La Armada española acaba de realizar una demostración de fuerza en aguas del Atlántico. Un submarino de última generación, un buque de guerra con décadas de historia y un único torpedo han protagonizado unas maniobras que van mucho más allá de un simple ejercicio militar. Además, hay un detalle especialmente llamativo: la conexión del barco hundido con la flota de Marruecos.
Un torpedo al sur de Canarias. El submarino español S-81 Isaac Peral ha hundido al antiguo patrullero Infanta Elena durante el ejercicio de fuego real SINKEX 26, desarrollado en aguas del Atlántico, al sur de Canarias. Para enviar el buque al fondo del océano bastó el lanzamiento de un único torpedo, en una operación organizada para comprobar las capacidades de combate del primer submarino de la clase S-80.
El blanco no era una embarcación enemiga, sino un antiguo buque de la Armada retirado del servicio y preparado expresamente para ser hundido en condiciones controladas.
La conexión con Marruecos. El detalle más curioso está en la identidad del barco elegido. El Infanta Elena pertenecía a la clase Descubierta, una familia de corbetas construidas por la antigua Empresa Nacional Bazán, hoy Navantia, de la que también forma parte la Teniente Coronel Errahmani (F-501), fabricada en Ferrol para la Marina Real de Marruecos y entregada en 1982.
El buque marroquí entró en servicio en 1983, de modo que España ha utilizado como blanco una embarcación de la misma clase que exportó al país vecino hace más de cuatro décadas. Por supuesto, eso no significa que se haya atacado un barco marroquí ni que las maniobras estuvieran dirigidas contra Marruecos: el objetivo era un antiguo buque español, pero las coincidencias a la hora de elegir el blanco y el momento, no parecen baladí.
De patrullar los océanos a convertirse en blanco. El Infanta Elena acumulaba unos 46 años de trayectoria desde su incorporación a la Armada española. Concebido originalmente como corbeta y posteriormente reclasificado como patrullero, formó parte durante décadas de las capacidades de vigilancia y presencia naval del país.
Su destino final ha sido muy diferente al de sus antiguas misiones: servir como objetivo real para comprobar la eficacia del armamento submarino español. ¿La razón? La elección de un casco de estas características permite ensayar un ataque contra un blanco de dimensiones y resistencia propias de un buque militar.
Imagen del hundimiento
Un solo disparo. Según la información publicada por Infodefensa, el Isaac Peral empleó un torpedo pesado filoguiado DM2A4, un arma de fabricación alemana y calibre de 533 milímetros. Este tipo de torpedo puede recibir instrucciones a través de un cable durante parte de su recorrido y está concebido para atacar tanto buques de superficie como submarinos.
Su capacidad destructiva reside en la potente carga explosiva y en los efectos de la detonación bajo el agua, capaces de provocar daños estructurales e inundaciones graves. La Armada ha confirmado el hundimiento con un único torpedo, aunque su comunicado no identifica expresamente el modelo empleado ni detalla cómo se produjo la explosión.
La Teniente Coronel Errahmani de Marruecos
Mucho más que hundir un barco. El Isaac Peral, entregado a la Armada en 2023 y construido por Navantia, es el primer submarino español de la serie S-80. Lo hemos contado antes, su principal ventaja no es únicamente la potencia de sus torpedos, sino su capacidad para desplazarse discretamente bajo el agua y atacar sin revelar anticipadamente su posición.
El SINKEX 26 ha permitido demostrar esa capacidad con armamento real y comprobar la preparación de su tripulación. Como subraya la Armada, su valor disuasorio reside en la posibilidad de que un submarino esté patrullando sin ser detectado y pueda neutralizar una amenaza a distancia.
La Infanta Elena
Un despliegue militar completo. Aunque el hundimiento ha concentrado toda la atención, la Armada ha informado que el ejercicio involucró a numerosas unidades. Participaron, por ejemplo, las fragatas Cristóbal Colón (F-105) y Navarra (F-85), el buque multipropósito Carnota (A-61), el buque de acción marítima Relámpago (P-43), tres aviones AV-8B Harrier, un helicóptero naval, un dron Scan Eagle y una aeronave de vigilancia marítima del Ejército del Aire y del Espacio.
Bajo la dirección del capitán de navío Rafael Mira Calvo, el objetivo fue comprobar cómo se coordinan los medios de superficie, submarinos y aéreos en un escenario próximo al combate real.
Un hundimiento preparado hasta el último detalle. Antes de utilizar el Infanta Elena como blanco, la Armada retiró sus combustibles, aceites y componentes contaminantes para reducir el impacto ambiental. También evaluó previamente las condiciones hidrográficas de la zona y activó protocolos de vigilancia de cetáceos y otras especies protegidas, además de medidas de seguridad para la navegación civil.
Dicho de otra forma, el casco del antiguo patrullero ha terminado en el fondo del Atlántico como resultado de un ejercicio planificado hasta el milímetro. Para España, el resultado representa una prueba de la capacidad ofensiva de su nuevo submarino. Para el Infanta Elena, el final de una trayectoria de décadas que comenzó como corbeta de una clase todavía vinculada a la historia naval de Marruecos.
Imagen | Armada, James C. Davis
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