El secreto de la extinción aviar estaba escondido en el lugar más insospechado: un excremento de dinosaurio

Una simple pluma nos ha dado pistas de cómo pudieron sobrevivir algunas aves

Dinosaurio
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José A. Lizana

Colaborador

Hay ocasiones en las que los descubrimientos paleontológicos más revolucionarios no provienen de un esqueleto completo y perfectamente articulado, sino de los lugares más glamurosos. Para ver un ejemplo de esta situación, nos tenemos que ir hasta 2016, cuando un equipo de investigadores halló en la famosa formación de Hell Creek un excremento fosilizado. Y aunque todo parecía apuntar a que solo era una deposición de un dinosaurio carnívoro del Cretácico Superior, la realidad es que ha resultado ser una cápsula del tiempo. 

Su análisis. Tras hacer este descubrimiento, los investigadores comenzaron a analizarlo hasta culminar en un estudio publicado este 10 de septiembre que revela que este coprolito esconde en su interior plumas tridimensionales extraordinariamente conservadas. Pero lo más importante es que este hallazgo arroja nueva luz sobre una de las grandes preguntas que tiene la paleontología: ¿por qué algunas aves sobrevivieron al asteroide que aniquiló a los dinosaurios y otras no?

Cómo se hizo. Para saber qué había dentro de este fósil sin destruirlo, los investigadores recurrieron a la microtomografía computarizada y a análisis mineralógicos. El resultado apuntó a que el excremento contenía varias plumas, pequeños huesos de las patas de un ave y dos diminutas escamas de un pez. En definitiva, estamos ante la dieta que tuvo el dinosaurio antes de morir. 

Lo más interesante es que, gracias a la asociación de los huesos y las plumas, se ha conseguido deducir que la presa devorada fue un hesperornitiforme, un tipo de ave acuática dentada, adaptada al buceo y, en su mayoría, incapaz de volar. Y aunque algunas voces han afirmado que esta ave "no estaba emparentada con las aves modernas", esto es un error, puesto que los hesperornitiformes pertenecen al linaje aviano y son parientes cercanos de las Neornithes (el grupo que engloba a todas las aves actuales), aunque no forman parte de él.

La extinción. El aspecto más interesante de este descubrimiento está en la hipótesis planteada sobre la extinción masiva. A día de hoy sabemos que el impacto del asteroide de Chicxulub lanzó cantidades masivas de polvo silicatado, hollín y aerosoles de azufre a la atmósfera. Algo que tuvo importantes consecuecnias como por ejemplo el bloqueo de la luz solar durante unos 15 años, que interrumpió por completo la fotosíntesis durante dos años y desplomó la temperatura global de media 15 ºC. 

Es aquí donde las plumas del coprolito cobran sentido, puesto que aunque tenían un diseño excelente para bucear y repeler el agua, su morfología sugiere que ofrecían un menor aislamiento térmico que el plumaje de las aves que sí sobrevivieron.

La hipótesis. Aquí los investigadores apuntan a que, frente a un invierno global muy duro, repentino y prolongado, las aves primitivas como los hesperornitiformes, con un plumaje menos aislante, literalmente se congelaron o no pudieron mantener su temperatura corporal, contribuyendo a su extinción. 

Eso sí, como suele ocurrir en la ciencia, no hay una única "bala mágica", y el estudio no afirma que el frío sea la única causa. Investigaciones anteriores ya apuntaban a que las aves que sobrevivieron eran pequeñas, terrestres y capaces de alimentarse de semillas persistentes en el suelo. Probablemente, la supervivencia de las aves modernas (y la extinción de las primitivas) fue el resultado de un cúmulo de factores: su tamaño, su dieta, su capacidad de termorregulación y, como nos ha enseñado este peculiar excremento fosilizado, la calidad de su abrigo de plumas.

Imágenes | Antonio Mistretta

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