Las abejas europeas han perdido un tercio de su territorio en un siglo. Y el cambio climático no es el principal culpable

Las abejas siguen retrocediendo en Europa y eso nos marca un futuro preocupante

Abejas
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José A. Lizana

Editor

Desde pequeños nos enseñan que las abejas son fundamentales para la supervivencia de la humanidad gracias a su capacidad de polinización. El problema llega cuando los datos de los que disponemos nos informan que las abejas europeas han perdido aproximadamente un tercio de su territorio en los últimos cien años. Y no se trata de una estimación al aire, sino de la conclusión a la que ha llegado la Estación Biológica de Doñana, que ha logrado mapear el declive de nuestros polinizadores. 

Viene de lejos. Para saber hacia dónde vamos, primero hay que saber de dónde venimos. Ese ha sido el objetivo del equipo internacional que ha conseguido construir una inmensa base de datos que compila más de 4,3 millones de registros de abejas y más de un millón de registros de sírfidos, que son esas moscas que imitan visualmente a las abejas y avispas y que son polinizadores clave. 

En total, han logrado cubrir el 88% de las especies europeas de estos grupos, reconstruyendo sus movimientos y poblaciones a lo largo del último siglo.

El resultado apunta a que las especies de abejas han visto cómo su área de distribución se reducía en un 33%. Sin embargo, el comportamiento no ha sido idéntico en todos los insectos, puesto que mientras las abejas retrocedían, la distribución de los sírfidos experimentó una expansión importante, especialmente durante las primeras décadas del siglo. Y si nos lo traemos al ámbito nacional, la zona donde entra Galicia es una de las más afectadas (aunque no únicamente Galicia). 

Esto demuestra que los cambios ambientales producen ganadores y perdedores, aunque la tendencia a largo plazo empiece a amenazar a ambos grupos.

El clima aprieta. A la hora de buscar culpables, es fácil señalar directamente al cambio climático. Aquí los datos apuntan a que las abejas adaptadas al frío han caído más rápido que las adaptadas al calor, pero el impacto del clima por sí solo ha sido modesto. El verdadero problema ha estado en la pérdida de su hábitat, impulsada por la agricultura intensiva, algo que ha llegado a que alrededor del 10% de las abejas silvestres europeas estén en riesgo de extinción. 

Otro problema es que estamos acostumbrados a que muchas abejas terminen migrando hacia el norte buscando el frío, pero los abejorros no lo están haciendo. Lo que está pasando aquí es que los rangos territoriales se están contrayendo y aplastando, puesto que las temperaturas están superando sus tolerancias históricas y, al no poder desplazarse a nuevos hábitats viables, sus poblaciones desaparecen. 

Tendrá consecuencias. Proteger a estos insectos no es solo una cuestión de sensibilidad ecológica, sino que es de pura supervivencia económica y alimentaria. Aquí tenemos como referencia el informe de la plataforma IPBES que apunta a que el 75% de los cultivos alimentarios del mundo y casi el 90% de las plantas silvestres con flor dependen en alguna medida de la polinización animal. 

Esto significa que, sin abejas ni sírfidos, la viabilidad de nuestra producción agrícola colapsaría, encareciendo drásticamente la cesta de la compra y poniendo en jaque la seguridad alimentaria mundial.

La receta ya está inventada. Frente al catastrofismo, los datos ofrecen una salida técnica y cuantificable que los expertos apuntan como viable. Esta solución pasa por cuidar el paisaje agrario, y la ciencia ya ha calculado la "dosis" exacta de naturaleza que necesitamos. Aquí un estudio publicado en Science apuntó a que se necesita un 6% de hábitat natural para sostener a los sírfidos, un 16% para las abejas solitarias, un 18% para los abejorros y un 37% para las mariposas. 

No se trata de abandonar la agricultura, sino de rediseñarla. Mantener linderos con flores silvestres, setos naturales y parches de vegetación autóctona entre los cultivos es suficiente para que la biodiversidad rebote.

Imágenes | Skyler Ewing 

Vía | El País

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