"En nuestra casa hay algo innegociable: que al menos uno de los dos debe estar siempre con ellos". Lo decía Javier Bardem en una entrevista en la que promocionaba 'El ser querido', la película de Rodrigo Sorogoyen en la que interpreta, precisamente, a un padre ausente.
Y, claro, aunque estamos hablando de superestrellas que tratan de evitar no ver a sus hijos durante semanas, "uno de los dos debe estar siempre con ellos" suena a lo que suena: a helicópteros.
¿Helicópteros? ¿Perdona? En 1969, el psicólogo Haim Ginott publicó Between Parent & Teenager, un libro elaborado en base a conversaciones con adolescentes. En una de ellas, un chaval describía a su madre como un "helicóptero". Y la imagen ha hecho fortuna para definir un tipo de crianza que, básicamente, consiste en tener siempre a un padre detrás de los niños.
El problema es que era más una forma peyorativa de hablar de los padres modernos que algo que supiéramos definir.
Hasta 2024. Ese año, unos investigadores de Griffith y varias universidad europeas se hicieron una pregunta que daría muchos frutos: ¿"sobreproteger" es una sola conducta? Y la respuesta, claro, es que no.
Sé que va a parecer una obviedad, pero los análisis factoriales separaron dos tipos de 'estar presente': el primero es 'demandante' (controlar, restringir, decidir por el niño) y el otro es 'responsivo' (estar disponible).
Mientras el estilo demandante correlaciona negativamente con la autonomía del hijo y positivamente con la ansiedad (y el burnout) de los padres. El otro estilo hacía justo lo contrario. Y es curioso porque llevamos décadas juntado los dos estilo como si fuera uno solo.
Y entender eso nos está ayudando mucho. Hace un puñado de meses, Clinical Child and Family Psychology Review publicó un metaanálisis que trataba el efecto de la crianza intrusiva en los niños. Según sus datos (que cubren más de 150.000 participantes), la correlación entre estilos intrusivos y síntomas internalizantes como la ansiedad o la depresión es de 0,24.
Lo curioso aparece cuando desglosamos esos datos: el peor estilo es el control psicológico (invalidar, manipular emocionales, etc...), seguido de la sobre protección y la falta de apoyo a la autonomía. Por último el 'hilicopter parenting' propiamente dicho.
Es decir, no importa tanto "el estar" como "lo que se hace mientras se está".
Nunca fueron las horas. Esto ya estaba en la investigación previa. En 2015, Milkie, Nomaguchi y Denny midieron directamente la cantidad de tiempo que niños y adolescentes pasaban con sus padres. Sus conclusiones fueron que, en los pequeños, el tiempo materno no se asociaban con conductas o emociones problemáticas, ni con caídas en el rendimiento. En los adolescentes apareció una sola asociación entre la implicación materna y una menor conducta delictiva; pero, sinceramente, es muy pequeño.
En todo caso, los mejores efectos aparecían cuando ambos progenitores estaban con los niños a la vez (menos problemas de conducta, mejores notas en matemáticas, menos consumo de sustancias, etc...). Antes de eso, en 2000, Stattin y Kerr habían dejado claro que lo que protegía a un adolescente no era que el padre les vigilara, sino que el hijo contara las cosas por iniciativa propia. No es cuanto, es cómo.
¿Y por qué nos preocupa tanto el tiempo? Paradójicamente porque ahora estamos mucho más tiempo con los niños que antes. Según Giulia Dotti Sani y Judith Treas, entre 1965 y 2012, las madres pasaron de 54 a 104 minutos diarios de cuidado directo y los padres de 16 a 59.
Como decían Jose César Perales y Fátima García en una entrevista que aún no hemos publicado, quizás el mayor cambio de la crianza de los últimos años es que ahora nos importan genuínamente los niños. Mucho más que antes. Y eso hace que el malestar de la infancia cause dolor también en los adultos.
Sin mucho motivo. Tras revisar toda esta investigación solo hay algo seguro: que los efectos son diminutos y hay una enorme heterogeneidad entre estudios. Como defendió Sandra Scarr, por encima de un umbral de cuidado suficiente, las diferencias entre estilos de crianza dejan de predecir resultados. Lo importante, ahora como siempre, es hacerlo lo mejor que uno pueda.
Imagen | Carlos Delgado
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