe ambiental. Bajó otra vez, ya en 2025, a algo más de 500 millones de metros cúbicos. Ahora serán apenas 200 millones de litros por año. Seis veces menos que la primera estimación.
Cronología del proyecto. Que Meta lo bautizara primero como "Operación Tulipán" da una pista: lo pensó para erigir en Zeewolde, en los Países Bajos. Vecinos y autoridades locales frenaron el centro por su consumo energético y de agua. La empresa cambió de nombre, de país y de estrategia: "Operación Zarza" aterriza en España en 2022, cuando el Gobierno de Castilla-La Mancha, con Emiliano García-Page al frente, publica la Declaración de Interés Regional que arranca el expediente.
En 2023, SEPES, entidad estatal de suelo, vendió a Meta 190 hectáreas del polígono de Torrehierro por 20,6 millones de euros. La reparcelación final, cerrada esta semana, reparte 53 fincas y reconoce dos hectáreas a Gamonal, esa pedanía de mil habitantes que lleva reclamando su parte desde el inicio del proceso y está justo a 400 metros de distancia. Las obras se prevén en cuatro fases, hasta 2036.
El precio del ¿progreso? Cada reducción llegó acompañada de lo mismo: cambios en la refrigeración, de agua como sistema principal al aire seco como sistema complementario. Cada reducción también trajo su propia alarma pública. Ecologistas en Acción calcula que el río Alberche, principal afluente del Tajo en la zona, necesita 6,3 hectómetros cúbicos al año para el consumo humano de toda la comarca. Un cauce "deficitario" y "muy estresado". Incluso con la cifra más baja, el centro de datos absorbería una porción de un recurso que escasea seis meses al año.
No es miedo. En Georgia, Estados Unidos, un centro de datos de Meta dejó sin agua potable a hogares cercanos durante meses, según denuncias vecinales. No agotó el agua, la contaminó. Ocasio-Cortez puso en aprietos a Jessica Kramer, administradora adjunta de la Agencia de Protección Ambiental (EPA), cuando le mostró un bote de agua que parecía lodo.
Tengamos en cuenta dos detalles: ni toda el agua "consumida" vuelve al ciclo hídrico igual ni Meta posee un historial de ecología intachable. El agua de riego o la de uso urbano regresa, parcialmente depurada, al río. El agua usada en refrigeración por evaporación se pierde en buena parte hacia la atmósfera, sin retorno posible al cauce del Tajo ni del Alberche.
El sistema de aire seco que promete Meta reduce el problema, pero no lo erradica, porque sigue existiendo un componente evaporativo en picos de calor. Sumado a los trasvases que ya salen de la cuenca —27 hectómetros cúbicos mensuales hacia el Segura, la cifra que el propio García-Page usó en 2023 para minimizar el impacto de Meta— la pregunta no es cuánta agua consumirá el centro de datos, sino cuánta dejará de estar disponible para las gentes de Talavera.
Imágenes | Renders publicados por La Voz del Tajo
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