Aunque pueda parecer paradójico, las altas temperaturas pueden afectar negativamente en la producción de energía solar fotovoltaica. El calor hace que las células de los paneles alteren su comportamiento eléctrico y los módulos solares pierdan hasta un 5% de eficiencia.
Y, sin embargo, la situación este verano en nuestro continente ha sido tan crítica que, incluso a pesar de esa pérdida, la energía solar se ha convertido en un verdadero salvavidas. Un análisis del think tank Ember ha puesto de relieve el papel que ha tenido este tipo de renovable a la hora de mantener los precios más o menos estables y dar respuesta a una demanda, ya de por sí elevada, mientras el calor comprometía la producción habitual de la nuclear, el gas o el carbón.
¿Por qué más calor no significa más energía? La energía solar fotovoltaica funciona con paneles solares que convierten la luz solar directa en electricidad. Es decir, no aprovechan el calor como la energía solar térmica. En la fotovoltaica, las células solares se pueden calentar, lo que hace que el voltaje descienda e, incluso, que se desgasten antes los materiales, reduciendo su vida útil.
Buscando el equilibrio. La temperatura óptima para el correcto funcionamiento de un panel es de 25ºC. Por ello, para poder evitar los estragos de las altas temperaturas que superan con frecuencia esta marca, las instalaciones suelen buscar un equilibrio entre captación de luz y exposición térmica, como explica Endesa en su web. Aun así, el incremento de las temperaturas puede hacer que algunos módulos pierdan un 5% de eficiencia adicional.
Lo que pasa en las olas de calor. Europa está viviendo un año histórico, y no precisamente para bien. Este verano se han disparado las temperaturas por encima de los 40ºC en muchas zonas del continente. Esto ha tenido unas consecuencias que aún se están cuantificando, pero ya se estima un exceso de 10.000 muertes asociadas al calor, pérdidas en las cosechas de más de 2.000 millones de euros y un Mar Mediterráneo que ha cruzado por primera vez la barrera de los 33ºC.
Todo esto se ha traducido en una demanda energética extraordinariamente elevada. Según el informe de Ember, las olas de calor son cada vez más frecuentes y están ejerciendo una enorme presión en los sistemas eléctricos europeos. De hecho, sitúa en un 25% el aumento de la demanda diaria de energía, especialmente en los países más castigados como Italia o Hungría, y lo atribuye a la necesidad de refrigeración y un mayor uso del aire acondicionado.
Los efectos del calor en otras fuentes de energía. Ember indica que todos los tipos de generación de energía se han visto afectados por el calor. Por ejemplo, en Hungría y Rumanía han tenido que desconectar parte de los reactores de sus centrales nucleares, debido al bajo nivel del caudal del Danubio. Lo mismo ocurrió en Suiza. En Francia, hasta el 43% de la capacidad nuclear llegó a no estar disponible algunos días de julio. En cuanto al gas, cinco centrales del Reino Unido anunciaron reducciones en su producción y, en Italia, se ha especulado con el riesgo de sequía de casi un tercio de sus centrales térmicas. El mismo informe señala que este verano especialmente seco ha hecho que la producción hidroeléctrica se haya hundido a los niveles más bajos en 10 años.
La solar, al rescate. Todo esto podría haber supuesto un verano de subidas de precio y problemas en el suministro a todas horas, de no ser porque la solar ha brillado como nunca. La mayor necesidad de energía se ha compensado en gran parte por el aumento de la generación solar. En el mes de junio, cuando comenzaron las olas de calor, aportó el 25% de la energía consumida por toda la Unión Europea por primera vez en la historia. Además, a pesar de los efectos del clima extremo, ha tenido una generación superior a la habitual durante estos episodios, como señala Ember: hasta un 17% más en países como Francia o Hungría.
Aunque no todo se soluciona con el sol. El estudio de Ember señala que, a pesar de que la solar consiguió mantener a raya el sistema generando energía en las horas de mayor demanda, el problema persiste cuando cae la noche. Durante las olas de calor, la puesta de sol no implica que bajen las temperaturas automáticamente y la demanda energética de equipos de aire acondicionado sigue siendo muy alta, por lo que, sin la aportación de la solar, la generación total cae y los precios se disparan.
De ahí que el informe termine apostando por un mayor almacenamiento con baterías que permita aprovechar la energía solar también por la noche, ajustar mejor la oferta y la demanda y reducir la dependencia de otras fuentes más caras.
Imagen | Michael Pointner
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