El mayor culpable de la adicción infantil a las pantallas no es el algoritmo de TikTok: son los propios padres

Un experimento mostró que el 40% de los padres ignoraban a sus hijos por estar usando su propio móvil

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José A. Lizana

Colaborador

Tener hijos parece que activa en el cerebro una parte que obliga a decir la repetida frase "Deja ya la maquinita" haciendo referencia al móvil o a la videoconsola portátil. Aquí, lógicamente, la preocupación por el tiempo de pantalla de los más pequeños monopoliza las conversaciones de los padres más actuales, pero la realidad es que la ciencia está comenzando a ver que la culpa de estos comportamientos está realmente en los propios padres. 

Una realidad. El debate sobre si los niños nacen "adictos" a la tecnología se desvanece cuando observamos la evidencia empírica. No es solo que los dispositivos estén diseñados para captar la atención; es que el primer y más poderoso algoritmo de aprendizaje de un niño es observar a sus padres que se pasan el día delante de la pantalla. 

La teoría de Bandura. Para entender por qué los más pequeños no sueltan la tablet, primero hay que viajar unas décadas atrás, a la teoría del aprendizaje social del psicólogo Albert Bandura. Este marco teórico, ampliamente validado, establece que los niños no aprenden principalmente por lo que se les dice, sino por la observación y la imitación, especialmente de aquellos que perciben como cercanos y competentes, como son sus padres. Literalmente, hablamos de esponjas que no pierden detalle de nada. 

Cuatro fases. Para que se aprenda a través de esta vía, es necesario primero que el niño preste atención al comportamiento que tiene su adulto 'de referencia' como puede ser su padre o su madre. A partir de ahí, va a comenzar a retener el patrón que realice su cuidador en su memoria, casi como una conducta normativa, y desarrolla la capacidad física para imitar el gesto. 

Pero va más allá, puesto que al observar los refuerzos, como por ejemplo que sus padres se rían al ver el móvil, se crea una asociación con un estímulo positivo. Esto es realmente importante porque ve que hacer esa acción es algo que no es para nada peligroso, sino que es divertido y agradable. 

La pediatría moderna. Más allá de esta teoría, un reciente metaanálisis publicado este mismo año en la prestigiosa revista JAMA Pediatrics ha analizado el impacto del uso de la tecnología por parte de los padres en presencia de sus hijos. Este agrupa a un total de 21 investigaciones previas y abarca a 14.900 participantes de 10 países, demostrando empíricamente que existe una asociación directa entre el tiempo que los padres pasan frente a una pantalla y el tiempo que acaban pasando sus hijos con ellas. 

Pero además, también se ha visto cómo puede generar un impacto negativo en la cognición infantil o un aumento de conductas externalizantes como rabietas o ansiedad. 

El móvil en la mesa. La desconexión que genera el smartphone no solo crea un modelo a imitar, sino que rompe la interacción bidireccional que los niños necesitan para un desarrollo cerebral sano. Algo relevante es que el 70% de los padres admite distraerse con el teléfono móvil cuando están con sus hijos, y aquí hay un estudio en Pediatrics en 2014 donde se observó este fenómeno; ya se observó este fenómeno en el entorno de los restaurantes de comida rápida. 

Según sus datos, el 40% de los padres estaban tan absortos en sus dispositivos durante las comidas que ignoraban a sus hijos por completo. Pero peor aún fue cuando los niños intentaban llamar su atención, a menudo escalando su comportamiento, y provocaba simplemente que los padres respondieran con mayor dureza física o verbal al sentirse interrumpidos.

Las recomendaciones. La Asociación Americana de Pediatría lo tiene bastante claro al apuntar que los menores de 18 meses deben evitar por completo las pantallas, y en la franja de 2 a 5 años se puede introducir con un máximo de 1 hora al día y siempre que se vea contenido de alta calidad y acompañado. 

Imágenes |  hessam nabavi

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