John Wayne llegó en 1963 a España a bordo de su yate privado para rodar uno de sus mayores fracasos de taquilla

John Wayne compró un dragaminas de la Segunda Guerra Mundial por 116.000 dólares y lo convirtió en su yate

John Wayne Yate
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John Tones

Editor Senior - Entretenimiento
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El Wild Goose es el yate que entró en el puerto de Barcelona el 11 de agosto de 1963, procedente de Palma de Mallorca y con rumbo a Marsella. A bordo iban John Wayne, su mujer Pilar Pallete, dos de sus hijos y un grupo de amigos invitados al crucero. El actor volvió a la ciudad poco más de un mes después, ya sin estar de vacaciones, para protagonizar la superproducción 'El fabuloso mundo del circo', que dio más de un dolor de cabeza a su productor.

Ese yate bueno. Wild Goose se construyó en 1943 con la intención de que fuera un dragaminas para la Marina estadounidense, y pasó el primer tramo de su vida útil despejando campos de minas en las islas Aleutianas, en el norte del océano Pacífico. En 1946 se le dio de baja de sus funciones y pasó primero a un naviero de Vancouver y después a un empresario maderero de Seattle.

Llega John Wayne. John Wayne lo compró en 1962 por 116.000 dólares y lo convirtió en un lujoso espacio de ocio, con piano de cola, comedor formal, biblioteca y camarotes renovados. Por tanto, aquella visita de ocio a España fue el primer gran viaje del yate reformado. Todo esto lo sabemos gracias a Hornblower, la empresa que opera hoy la nave como crucero turístico en California. 

Un circo. El primer director previsto para 'El fabuloso mundo del circo' no era Henry Hathaway, que acabó firmándola. Era un encargo del superproductor Samuel Bronston a Nicholas Ray, que tuvo que ser apartado del proyecto tras sufrir un infarto durante el rodaje de '55 días en Pekín'. Su primer relevo fue el legendario Frank Capra, director de clásicos como 'Qué bello es vivir', pero chocó con James Edward Grant, guionista habitual de Wayne, y con el propio actor, que odiaba los guiones previos, gestionados por Capra. Éste abandonó el proyecto en el verano de 1963 y Hathaway asumió la dirección con el rodaje casi empezado. 

De qué va. Lo que convierte la película en una superproducción extraña es que no estaba muy claro el tono que se le quería dar a la historia, si un melodrama nostálgico o un vehículo de acción para Wayne. En ella, el actor da vida a Matt Masters, dueño de un circo itinerante que llega a Europa buscando a Lili Alfredo (Rita Hayworth), un antiguo amor cuya hija Toni (Claudia Cardinale) ha criado entre carpas y acróbatas. Pero nunca le ha contado que él es su verdadero padre.

Qué se rodó en España. El rodaje en Barcelona se centró en el hundimiento del barco que transporta el circo del protagonista, escena filmada en la zona del monumento a Colón con una réplica construida para la ocasión. Hasta 600 trabajadores del puerto, pescadores y vecinos fueron contratados como extras, y actores españoles como José María Caffarel, en el papel del alcalde de Barcelona, completaron el reparto. 

Fue un rodaje accidentado: en una secuencia con fuego real, la carpa del circo estuvo a punto de desplomarse sobre Wayne, que no oyó el aviso del ayudante de dirección para evacuar el decorado. Y en otra, ya subido al barco que se hundía, se torció una pierna y tuvo que ser atendido en un hospital de la ciudad. España estaba a punto de convertirse en uno de los escenarios baratos por excelencia de las producciones extranjeras, como sucedería con Almería y los westerns de Sergio Leone.

Un fracaso. 'El fabuloso mundo del circo' se filmó en Technirama y se amplió después a formato de 70 milímetros para estrenarse en ese formato tan de moda hoy gracias a Christopher Nolan, y que tres años antes había triunfado con 'La conquista del Oeste'. La película pinchó en taquilla, ya que con un presupuesto estimado de 9 millones de dólares, recaudó apenas 1,6 millones en Estados Unidos. Fue la última gran superproducción de Bronston en España: ese mismo mes, su productora se declaró en quiebra.

Un trágico final para uno de los grandes nombres del cine (que aún tendría que enfrentarse a más de un juicio por su dudosa forma de llevar las cuentas). Pero que, eso sí, tuvo uno de sus últimos grandes momentos icónicos cuando John Wayne atracó en el puerto de Barcelona con un yate propio.

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