Estar sentado es un problema. Mejor dicho: estar sentado son muchos problemas. El sedentarismo es el cuarto factor de riesgo de muerte a nivel global y está detrás de uno de cada cuatro cánceres de mama, útero o colon. Y la cosa no acaba ahí.
Su impacto es innegable: produce el doble de riesgo cardiovascular y de diabetes tipo 2, la ralentización del metabolismo de la glucosa, la reducción de la síntesis de las grasas. Además, con una mano obstaculiza la quema de calorías; mientras con la otra provoca la pérdida de la masa muscular, la debilidad ósea y la desmineralización de los huesos.
Pero eso lo sabemos desde hace tiempo. Lo que no suele decirse es que, por su fuera poco, estar sentado nos cambien la personalidad.
¿La personalidad? Efectivamente. En los últimos años, los investigadores han ido consolidando un cuerpo creciente de evidencia que asocia los estilos de vida físicamente inactivos con declives pequeños (pero medibles) en varios rasgos de personalidad a lo largo de las décadas.
Desde 2018, sabemos que la inactividad física basal predice declives en cuatro de los cinco grandes rasgos de personalidad: en responsabilidad, apertura, extraversión y amabilidad. Es cierto que los efectos son pequeños (y la evidencia es observacional), pero son asombrosamente consistentes.
¿Hacer ejercicio protege nuestra personalidad? No está claro. Como he dicho, los estudios son observacionales: eso quiere decir que sabemos que ambas variables van de la mano, pero no que una 'actúe' como protector de la otra.
Sin embargo, no siempre necesitamos una causalidad clara para ver donde está el problema.
Y el problema está sentado en el centro mismo de la sociedad occidental. España es un buen ejemplo: entre el 27,4% y el 36,4% de los españoles de 16 y más años se declaraban sedentarias en su tiempo libre según el INE. Y no les falta razón: si la recomendación de la OMS habla de entre 150 y 300 minutos semanales de actividad física, casi la mitad de los españoles no llegan.
El sedentarismo es, sin lugar a dudas, una epidemia silenciosa que está tensionando nuestro sistema de salud y que, si estos investigadores tienen razón, está cambiando como somos.
Porque, aunque hay debate sobre todo esto, la idea de que un estilo de vida activo es un factor protector de la estabilidad de la personalidad a lo largo de la vida va ganando fuerza entre los expertos. Es verdad que desconocemos los mecanismos concretos, pero la plausibilidad psicológica del asunto está fuera de toda duda.
Va siendo hora de ponerse a andar.
Imagen | Kate Sade
Ver 0 comentarios