Un escenario de cine que cambia con el movimiento de una cámara, nueve iPhone capturando una escena tridimensional y un productor tocando instrumentos sobre la pantalla del portátil. Durante las sesiones que Apple organizó en Los Ángeles pude ver al nuevo MacBook Pro táctil trabajando en situaciones muy distintas. Todo ello, para enseñar qué función cumplía en cada una y dónde empezaban a tener sentido sus nuevas posibilidades.
Las demostraciones reunían producción cinematográfica, fotografía, música y diseño. En unas, el portátil servía para ajustar imágenes que acabarían delante de una cámara; en otras, para editar fotos, producir una canción o desarrollar herramientas propias. La pantalla táctil tuvo su ejemplo más directo en música, mientras que el resto del recorrido permitió observar otras partes del equipo en acción.
Cine: el escenario empieza en el ordenador
Un rodaje con fondo digital. La primera demostración nos acercó a Industrial Light & Magic, la compañía de efectos visuales fundada por George Lucas. Sus especialistas participaron junto a Foundry, desarrolladora de software para producción audiovisual, y Lightcraft, especializada en herramientas de producción virtual. Nos enseñaron cómo se preparan escenarios digitales que después aparecen en las pantallas utilizadas durante un rodaje.
La referencia era StageCraft, la tecnología de ILM que muchos hemos conocido a través de The Mandalorian. Consiste en rodear parte del escenario con pantallas LED que muestran entornos digitales, de modo que la cámara puede registrar al actor y el paisaje al mismo tiempo. Viendo la demostración se entiende mejor cuánto trabajo hay detrás de un fondo que, en la película, debería pasar inadvertido.
Cámaras y pantallas sincronizadas. Con Nuke Stage funcionando en el Mac nos mostraron la creación de entornos, la simulación de movimiento y el uso de genlock: una sincronización mediante la que cámaras y pantallas comparten una referencia temporal para coordinar la captura y la reproducción. Su función es conseguir que ambos equipos trabajen acompasados durante la grabación.
El nuevo MacBook Pro se utilizó para ajustar en tiempo real el color de las imágenes de la pared LED. Su nueva pantalla PROLED XDR permitía evaluar esos cambios antes de incorporarlos al escenario que iba a registrar la cámara. Me pareció una aplicación muy concreta del portátil en un entorno complicado si se filma en localizaciones fuera del plató: las decisiones sobre la imagen tenían consecuencias en el propio rodaje y la fidelidad debe ser muy rigurosa.
Lightcraft mostró además JetSet, una herramienta que utiliza el iPhone para seguir el movimiento de la cámara. Esa información permite que el fondo virtual adapte su perspectiva cuando cambia el punto de vista desde el que grabamos. La demostración con fondos tridimensionales y una pantalla OLED ayudaba a entender la relación entre ambos movimientos mostrando el resultado en tiempo real.
Nueve cámaras, una escena. Will y Ed Reid, hermanos y directores de cine conocidos profesionalmente como los Reids, presentaron otra forma de trabajar con imágenes. Utilizaban nueve iPhone sincronizados para capturar una escena desde varios ángulos y reconstruirla mediante 4D Gaussian Splatting. La técnica representa el espacio con multitud de pequeños elementos que contienen información visual, y añade el tiempo para reproducir también su movimiento.
Aquí el reparto del trabajo era importante: un conjunto de Mac Studio procesaba las capturas y el MacBook Pro permitía visualizar, manipular y trabajar el color de las escenas resultantes. DaVinci Resolve formaba parte de las herramientas utilizadas en ese recorrido. Aquí fue interesante explorar en el portátil una escena reconstruida a partir de múltiples cámaras, cambiando en tiempo real el ángulo, velocidad y añadir los efectos especiales usando de forma cómoda la pantalla del MacBook Pro.
Fotografía: trabajar el retrato mientras todavía se está haciendo
Jeremy Cowart, fotógrafo estadounidense especializado en retrato y conocido por sus sesiones con artistas y figuras públicas, nos enseñó su proceso de trabajo. Combina ráfagas con cambios de iluminación y de fondo para obtener imágenes muy diferentes de una misma persona con una única toma que se hace en segundos. La variedad empezaba delante de la cámara, antes de entrar en la edición.
Cowart utilizaba una cámara réflex conectada al ordenador con Capture One, una aplicación de captura y edición fotográfica. Este sistema se conoce como tethering: las fotografías pasan directamente al Mac mientras se dispara, lo que permite revisarlas en una pantalla mayor. La sesión puede seguir avanzando mientras el fotógrafo comprueba encuadres, iluminación y resultados sin necesidad de volver a repetir la toma o cambiar nada en la sala de fotografía.
