Chernóbil levantó una gigantesca estructura de acero para proteger su reactor durante un siglo y ahora necesita 500 millones para repararla

El G7 acaba de poner 260 millones sobre la mesa para reparar los daños a consecuencia de un ataque ruso en 2025, pero no serán suficientes

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Alexandra Ramírez

Colaborador

El 14 de febrero de 2025 el rumbo de la historia podría haber dado un vuelco trágico. Un dron ruso alcanzó la central nuclear de Chernóbil, donde se encuentra el arco de metal que hoy cubre el reactor del desastre de 1986. Este ataque dañó la estructura y provocó un incendio en el revestimiento exterior que podría haber tenido unas consecuencias fatales, no solo para Ucrania, sino para Europa e, incluso el mundo.

Tras una inspección del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), se estipuló que la estructura presenta daños tan grandes que ha perdido sus funciones de seguridad primarias, incluida la capacidad de confinamiento de la radiactividad. De ahí que, como explica El Periódico de la Energía, varios países del G7 se han comprometido a destinar 260 millones de euros para su reparación, aunque lo cierto es que se necesitarán otros tantos para conseguir restaurar sus funciones de seguridad del todo.

Iba a durar un siglo. El Nuevo Confinamiento Seguro, que es como se conoce a la estructura de acero que hoy cubre la antigua central nuclear de Chernóbil, se terminó en 2019, convirtiéndose en la mayor estructura metálica del mundo, como explica El Periódico de la Energía. Con 110 metros de alto, 150 de ancho y 256 de largo, y un peso de más de 30.000 toneladas, esta nueva instalación venía a cubrir el antiguo sarcófago, que se construyó a contrarreloj tras el accidente entre mayo y noviembre de 1986, con una vida útil estimada de unos 30 años.

Para su puesta en servicio, el Nuevo Confinamiento Seguro estuvo a prueba durante 72 horas y demostró ser capaz de proteger de nuevas emisiones de radiación, así como de permitir el desmantelamiento de forma segura, llegado el momento, del reactor destruido. La estructura estaba diseñada para durar 100 años, según cuenta la BBC. Eso sí, claro, sin injerencias exteriores. 

El dron que lo cambió todo. El 14 de febrero de 2025, un ataque con drones rusos dañó la cubierta, abriendo un enorme agujero en el metal, y los equipos del taller de mantenimiento de grúas; además, provocó un incendio en el revestimiento exterior de la estructura de acero que alcanzó los 40 metros cuadrados y que, afortunadamente, fue extinguido rápidamente por los servicios de emergencia.

La OIEA, en una evaluación de seguridad, calificó los daños sufridos de graves y, aunque no llegaron a ser permanentes en las estructuras portantes o en los sistemas de monitorización, sí se ha perdido la capacidad de confinamiento: aunque no haya una fuga radiactiva ahora mismo, al estructura ya no garantiza las condiciones de seguridad para las que fue diseñada. Por eso, es conveniente llevar a cabo una reparación integral, con el fin de evitar una mayor degradación y de mantener la seguridad nuclear a largo plazo.

500 millones de euros. Tras las primeras evaluaciones, la central nuclear de Chernóbil y el consorcio NOVARKA 2 estimaron que sería imprescindible restaurar la funcionalidad de la estructura. Estas reparaciones podrían costar al menos 500 millones de euros, como indica el European Bank for Reconstruction and Development (EBRD). 

Para lograr esa cifra, de momento los miembros del G7 han anunciado la partida de 260 millones de euros para restaurar la estructura y han hecho un llamamiento a otros socios internacionales para alcanzar la cifra necesaria.

¿Existe riesgo alguno para Europa? Según las mediciones llevadas a cabo por la OIEA desde el ataque y que recoge el EBRD, no parece que los niveles de radiactividad hayan aumentado en estos meses, aunque siguen recomendando reparar la estructura antes de 2030, cuando se espera que pueda empezar la corrosión del arco de acero. 

Sin embargo, esto no quita que en los últimos años los ataques a instalaciones nucleares se hayan dado desde varios bandos. Cuenta El País que la ONU denunciaba el pasado mes de mayo varios ataques con drones sobre Zaporiyia, la mayor planta atómica de Europa, enclavada en Energodar, un municipio controlado por el ejército ruso. No es raro pensar que la temeridad de estas ofensivas puede llegar a provocar una catástrofe como la que lleva advirtiendo la OIEA. Aún así, parece improbable que Rusia provoque un desastre nuclear de forma premeditada en Ucrania, según algunos expertos consultados por El País, ya que, a la vez que al resto de Europa, «se perjudicaría a sí misma, porque la nube radiactiva les llegaría con toda seguridad». Y lo mismo ocurriría al revés.


Imagen | Mads Eneqvist

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