El LHC tuvo un susto serio el pasado mes de julio. Los técnicos del CERN lo transformaron en un éxito

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El pasado 17 de julio los técnicos y los investigadores del CERN que trabajan en el LHC (Large Hadron Collider), que es su mayor acelerador de partículas, se llevaron un buen susto. A las 01 h de la madrugada de aquel lunes el haz de partículas del acelerador se bloqueó de forma súbita debido a que se produjo una perturbación de la línea eléctrica y el sistema de seguridad se activó de forma automática, tal y como está previsto cuando se produce un fallo de este tipo.

No obstante, las incidencias no se detuvieron ahí. Y es que 300 ms después de que se produjese la perturbación eléctrica varios de los imanes del acelerador perdieron la superconductividad, se sobrecalentaron y se produjo una fuga del helio líquido que se responsabiliza de enfriarlos para que se mantengan a la temperatura óptima de funcionamiento (2 kelvin). Los técnicos que mantienen el acelerador se dieron cuenta inmediatamente porque vieron que se acumulaba hielo sobre la superficie del segmento del acelerador afectado por esta incidencia.

El responsable del incidente fue, contra todo pronóstico, un árbol

No es ninguna broma. El origen de este incidente tuvo lugar a 55 km del CERN, en una zona boscosa del cantón de Vaud, en Suiza. Un árbol con una altura considerable colapsó y se precipitó hacia el tendido eléctrico que discurría muy cerca de su tronco, dañándolo. Este accidente, a priori con un origen fortuito, provocó la perturbación de la línea eléctrica que desencadenó, posiblemente de forma inmediata, la activación del sistema de seguridad del LHC y la pérdida de la superconductividad de varios imanes del acelerador.

Las máquinas con la complejidad que tienen tanto el LHC como los detectores de partículas con los que cuenta el CERN deben necesariamente estar minuciosamente ajustadas para operar correctamente. Por esta razón cuando se produce un incidente, por pequeño que sea, la actividad cesa de forma inmediata. Afortunadamente, los técnicos del acelerador identificaron el origen del problema con rapidez, aproximadamente 10 horas después del incidente, y se dispusieron a planificar las reparaciones que era necesario llevar a cabo para que el acelerador volviese a funcionar con normalidad.

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El sobrecalentamiento de los imanes produjo una pequeña fisura de 2,16 mm en el criostato

El sobrecalentamiento de varios imanes había provocado que se incrementase la presión en el criostato que los confina (a grandes rasgos este elemento es el recinto que los aísla del ambiente exterior), lo que produjo una pequeña fisura de 2,16 mm por la que comenzó a fugarse el helio líquido. Dicho así este problema no parece gran cosa, pero resulta impactante que los técnicos lograsen localizar en relativamente poco tiempo esta diminuta fisura en un criostato de nada menos que 50 m de longitud.

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Esta era la primera vez en los 15 años de operación de estas instalaciones que tropezaban con un problema como este

Eso sí, para localizar el desperfecto y planificar con garantías la reparación que era necesario acometer fue necesario contar con expertos de varios departamentos del CERN (ingeniería, imanes, criogenia, seguridad, alimentación, instrumentación, etc.). Al fin y al cabo esta era la primera vez en los 15 años de operación de estas instalaciones que tropezaban con un problema como este, por lo que todavía no habían definido un protocolo de actuación. En la siguiente fotografía, sentado bajo el acelerador, podemos ver al ingeniero Graeme Barlow, del grupo de vacío del LHC, instalando la máquina de test que necesitaban para localizar la fisura.

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Una vez que los técnicos encontraron la diminuta fisura en el criostato del LHC lo abrieron e iniciaron los trabajos de reparación. Afortunadamente todo salió bien y completaron tanto la corrección como las pruebas de verificación que garantizan que el sistema criogénico y los imanes superconductores del LHC funcionan correctamente en 10 días.

Este incidente, como es lógico, ha alterado la operación que estaba planificada para el acelerador, pero los técnicos esperan reanudar la actividad con normalidad a principios de septiembre. Sin duda, resolver un suceso de este calado en tan poco tiempo es un punto a favor de los ingenieros que velan por el correcto funcionamiento de una de las máquinas más complejas del planeta.

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Imágenes: CERN

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