California necesitó enormes cantidades de hierro para alimentar su expansión industrial de posguerra. Su solución fue tan ambiciosa como el momento: levantar una ciudad entera en mitad del desierto para alojar a los trabajadores que extraerían ese mineral. Durante décadas funcionó como una comunidad autosuficiente. Hoy, sus calles vacías siguen recordando hasta qué punto una industria puede construir (y borrar) una ciudad.
Una ciudad nacida para alimentar la industria del acero. En 1948, el empresario Henry J. Kaiser fundó Eagle Mountain en pleno desierto de California con un único objetivo: explotar uno de los mayores yacimientos de hierro del oeste de Estados Unidos.
No hablamos de un simple campamento minero. Era una ciudad diseñada desde cero para unas 4.000 personas, conectada por un ferrocarril de más de 80 kilómetros con la acería de Fontana, donde el mineral se transformaba en acero.
Una comunidad donde no faltaba absolutamente de nada. La ciudad creció al ritmo de la mina. Llegó a contar con más de 400 viviendas, colegios, iglesias, piscina, bolera, campo de béisbol, centro comercial y un hospital completamente equipado.
Sus calles ajardinadas y sus casas con aire acondicionado simbolizaban el optimismo industrial de la posguerra: si la mina funcionaba, Eagle Mountain tenía todo lo necesario para que varias generaciones hicieran allí su vida.
El pueblo minero abandonado de Kaiser Eagle Mountain se alza imponente bajo un enorme montón de escombros. En primer plano se aprecia la pronunciada pendiente del ferrocarril de Eagle Mountain
La mina que también cambió la sanidad estadounidense. La importancia de Eagle Mountain fue mucho más allá del hierro. Kaiser implantó allí un sistema sanitario integrado para atender a los trabajadores y sus familias, con asistencia médica incluida como parte del empleo.
Aquel modelo, ensayado en sus explotaciones industriales, acabaría convirtiéndose en la base de Kaiser Permanente, una de las mayores organizaciones sanitarias de Estados Unidos.
Treinta y cinco años bastaron para vaciar toda una ciudad. El éxito, sin embargo, duró menos de lo esperado. En los años setenta comenzaron a pesar la competencia del acero extranjero, el aumento de los costes ambientales y las dificultades económicas del sector. La producción alcanzó cifras récord en 1975, pero pocos años después llegaron los despidos.
En 1981 se anunció el cierre progresivo de la mina y, en 1983, Eagle Mountain dejó prácticamente de existir: cerraron el supermercado, se graduó la última promoción del instituto y la población abandonó la ciudad casi de un día para otro.
Arcos de hormigón característicos, como los que se ven en Tenet
Mientras Estados Unidos cerraba una fábrica, China se la llevaba pieza a pieza. El declive de Eagle Mountain coincidió con otro símbolo del cambio económico mundial. La gigantesca acería de Kaiser en Fontana, considerada una de las más modernas del planeta cuando se inauguró, cerró apenas unos años después.
En 1999, unos 300 trabajadores chinos desmontaron sus 55.000 toneladas de estructuras y maquinaria, las embalaron cuidadosamente y las enviaron por barco para reconstruir toda la instalación en China. Una infraestructura diseñada para durar para siempre terminaba alimentando el auge industrial de otro país.
Un pueblo fantasma congelado en el tiempo. A diferencia de otros asentamientos mineros, Eagle Mountain nunca fue demolido. De hecho, gran parte de sus edificios siguen en pie: las viviendas, el hospital, los comercios e incluso muchas de sus calles permanecen prácticamente intactos bajo el sol del desierto.
Durante un tiempo algunas instalaciones se reutilizaron como prisión, y años después Hollywood encontró allí el escenario perfecto para rodar escenas de la Tenet de Nolan. Mientras tanto, antiguos vecinos siguen reuniéndose para recordar el lugar donde crecieron.
El último misterio de Eagle Mountain. Décadas después de quedar abandonada, la ciudad volvió a captar la atención en los medios cuando un comprador adquirió todo el recinto por 22,5 millones de dólares. Lo cierto es que sus planes nunca se explicaron con claridad y el futuro del lugar continúa siendo una incógnita.
Entre tanto, Eagle Mountain permanece junto al Parque Nacional Joshua Tree como uno de los pueblos fantasma más grandes y mejor conservados de Estados Unidos: una ciudad construida para sostener la industria del acero que hoy sobrevive como una cápsula del tiempo en mitad del desierto.
Imagen | el-toro
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