Zelenza tiene 2.000 empleados en servicios TIC y un barco sin nadie a bordo. Su futuro depende de lo segundo

Zelenza tiene 2.000 empleados en servicios TIC y un barco sin nadie a bordo. Su futuro depende de lo segundo

Un exdirectivo de Telefónica está pilotando la transición de un grupo de servicios hacia enjambres de drones y munición merodeadora

Sin comentarios Facebook Twitter Flipboard E-mail
Zelenza 2
javier-lacort

Javier Lacort

Editor Senior - Tech
javier-lacort

Javier Lacort

Editor Senior - Tech

El 9 de diciembre de 2024, en la base naval de Rota, la Armada española recibió una embarcación de siete metros de fibra de vidrio que a primera vista parecía una semirrígida cualquiera. No lo era: no tenía sitio para nadie.

El SEAD 23 alcanza unos 36 nudos (unos 67 km/h), carga hasta 600 kilos entre combustible y sensores y puede pasarse una semana en el mar a cuatro nudos. Es el primer drone de superficie de la Armada española. Costó 1,1 millones de euros. Hoy la Armada tiene dos.

Sead 23 03 El SEAD 23 durante unas pruebas en la ría de Vigo. Imagen cedida.

Lo construyó Seadrone, un pequeño astillero de Vigo. Desde 2023, Seadrone pertenece a Zelenza. Y Zelenza, para la inmensa mayoría de sus 2.500 empleados, no es una empresa de drones: es una empresa que gestiona redes, mantiene infraestructuras y atiende a los clientes de otros.

Esa doble vida es lo interesante de esta empresa.

Dos empresas y un solo logo

“La Zelenza actual es una empresa de servicios tecnológicos porque históricamente era así”, resume Pedro Alfaro, su CEO, en conversación con Xataka. Un mercado maduro que concentra casi toda la plantilla y los ingresos. Y, al lado, otra cosa: una apuesta “muy centrada en defensa y seguridad y en el mundo de lo no tripulado”. El propio Alfaro lo llama “un punto de ruptura”: están bajo el mismo paraguas, pero son dos entornos que no se parecen en nada.

Las cifras permiten hacernos una idea de la proporción de cada una en el negocio. De los 120 millones de euros ingresados en 2025, Defensa y Seguridad aportaron 20, una sexta parte. Y casi todo lo vendido ahí son proyectos de I+D, pilotos o prototipos, no contratos recurrentes. La Zelenza de los drones todavía es más promesa que negocio, y su CEO no lo disimula. De hecho responde a nuestras preguntas con una franqueza no tan habitual en ese rol.

Zelenza 04 Pedro Alfaro, CEO de Zelenza. Imagen cedida.

Zelenza nació en 2018 de una fusión: el grupo Alza se unió a otro de tamaño parecido, el Grupo POAS, y ambos estrenaron nombre “para que no hubiera vencedores y vencidos”. Alfaro llegó entonces, tras toda una carrera en Telefónica, donde había sido director de defensa y seguridad y después consejero delegado de Telefónica Ingeniería de Seguridad. José Fernández, dueño y accionista único del grupo, quería entrar en defensa. Alfaro le propuso un nicho entonces incipiente, lo no tripulado, y un método.

El método propuesto nació de una cicatriz. “Cada vez que cogíamos una startup, en un año nos habíamos quedado sin tecnología, sin empresa y sin startup”, recuerda de su etapa anterior.

Así que Zelenza no compra el 100%. Pero su participación es siempre mayoritaria, por encima del 50%, y los fundadores conservan el resto, siguen como socios, mantienen su marca y controlan el I+D hasta que el producto está definido. A partir de ahí entra el grupo para las siguientes fases: industrialización, financiación, acceso al mercado y venta. Todo lo que una pyme de ingenieros habitualmente resuelve peor porque simplemente no es su especialidad.