Lo que me gustó de su planteamiento fue esa cercanía entre hacer una fotografía y empezar a decidir qué hacer con ella. Los cambios de fondo y de luz generaban material visual distinto durante la propia captura. El ordenador acompañaba ese proceso desde el estudio y continuaba después con la edición, con un software propio que permitía los cambios de iluminación y color mezclando la interactividad de la pantalla multitáctil e incluso los acelerómetros del equipo para “romper” virtualmente una toma.
De retrato a composición. En el nuevo MacBook Pro vimos cómo Cowart editaba y combinaba imágenes para desarrollar composiciones más elaboradas. También mostró secuencias time-lapse, en las que varias fotografías sucesivas se convierten en un vídeo. La pantalla del portátil servía para revisar el material y trabajar sobre el resultado, con la captura todavía muy presente.
Música: tocar un instrumento directamente en la pantalla
La grabación como un conjunto contenido. Fab Dupont, productor musical e ingeniero de mezcla que ha trabajado con artistas como Bad Bunny, Jennifer Lopez y David Crosby, comenzó utilizando los micrófonos integrados del MacBook Pro. Capturó voces y efectos de sonido para llevarlos después a Logic Pro. El portátil recogía así el material que iba a convertirse en parte de la producción.
Logic Pro permite organizar esas grabaciones en pistas independientes, junto con instrumentos y otros sonidos. Podemos pensar en cada pista como una capa que se puede editar, mover o ajustar sin alterar necesariamente las demás. Viendo el proceso resultaba fácil seguir el recorrido desde una grabación inicial hasta su colocación dentro de una pieza.
El tacto tenía una función. Dupont mostró cómo tocar instrumentos virtuales directamente sobre la nueva pantalla del MacBook Pro. Son instrumentos generados por software, con interfaces que permiten interpretar sonidos y modificar sus características. También enseñó la interacción táctil con las pistas del proyecto que se utilizan de una forma más directa con los dedos.
Fue la demostración que mejor concretó para mí una utilidad de tocar la pantalla. Un instrumento virtual ya invita a intervenir sobre sus controles, y poder hacerlo con los dedos utilizando un panel multitáctil añade una forma de interpretarlo extremadamente natural sin llevar nada más que el Mac de trabajo. Aquí la pregunta es qué ocurre en sesiones largas, cuánto acabaría utilizando ese gesto y cómo lo alternaría con el teclado y el trackpad.
Diseño: crear una prenda y desarrollar la aplicación para diseñarla
La ropa antes de fabricarse. Susan Fang, diseñadora de moda y fundadora de la firma que lleva su nombre, mostró cómo trabaja con CLO3D. Esta aplicación permite construir prendas digitales y estudiar su forma y comportamiento en tres dimensiones. En el MacBook Pro pudimos seguir esa fase del diseño, en la que una propuesta empieza a adquirir volumen antes de convertirse en una pieza física.
Junto a ella participó Orelio de Jonghe, diseñador industrial y responsable del desarrollo de calzado y accesorios de la marca. Explicó cómo estaban creando una aplicación propia de diseño tridimensional táctil para iPad y Mac mediante Xcode, el entorno de programación de Apple. En ese desarrollo también utilizaban herramientas asistidas por inteligencia artificial.
Diseñar también el software. El MacBook Pro tenía aquí dos funciones: trabajar con las propuestas de moda y servir como equipo de desarrollo de una aplicación. Me llamó la atención esa posibilidad de adaptar el software a las necesidades del diseñador desde su construcción. La demostración se centraba en el diseño 3D y la programación, basado en la potencia del equipo, pero sin mostrar un uso táctil específico equivalente al de Logic Pro.
La otra aproximación llegó con Azuma Makoto, artista floral japonés que crea esculturas e instalaciones botánicas. Su equipo utiliza Blender y Rhino 3D, dos aplicaciones de modelado tridimensional, para conceptualizar esas obras y preparar sus estructuras. El MacBook Pro permitía trabajar digitalmente con composiciones destinadas a ocupar después un espacio físico, con las que se puede interactuar cómodamente con las manos y “darles forma” antes de hacerlas reales.
Flores, modelos y equipamiento científico. El MacBook Pro también intervenía en el control de equipos especializados utilizados en su investigación artística. La práctica de Makoto incorpora técnicas como los rayos X y la tomografía, que permite observar estructuras internas mediante imágenes de distintas secciones. Me gustó terminar el recorrido viendo el ordenador aplicado a un material tan distinto de los escenarios y las pistas musicales anteriores, algo común en este tipo de demos.
Después de las sesiones, la pregunta sobre el MacBook Pro táctil tenía para mí ejemplos mucho más precisos. Había visto el tacto aplicado a instrumentos, la pantalla utilizada para decidir ajustes de color que exigían rigurosidad y el portátil integrado en procesos que combinaban cámaras, otros ordenadores y equipos especializados. Queda probarlo durante nuestro día a día también para descubrir cuáles de esas posibilidades terminan convirtiéndose en hábitos.
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