Esperamos una temporada de huracanes tan activa que es probable que nos quedemos sin nombres con los que llamarles

A medida que el Atlántico se interna en "terra ignota", los sistemas que teníamos se vuelven obsoletos

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Esta no va a ser una temporada de huracanes normal. Según el servicio meteorológico de la NOAA estadounidense, hay un 85% de probabilidades de que la actividad del Atlántico norte esté por encima de la media. Si la agencia estadounidense tiene razón, eso significa que veremos entre cuatro y siete huracanes mayores de aquí al 30 de noviembre.

Es una barbaridad. De hecho, se espera una cantidad de tormentas tan alta que lo más probable es que nos quedemos sin nombres para ellas.

¿Cómo se nombra una tormenta? Como explica la NOAA, a principios de los años 50 se dieron cuenta de que usar nombres cortos evitaba confusiones y agilizaba las comunicaciones en torno al fenómeno. Hasta entonces, no era raro que el uso de nomenclaturas complejas generara problemas entre los ciudadanos.

Desde entonces, han cambiado los detalles, las escalas y la metodología, pero esencialmente seguimos haciendo lo mismo. A día de hoy, las tormentas tropicales reciben nombres cuando son clasificadas como tales, es decir, cuando sus vientos alcanzan los 62 kilómetros por hora. Cuando llegan a los 120 km/h, la tormenta pasa a ser clasificada como huracán.

Es una manera sencilla y efectiva de que la población se familiarice con los riesgos y tome medidas. Desde hace unos años, Europa hace lo mismo para las tormentas de alto impacto que pueden afectarla.

Hace unas semanas, la Oficina Meteorológica Mundial (OMM) publicó los nombres que recibirán las tormentas tropicales de la cuenca atlántica de este año. Y, como de costumbre, son 21. Eso quiere decir que, previsiblemente, haya más tormentas que nombres.

No es la primera vez que ocurre. El 17 de septiembre de 2020, el Centro Nacional de Huracanes de EEUU nombró a la tormenta tropical Wilfred, agotando la lista de nombres que tenía preparada. Hubo nueve más en lo que quedaba de temporada (nombradas con las letras del alfabeto griego) y se convirtió en la más activa desde que hay registros.

Nadie espera que 2024 llegue a esos extremos, pero sí parece más que probable que los 21 nombres se nos queden cortos.

¿Qué hay detrás de todo esto? En este caso, una de las claves es que El Niño se ha debilitado y la llegada de La Niña favorece la formación de huracanes. A esto hay que añadir que el Atlántico está muy cálido (lo que significa que tiene mucha energía).

Y, aunque es cierto que los investigadores siguen debatiendo sobre cómo funcionan los mecanismos que están detrás de los huracanes en esta coyuntura térmica, lo más razonable ahora mismo es esperar que surjan más tormentas y que se vuelvan tropicales más rápidamente.

El problema ni siquiera es ese. El problema es que todo está cambiando demasiado rápido.

Nuevos tiempos. De la misma forma que la escala Saffir-Simpson (con la que hemos medido la intensidad de los huracanes desde los años 70) está quedándose desfasada, también lo está el sistema con el que los nombramos. Si les ponemos un nombre humano, es por una razón sencilla: resulta más efectivo que usar nombres técnicos. ¿Qué sentido tiene que, como ocurrió en 2020, un tercio de las tormentas tropicales tengan nombres de letras griegas?

A medida que el Atlántico norte se adentra en terrenos completamente desconocidos, esto ocurrirá cada vez más frecuentemente. Sin embargo, siempre vamos un par de pasos por detrás de los acontecimientos, y esta temporada de huracanes será un buen recordatorio de ello.

Imagen | NOAA

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