Creíamos que el estrés era solo psicológico. La ciencia demuestra que también depende de la cantidad de agua que bebes

El cerebro es muy sensible a la falta de hidratación y eso lo hace más propenso a sufrir un mayor estrés

Beber Agua
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José A. Lizana

Colaborador

Todos sabemos que enfrentarnos a una fecha límite ajustada, una entrevista de trabajo o una discusión acalorada dispara nuestros niveles de estrés, y no es más que una respuesta evolutiva básica. Sin embargo, la ciencia está empezando a ver que la intensidad con la que nuestro cuerpo reacciona a un estresante no solo depende de nuestra psicología, sino de algo tan fundamental como la cantidad de agua que bebemos a lo largo del día. 

Se ha investigado. Un reciente estudio publicado en el Journal of Applied Physiology ha puesto sobre la mesa la relación que existe entre el estado general de hidratación y la reactividad del cortisol frente al estrés agudo. Dicho de otra manera, un cuerpo deshidratado es un cuerpo que reacciona de forma exagerada ante los problemas que nos pueden surgir en el día a día. 

El cortisol. Para entender este hallazgo, primero hay que mirar al 'lugar' donde se regula nuestro estrés, que es el eje hipotálamo-hipófisis-adrenal. Este sistema se activa cuando nos enfrentamos  una amenaza psicosocial que culmina con la liberación de cortisol, que es nuestra principal hormona relacionada con el estrés y que se puede medir fácilmente a través de la saliva. 

Lógicamente, el cortisol en niveles normales es necesario para la supervivencia, pero el problema llega cuando se mantiene elevado durante mucho tiempo, que comienza a generar muchos problemas en nuestro organismo y también nos enfrenta a los trastornos de ansiedad. 

La hidratación. Aquí es donde entra en juego el agua, puesto que la deshidratación, incluso leve, no es solo tener la boca seca sino que biológicamente, es un factor estresante de primer nivel. Cuando no bebemos suficiente agua, nuestro volumen sanguíneo disminuye y su concentración va en aumento. El cuerpo percibe esto como una amenaza a la homeostasis y responde liberando hormonas para tratar de compensar esta falta de líquido, como la vasopresina, que provoca que orinemos mucho menos para evitar 'desperdiciar' agua. 

Amenazas. Lo que demuestra aquí la ciencia es que cuando sometemos a una persona que se hidrata poco a un estrés psicológico, el organismo experimenta una doble amenaza. Aquí el sistema nervioso ya está lidiando con el estrés fisiológico de la falta de agua y, si a eso le sumamos un estresor externo, como un problema laboral, la respuesta del cortisol se dispara de forma mucho más abrupta que en una persona bien hidratada. 

Pero no estamos ante algo completamente aislado, sino que son muchos los estudios que han encontrado una relación entre el estado de la ansiedad y la hidratación. Si nos vamos a la fisiología más pura, tiene sentido, puesto que el cerebro está compuesto en un 73% por agua y es por ello que es extremadamente sensible a una caída en la cantidad de líquido que se bebe a lo largo del día. 

No es igual para todos. La biología humana rara vez es una ecuación simple, puesto que la respuesta del cortisol salival al estrés psicosocial tiene una alta variabilidad entre personas. La edad, el sexo, el consumo de café, el tabaquismo o los niveles de esteroides actúan como moduladores de esta hormona, por ejemplo. 

Sin embargo, el estado de hidratación se perfila ahora como una de las variables más fácilmente modificables por nosotros mismos. No podemos cambiar nuestra edad ni borrar un problema familiar, pero sí podemos asegurarnos de que nuestra ingesta de líquidos no le ponga las cosas más difíciles a nuestro sistema nervioso.

Imágenes | engin akyurt

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