EEUU financió una red de sensores en el Pacífico. China ha utilizado sus datos para descubrir una gigantesca estructura invisible bajo el mar

China lleva años mirando hacia el fondo del océano

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Miguel Jorge

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Hace más de 20 años, Estados Unidos desplegó decenas de sensores en el fondo del Pacífico para estudiar sus corrientes. Ahora, científicos chinos han recuperado aquellos datos y encontrado algo que podría tener implicaciones mucho más allá de la oceanografía: enormes corredores invisibles que conectan la superficie con las profundidades. Comprenderlos podría convertirse en una ventaja en uno de los escenarios militares más disputados del planeta.

La paradoja del Pacífico. Un equipo del Instituto de Oceanología de la Academia China de Ciencias ha identificado un fenómeno conocido como “chimeneas inerciales”, enormes corredores naturales por los que la energía generada por los vientos de la superficie puede alcanzar las profundidades oceánicas. El descubrimiento, publicado en la revista científica Deep Sea Research Part I, se ha realizado utilizando mediciones recogidas por una red de sensores financiada originalmente por la Fundación Nacional de Ciencias de Estados Unidos (NSF). 

La investigación conecta dos realidades aparentemente alejadas: un proyecto científico estadounidense de hace dos décadas y los esfuerzos actuales de China por comprender un entorno submarino cada vez más importante para la seguridad y la defensa.

46 sensores de EEUU y dos años de registros. La historia comenzó en abril de 2004, cuando investigadores de la Universidad de Rhode Island, la Institución Oceanográfica Woods Hole y la Universidad de Hawái desplegaron una red de instrumentos al este de Japón, en la región de extensión de la corriente de Kuroshio. El sistema, conocido como KESS, estaba formado por 46 estaciones distribuidas sobre un área aproximada de 600 por 600 kilómetros, equivalente a 360.000 kilómetros cuadrados, y permaneció operativo hasta junio de 2006. 

Sus sensores, instalados en el fondo marino, medían la presión, las corrientes profundas y el tiempo que tardaban las señales acústicas en viajar hasta la superficie y regresar. Dos décadas después, los investigadores chinos han aprovechado esos registros científicos para estudiar cómo llega la energía hasta el fondo del océano.

Unas chimeneas que nadie puede ver. El hallazgo no consiste en estructuras sólidas ni en enormes tubos escondidos bajo el agua, sino en corredores dinámicos de transmisión de energía. Cuando el viento agita la superficie del océano, genera ondas internas que pueden propagarse a través de capas de agua con distintas temperaturas y densidades. 

Los investigadores descubrieron que determinados remolinos anticiclónicos, que giran en sentido horario en el hemisferio norte, favorecen que esa energía se concentre y descienda hacia las profundidades. Esos corredores, como decíamos bautizados como “chimeneas inerciales”, ayudan a explicar cómo fenómenos meteorológicos que ocurren a miles de metros de distancia vertical pueden influir en las condiciones del fondo marino. 

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El descubrimiento tiene cifras. El equipo chino desarrolló un modelo estadístico capaz de explicar el 76% de la variabilidad observada en la energía de las ondas próximas al fondo. Dentro de esa variabilidad explicada, el 68% se relacionó con procesos de las capas superiores del océano: un 28% con la energía de las ondas procedentes de arriba, un 26% con la estratificación del agua y un 14% con la rotación de los remolinos. 

El 32% restante se asoció a corrientes locales cercanas al lecho marino. La distinción es importante: esas cifras describen la contribución de distintos factores al comportamiento captado por el modelo, no significan que se haya medido directamente un flujo físico del 68% de toda la energía oceánica desde la superficie.

La conexión con la guerra submarina. La importancia del hallazgo no se limita a comprender mejor las corrientes oceánicas. Los cambios de temperatura y salinidad modifican la velocidad y las trayectorias del sonido bajo el agua, una variable fundamental para los sistemas de sonar que utilizan buques y submarinos. Conocer cómo evolucionan esas condiciones permite mejorar los modelos acústicos, identificar zonas donde las señales pueden propagarse más lejos y anticipar otras donde su detección resulta más difícil. 

Los propios investigadores chinos señalan que combinar observaciones prolongadas con modelos de propagación sonora podría mejorar la predicción del entorno acústico y proporcionar información útil para la detección y las comunicaciones submarinas. No obstante, el estudio no demuestra que China haya desarrollado ya un nuevo sistema de detección militar a partir de esos datos.

China lleva años mirando hacia el fondo del océano. En definitiva, el descubrimiento llega en un momento en el que Pekín está ampliando su conocimiento de los mares estratégicos. Una investigación de Reuters publicada en marzo de 2026, y de la que hablamos entonces, documentó cómo buques científicos chinos realizan campañas de cartografía y recopilación de datos oceanográficos en áreas del Pacífico y otros océanos que también resultan relevantes para las operaciones submarinas. Conocer la profundidad, las corrientes y las propiedades acústicas del agua puede mejorar tanto la navegación como el funcionamiento de los sensores militares. 

En ese contexto, la investigación de las chimeneas inerciales ilustra el valor estratégico de la información oceanográfica: datos recogidos hace dos décadas para responder a preguntas científicas pueden aportar hoy conocimientos potencialmente útiles en la competencia naval entre Estados Unidos y China. La ironía en este caso es que la infraestructura original fue financiada por Washington.

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