La misteriosa muerte de las águilas calvas: acabamos de descubrir qué lleva 25 años causando estragos entre las aves de América del Norte

La misteriosa muerte de las águilas calvas: acabamos de descubrir qué lleva 25 años causando estragos entre las aves de América del Norte
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Durante 25 años, la mielinopatía vacuolar aviar ha matado a un sin fin de aves acuáticas y de rapiña en Norteamérica. Solo entre el 94 y el 99, murieron un total de 56 águilas calvas en Arkansas. Sin embargo, los investigadores eran incapaces de dar con la tecla que se escondía tras esa extraña enfermedad neurológica que estaba cebándose especialmente, no lo olvidemos, con el símbolo nacional de Estados Unidos.

Ahora, como si de una vieja película de asesinos en serie se tratase, un equipo de investigadores acaba de encontrar al culpable. Y la carambola es, sinceramente, bastante inesperada.

Aves, toxinas y seres humanos

La clave parece estar en una nueva toxina producida por una especie invasiva de cianobacterias que se ha identificado hace poco. Sin embargo, no se produce en condiciones normales; solo cuando las cianobacterias se exponen a bromuro antropogénico. Cuando estas bacterias colonizan una planta, la toxina afecta a los animales que la consumen, pero también al resto de la cadena trófica porque se bioacumula.

Antes he usado el término "inesperado" y quizás no es el más preciso. Si analizamos el estudio que publica la revista 'Science', descubrimos que los dos elementos fundamentales son el cambio climático y la actividad humana. Es decir, los mismos sospechosos de siempre. Sin embargo, lo interesante es que lo hacen de una forma tan retorcida y afilada que ha costado 25 años de dilucidar.

Y eso que las águilas calvas estuvieron muy cerca de la extinción a finales del siglo XX y este hecho impulsó no solo los programas de investigación en torno a la mielinopatía vacuolar aviar, sino que motivó la puesta en marcha de una campaña de recuperación. Muy exitosa, por cierto. ¿Qué hubiera pasado si las afectadas hubieran sido las fochas cenicientas, los patos reales o los porrones de collar? Que probablemente aún no habríamos descubierto esta conexión.

Sin ánimo de elevar el caso a categoría y más allá de las águilas calvas, lo cierto es que parece inevitable pensar qué elementos están actuando sin ser percibidos provocando cambios radicales (e irreversibles) en la biodiversidad del planeta. En resumen, como a veces pasa con la ciencia, hemos tardado 25 años en descubrir que nos quedan muchas cosas por saber.

Imagen | Marco Bicca

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