Corea del Sur ha tomado una decisión histórica: este será el último verano comiendo perro para combatir el calor

Después de generaciones buscando fuerzas contra el calor alrededor de un plato, Corea del Sur acaba de celebrar su último verano legal comiendo perro

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Miguel Jorge

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Durante generaciones, los tres días considerados tradicionalmente los más calurosos del verano coreano fueron también algunos de los más importantes para los restaurantes de carne de perro. La costumbre sostenía que un plato de bosintang, un estofado caliente y nutritivo, ayudaba a recuperar fuerzas frente a las altas temperaturas. El tercer boknal de 2026 ha tenido, sin embargo, un significado completamente diferente: ha sido el último de la historia.

Corea del Norte, como contamos, no piensa así

Los días más calurosos, los días de comer perro. La relación puede resultar paradójica desde fuera: combatir el calor comiendo un estofado caliente. Pero durante décadas los boknal (los tres días tradicionalmente considerados más calurosos del verano) llenaron los restaurantes especializados en bosintang, una sopa de carne de perro a la que se atribuía la capacidad de recuperar energía y resistencia durante el calor sofocante. 

La tradición formaba parte de una concepción más amplia de los alimentos revitalizantes y convirtió el verano en una de las temporadas fundamentales para el negocio. Este agosto, algunos surcoreanos han acudido por última vez a esos restaurantes sabiendo que cuando regresen los boknal de 2027 el comercio que los abastecía ya será ilegal.

Una señal a las afueras de Seúl. Recordaba la BBC que Moran Market, en Seongnam, fue durante décadas uno de los grandes centros de la carne de perro en Corea del Sur, pero hoy ofrece una imagen muy diferente. Muchos restaurantes han sustituido el bosintang por estofado de cabra negra, promocionado también como alimento revitalizante, y quienes todavía recorren largas distancias para comer perro son principalmente clientes de 70, 80 y 90 años.

 Kim Yong-book, presidente de la asociación de comerciantes y trabajador del mercado desde hace más de cuatro décadas, lo resume diciendo que aquello se ha convertido en "un pueblo de ancianos". Lee Kang-chun lleva 37 años en el negocio y continúa sirviendo el plato pese al aumento de los costes y los escasos beneficios, fundamentalmente porque todavía llegan clientes veteranos que quieren comerlo mientras puedan.

Corea del Sur ya había dejado de comer perro. La ley no ha provocado por sí sola el derrumbe del consumo, sino que ha llegado después de décadas de transformación social. El crecimiento de los perros como animales de compañía, el cambio generacional y una sensibilidad cada vez mayor hacia el bienestar animal hicieron que una práctica anteriormente aceptada se volviera progresivamente controvertida: una encuesta gubernamental mostraba que el porcentaje de personas que habían comido perro durante el año anterior había caído del 27% en 2015 al 8% en 2024

Otra encuesta realizada antes de aprobarse la prohibición encontró que más del 90% no tenía intención de consumirlo en el futuro, casi el 95% no lo había hecho durante el año anterior y más del 80% respaldaba una prohibición. El último boknal legal llega, por tanto, cuando buena parte de la sociedad ya había abandonado la tradición.

En 2024 el país tomó una decisión histórica. En ese momento, el Parlamento surcoreano aprobó una ley que prohíbe criar, sacrificar, distribuir y vender perros destinados al consumo humano, culminando una campaña que había ganado impulso bajo el entonces presidente Yoon Suk Yeol y su esposa, Kim Keon Hee, firme defensora del bienestar animal. 

En lugar de cerrar inmediatamente una industria de la que dependían miles de personas, el Gobierno estableció un periodo de transición de tres años que termina en febrero de 2027, cuando comenzarán a aplicarse multas y penas de prisión. Más de 5.600 negocios estaban afectados por la legislación y, cuando la propia BBC examinó la transición en 2025, todavía existían 1.537 granjas registradas, aunque cientos habían empezado ya a cerrar.

El problema son los perros que quedan. Porque la desaparición de la industria ha creado una dificultad que la propia prohibición no resolvía automáticamente: qué hacer con los animales criados para un mercado que está desapareciendo. En 2025 el Gobierno estimaba que quedaban cerca de medio millón de perros en estas explotaciones, mientras agricultores denunciaban que comerciantes y mataderos habían dejado de comprarlos y los refugios no podían absorberlos. 

Reubicarlos tampoco parece sencillo: las granjas favorecieron durante años animales grandes porque el peso significaba más carne, mientras que muchos surcoreanos urbanos buscan perros pequeños para vivir en apartamentos; algunos son además tosas o cruces de esta raza, clasificada como peligrosa y sometida a restricciones. El Gobierno ha destinado fondos a ampliar refugios y compensar a quienes cierren anticipadamente, mientras organizaciones animalistas han enviado miles de perros a hogares de Corea del Sur, Canadá, Estados Unidos y Reino Unido, pero incluso ellas han advertido de que encontrar destino para todos será extremadamente difícil.

Un último verano para una tradición de otra Corea. En Moran Market todavía quedan personas como Yoo Jin-sam, de 69 años, que come bosintang desde que tenía poco más de veinte y lamenta que desaparezca pese a aceptar la decisión del Gobierno, otros clientes veteranos se resignan simplemente a sustituirlo por otra comida. Esa división generacional explica buena parte de lo que está ocurriendo: mientras algunos propietarios y consumidores mayores contemplan desaparecer una costumbre que los acompañó durante toda su vida, para la inmensa mayoría de los jóvenes surcoreanos comer perro hace tiempo que dejó de formar parte de la normalidad. 

La prohibición de febrero de 2027 terminará de convertir ese cambio cultural en ley. Y con ella desaparecerá también una de sus manifestaciones más peculiares: después de generaciones buscando fuerzas contra el calor alrededor de un plato de bosintang, Corea del Sur acaba de celebrar su último verano legal comiendo perro, frente a las consignas diametralmente opuestas de la Corea del Norte.

Imagen | Republic of Korea

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