El Ferrari Luce es un juego de mentiras. Y eso dice mucho de los problemas que tienen todos los superdeportivos eléctricos

  • Un superdeportivo no solo tiene que ser rápido, tiene que vender una experiencia. Y el coche eléctrico nos despoja de ellas

  • Para bien y para mal

Ferrari Luce superdeportivos coche eléctrico
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alberto-de-la-torre

Alberto de la Torre

Editor - Xataka Movilidad
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Alberto de la Torre

Editor - Xataka Movilidad

A menos que hayas estado perdido en una isla remota en mitad del Pacífico las últimas 36 horas, es muy probable que hayas tenido una pequeña idea de lo que ha sucedido con Ferrari. La marca de Il Cavallino ha presentado su primer coche eléctrico, el Ferrari Luce

Y no, no ha gustado

El vehículo diseñado por Jony Ive y Marc Newson ha tenido una respuesta casi unánime. Indudablemente, no se ha salvado de las críticas en redes sociales. Pero también las ha recibido de figuras como Luca Cordero di Montezemolo, quien lideró la compañía durante más de una década. El expresidente de los italianos ha hecho declaraciones tan duras como que Ferrari está corriendo el riesgo de "destruir su mito". 

Pero hay motivos para entender por qué el nuevo Ferrari Luce no se parece a nada que hayamos visto antes en Ferrari. No es que defendamos su estética, señalamos por qué la compañía parece haber querido separar por completo esta nueva línea eléctrica de su imagen más deportiva. Todo parece indicar que están haciendo lo posible por encontrar un nuevo público

Ferrari ha preferido dejar a un lado su intención de crear un superdeportivo completamente eléctrico. De momento, ese mercado sí que parece totalmente desierto en lo que a clientes potenciales se refiere. El Porsche Taycan está estancado. El Rimac Nevera no vende. Marcas como Lamborghini se han alejado de la piscina cuando han comprobado que muy probablemente carezca de agua. 

Y es que el superdeportivo eléctrico es más rápido que uno de gasolina. Su aceleración es inigualable. Bien ejecutado puede tener un paso por curva más rápido y espectacular que cualquier rival térmico. Pero en esta vida no todo son cifras. 

Y cuando vendes experiencias, eso es un problema. 

No es perfecto, es mejor que eso

Hay algo inquietante en la perfección: la ausencia de alma. 

El ser humano siente placer a través de los sentidos y disfruta con las experiencias. Le gusta lo táctil, se regodea en el sonido, saborea y olfatea con gusto. Y eso es difícilmente superable. Pese a que el producto sustitutivo sea más eficiente y más eficaz. Más limpio e inodoro. 

Un Tesla Model 3 Performance es más rápido que la mayoría de deportivos del momento. Sus 3,1 segundos en el 0 a 100 km/h era imposible de igualar para cualquier vehículo de masas, una cifra al alcance de los mejores. Coches de cientos de miles de euros. Pero decir que es mejor deportivo que un V12 de aspiración natural es como igualar una paella hecha con mimo y cariño al fuego de la madera de naranjos con una pastilla fabricada por una farmacéutica en segundos a un precio irrisorio. Las dos pueden aportar los mismos nutrientes pero tengo claro cuál aporta más placer. 

Con los superdeportivos pasa lo mismo. Con cualquier deportivo, de hecho. Y eso es un problema para el coche eléctrico. No digamos para una marca como Ferrari. 

Cuando alguien compra un Ferrari, compra una experiencia. Igual que cuando compra un Lamborghini, un Porsche o, mucho más sencillo, un Mazda MX-5. El coche es, en la mayoría de los casos, un objeto de movilidad. El coche eléctrico es la mejor y máxima expresión de eso. Especialmente en ciudad. 

Pero un deportivo no solo es un paso por curva y una aceleración que te pega al asiento. Guillermo García Alfonsín explica bien por qué el Mini JCW eléctrico es divertido: porque no está bien afinado a propósito. La imperfección nos atrae. Un Miata no es especialmente rápido, pero la experiencia de conducción es de las mejores. 

El sonido característico de un motor, ya sea V6, V12 o un cinco cilindros en línea. Una caja de cambios precisa y manual. Su sonido metálico de un cambio en H en los superdeportivos clásicos. Las vibraciones del habitáculo. El olor a gasolina mientras repostas. 

Todo esto son experiencias inigualables para un coche eléctrico. A igualdad de condiciones, son más rápidos y efectivos. Pero las marcas son conscientes de que sus clientes tienen una enorme reticencia a esta experiencia limpia e inodora cuando Mercedes monta un sonido artificial en el nuevo Mercedes-AMG GT, el eléctrico que viene a sustituir al bramido de su V8

En su Ferrari Luce, los italianos han optado por un camino diferente. En su nota de prensa, la marca hace referencia a las, sin duda, altísimas prestaciones de un coche capaz de desarrollar más de 1.000 CV de potencia. A las innovaciones empleadas para sacar adelante un desarrollo propio con más de 60 patentes. Lo cierto es que, pese a todo, un Tesla Model S Plaid que cuesta costaba cinco veces menos es más rápido. 

Pero en su texto, Ferrari ha intentado poner en valor lo experiencial de la propuesta. Para ejemplo, la explicación de cómo trabaja el sonido: 

El enfoque del sonido del Ferrari Luce se basa en el principio clave de que debe ser auténtico y funcional, generado a partir de la propia mecánica del coche y al servicio de la experiencia de conducción. Un acelerómetro de precisión situado en el centro del eje captura la textura dinámica y la vibración de los componentes rotativos mientras las ondas sonoras están en movimiento. Desarrollado internamente y patentado, este sistema filtra, ecualiza y amplifica la señal de forma similar a como lo hace una guitarra eléctrica, pero solo cuando es funcional para la experiencia de conducción.

El sonido dependerá del modo de conducción elegido pero también del uso de las levas, para simular una experiencia similar a lo que sería el cambio de marchas con un motor de combustión. Levas para un coche sin cambio de marchas. Mentira sobre mentira para construir una identidad 

Hay que decir que Ferrari no es, ni mucho menos, la única compañía que opta por estos juegos de trampantojos. Hemos mencionado el caso de Mercedes pero los altavoces para filtrar el sonido al interior del habitáculo y cumplir con los límites sonoros en el exterior llevan años en el mercado. Toyota cuenta con patentes para simular cambios de marcha en coches eléctricos sin cambios de marcha. Honda hace exactamente lo mismo con su nuevo Prelude. 

La ingeniería detrás del automóvil ha sido desde su nacimiento un arte. Un arte basado en la ingeniería y en el desarrollo de productos que, como todo arte, cuenta con una base de productos similares, anodinos y escalables en copias repetitivas por millones. Pero un arte en el que, por supuesto, todo el mundo aprecia los Velazquez y Picasso de cuatro ruedas. 

El superdeportivo eléctrico se despoja de la parte más experiencial. Jony Ive presume que el interior del Ferrari Luce se han elegido materiales "honestos y puros" como el aluminio anodizado para devolver al conductor la experiencia táctil en un mundo que gira alrededor de la pantalla y en el que se promete que el asistente de voz será mejor que la memoria muscular. 

Es el azud que no consigue detener el avance de un río. 

Fotos | 

En Xataka | Con el coche eléctrico, Ferrari ha encontrado una nueva senda: dar al público exactamente lo que está pidiendo


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