El ecosistema tiene hoy cuatro patas:

  1. ZelenzaTech, creada desde cero para el software de mando y control.
  2. Swarming Technologies & Solutions, dedicada a enjambres.
  3. Seadrone, plataformista naval.
  4. Y Simfor, de simulación, la última en llegar.

El riesgo del modelo parece claro: acabar siendo una colección de empresas que hacen cosas distintas con el mismo logo. Preguntado por esta cuestión, Alfaro responde hablando de comités compartidos, estrategia común y venta cruzada: el software de una gobierna los barcos de otra. Es una respuesta razonable. También es la que daría cualquier holding.

Un piloto, un mando, un drone

Hace ocho años, explica Alfaro, el drone se entendía como una tríada:

  1. Un aparato.
  2. Un mando.
  3. Un piloto.

Este enfoque era muy útil para subir una cámara, pero inservible para escalar dentro de un ejército. La apuesta fue el software que rompiera esa relación de uno a uno.

Ese software se llama SIMACODA. El operador no vuela: define misiones sobre un mapa y las reparte entre varios drones, ya sean aéreos, navales o terrestres. El sistema evita que choquen, permite reasignar tareas sobre la marcha y, si un sensor detecta un aparato no amigo, enviar uno propio a identificarlo. El piloto pasa a ser un supervisor.

Simacoda Interfaz Interfaz de mando: cuatro drones, misiones asignadas sobre el mapa y vídeo en directo de cada uno. Imagen cedida.

El siguiente escalón es el enjambre, y Alfaro se esmera en desmontar la imagen popular, síntoma de que se suele estrellar contra el mismo prejuicio una y otra vez: esto "no tiene nada que ver con las lucecitas de las fiestas de pueblo. Un enjambre militar es un grupo de drones con cómputo a bordo, comunicaciones de todos con todos y ninguna jerarquía". Si pierden unidades, se reordenan y siguen con la misión.

Enjambre Multidominio Prueba de enjambre con drones multirrotor y de ala fija. Imagen cedida.

La dificultad, insiste, está en el software, porque “la mayoría de las plataformas se parecen mucho”. Y en meter IA en unos 200 gramos de cómputo embarcado, con un presupuesto de cómputo que nada tiene que ver con el de tierra. Lo que no es suyo, lógicamente, es el silicio: corren sobre módulos Jetson Orin de NVIDIA.

Los dos frentes abiertos son los del resto de la OTAN:poder  sobrevivir sin comunicaciones y navegar sin GPS, con sistemas inerciales que derivan con los kilómetros, LiDAR o georreferenciación sobre mapas del terreno.

De ahí sale el argumento más incómodo de la conversación. En la llamada “zona de la muerte” de Ucrania no hay enlace alguno, y por tanto no hay un humano en el bucle: “Las máquinas tienen que tener ya las reglas de enfrentamiento”. Igual que en un escudo antimisiles, donde ninguna persona decide a tiempo. Alfaro lo plantea como una constatación técnica, no como una postura. Pero es exactamente el debate que Europa lleva años aplazando, y empresas como Zelenza lo están resolviendo por la vía de los hechos.

Sobre su posición, Alfaro no se queda corto: dice que en enjambres están a un nivel “muy equiparable a países líderes” y que en Europa “podemos tranquilamente decir que lideramos”.

Es difícil verificarlo desde fuera, pero hay hechos que van más allá de la demo. El CETEDEX, el centro de experimentación del Ministerio de Defensa, les ha comprado un enjambre para usarlo como red team: atacar con él los sistemas antidrone de las Fuerzas Armadas y ver si aguantan. Tienen además un contrato del Programa Coincidente para desarrollar esta tecnología, y la han probado con los tres ejércitos, también en ejercicios de la OTAN. Y han firmado acuerdos de confidencialidad con grandes empresas de defensa europeas, estadounidenses y asiáticas que se han interesado por ella.

