Portugal recupera una pieza esencial de su infraestructura energética: el Estado ha comprado a Pontegadea, el family office de Amancio Ortega, el 13,7% de Redes Energéticas Nacionais. Lo que parece una operación financiera más en realidad esconde un movimiento de fichas sobre el tablero que dibuja de nuevo el modelo de soberanía energética de nuestro país vecino y que también afecta a España.
¿En qué ha consistido la operación? Amancio Ortega, a través de su sociedad inversora Pontegadea, ha vendido a la empresa pública portuguesa Parpública 91.723.676 acciones que adquirió en 2021 de Redes Energéticas Nacionais (REN), la gestora de las redes de electricidad y gas de Portugal. El paquete equivale al 13,7 % del capital de REN, como explica elDiario.es, y la operación supone el regreso del Estado portugués al capital de REN doce años después de su salida
No faltan las voces críticas. Algunos medios portugueses como Jornal Expresso sitúan el importe de la operación en unos 380 millones de euros, con una prima del 17% sobre el precio de las acciones de REN antes del acuerdo, aunque estos datos de compraventa no se han desvelado oficialmente.
Si esa valoración es correcta, habría sido una operación muy atractiva para el dueño de Inditex y puede que no tanto para Portugal. Algunas voces críticas sostienen que el Estado ya disponía de mecanismos para supervisar determinadas decisiones de REN sin necesidad de entrar en su accionariado, entre ellos su papel en la regulación y las concesiones.
¿Por qué es importante esto para la Península Ibérica? La empresa REN gestiona las infraestructuras esenciales de Portugal en materia de transporte de electricidad y gas, algo central a día de hoy en un contexto en el que todo está en juego. En un momento en el que el auge de las renovables hace que se genere más energía que nunca, aunque de forma variable, y las redes de transporte y las interconexiones eléctricas sean cada vez más relevantes.
El Gobierno de Montenegro defiende que recuperar una participación en REN refuerza la capacidad del Estado para participar en las decisiones sobre una infraestructura estratégica.
Y esas decisiones no se quedan solo dentro de Portugal.
La península está cada vez más interconectada. La operación, por tanto, va bastante más allá de una compraventa de acciones entre Pontegadea y el Estado portugués. Portugal recupera una posición relevante en una infraestructura crítica justo cuando las redes eléctricas se han convertido en uno de los grandes cuellos de botella de la transición energética. Y, en una península cada vez más interconectada, lo que ocurre al otro lado de la frontera también acaba afectando a España.
Un buen ejemplo es la línea Minho-Galicia. La nueva línea, que ahora gestionará entre otros la empresa pública portuguesa, aumenta la capacidad de intercambio entre ambos países y contribuye a una mayor integración de sus sistemas eléctricos y de las renovables. Gracias a este proyecto, la capacidad de intercambio energético entre los dos sistemas ha aumentado en unos 1.000 MW hasta alcanzar un total de 4.300 MW de España a Portugal y 3.500 MW en sentido contrario.
China sigue teniendo el 25% de REN. A pesar del esfuerzo del Gobierno de Montenegro por reintroducir al Estado en esta empresa estratégica, la principal participación de REN sigue siendo de la empresa china State Grid, que controla el 25%.
Este tipo de operaciones siempre han despertado el recelo de muchos gobiernos europeos que ven en la inversión directa de China en muchas empresas estratégicas una verdadera “invasión económica”. Sin embargo, no parece ser el caso de Portugal. Las relaciones económicas entre Lisboa y Pekín a ese nivel se remontan a hace más de una década, cuando, durante la crisis de la Eurozona en 2011, China ayudó a muchas empresas portuguesas con grandes inyecciones de capital, como cuenta El Economista.
Y mientras tanto, Amancio… La salida de Pontegadea de REN no supone el abandono por parte de Ortega de este tipo de negocios. Por el contrario, el millonario se mantiene en Redeia, la empresa que gestiona la red eléctrica española, con un 5% del capital que le convierte en el segundo mayor accionista solo por detrás del Estado.
Imagen | Dmitrii E.
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