Vender cartuchos

Si se le pregunta qué valdría más de la empresa proyectada a futuro, la respuesta no es el software. Son las municiones.

Zelenza desarrolla con Instalaza, la armera zaragozana, una munición merodeadora que espera industrializar el año que viene, a entre 40.000 y 50.000 euros la unidad. Y está terminando el HALCÓN, un interceptor antidrone aéreo, también capaz de llevar cabeza de guerra, de unos 3.000 o 4.000 euros. En el mar, una de las configuraciones de su USV ORCA funciona como munición merodeadora naval.

“No te puedes cargar un drone iraní que vale 20.000 euros con un misil de un millón”, dice Alfaro. Pero con varios interceptores de 3.000, sí. Y gastar 50.000 en detener un carro de combate sí sale a cuenta.

Es como pasar de vender impresoras a vender papel y cartuchos de tinta: productos mucho más baratos, consumibles, de volumen. Y es también el cambio de naturaleza más profundo de la empresa. Cuando se le pide que diga qué le habría parecido fuera de su alcance hace cinco años, Alfaro no menciona los barcos ni los enjambres. Menciona esto. “Hace cinco años no estábamos pensando estar en temas de munición”. Zelenza entró en defensa con tecnología dual, útil también para emergencias o fronteras. Ahora fabrica cosas completamente orientadas para la guerra.

La pinza

Toda transición empresarial tiene un punto débil, y el de Zelenza está a la vista: el negocio viejo financia al nuevo, y el viejo está amenazado. No el suyo en particular, sino el de todo su sector.

Alfaro espera que Defensa facture unos 200 millones anuales dentro de cinco años. Es decir, multiplicar por diez la división en un lustro. Y cree, a la vez, que los servicios tradicionales pueden encoger “tanto en personas como en ingresos” porque es un mercado “muy impactado” por la IA y los agentes. Más máquinas, menos humanos, precios más bajos. Es una franqueza poco habitual en alguien con 2.500 empleados en ese lado de la casa. Y se agradece.

Mientras tanto, el I+D se paga “a pulmón”. Según su estimación, ronda entre el 3% y el 4% de la facturación. Sobre 120 millones, eso son entre tres y cinco millones al año: no es mucho para quien aspira a liderar una tecnología en Europa, pero sí lo es frente a los 20 millones que hoy ingresa Defensa y Seguridad.

Y el dinero del rearme, de momento, no baja. Las tractoras (Indra, Navantia, Airbus) ya han recibido préstamos para ampliar y modernizar su capacidad industrial. A las medianas y pequeñas, “todavía no ha calado”. Para empresas de su tamaño, el rearme europeo sigue siendo “un tema de expectativas”.

Estacion De Control Cgs Sead 23 Consola de control de los USV de Seadrone. Imagen cedida.

Hay señales de tracción. La Armada ya tiene dos SEAD 23, Zelenza ha presentado una oferta en un país asiático y dice haber recibido interés de varios países de Europa, América y Asia. La Guardia Civil, a través del CDTI, le adjudicó en mayo de 2025 un sistema de interceptación de narcolanchas con drones marinos: 2,3 millones, tres años y tres fases. Ahora está en la segunda, con prototipos de interceptores autónomos con IA a bordo. Pero la escala sigue siendo la que es: contratos de uno o dos millones para una división que aspira a facturar 200.

Zelenza vive en una pinza: un negocio maduro que la IA puede ir adelgazando y otro prometedor que depende de un dinero público que aún no ha llegado. La apuesta, sobre el papel, tiene todo el sentido del mundo. La pregunta es si el dinero del rearme llegará antes de que la IA se coma el negocio que la paga. O al menos a tiempo de compensar una cosa con la otra.

Imagen destacada | Cedida

En Xataka | Hace quince años Escribano era un taller de tornos. Hoy fabrica las torres de combate del Ejército español: así es EM&E por dentro

Inicio