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Todos los tipos de estafas que te encuentras en Wallapop y otros sitios de compraventa entre particulares
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Todos los tipos de estafas que te encuentras en Wallapop y otros sitios de compraventa entre particulares

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Mi propósito para 2020 era comenzar a hacer uso de las aplicaciones de compraventa de segunda mano, una buena forma de hacerse con productos más baratos (o eso suponía) y al mismo deshacerme de cosas que no uso, ganando así un dinerillo. Con esa premisa decidí renovar mi ordenador de trabajo. Dicho y hecho: subí mi iMac de 2017 a Wallapop y a esperar. Spoiler: tras sortear a curiosos, negociantes y hordas de timadores, lo vendí. Acompáñenme al lado más oscuro de las apps de compraventa por internet.

En Vneta

Para la elaboración de este artículo hemos repetido el procedimiento: mismas fotos, misma descripción, mismo precio y no solo Wallapop, sino también la clásica Milanuncios, Vibbo y Letsgo. En cuestión de segundos llegan los primeros interesados... y nos topamos con una estafa muy popular en los últimos tiempos en este tipo de apps: la de DHL que nos contaron hace unos días en Genbeta.

Supuestos pagos en metálico con DHL Express

El procedimiento es tal cual como narran nuestros compañeros. Lo primero que hicieron fue ponerse en contacto conmigo para preguntarme si seguía disponible y me facilitaron un email. Un consejo antes de empezar: las aplicaciones proporcionan un marco para poder interactuar con otras personas por lo que, en la medida de lo posible, mejor no salirse de estos canales. Pero lo hago: le escribo a primera hora de la tarde. En un par de horas obtengo respuesta.

Micheline Marine – nombre ficticio del estafador que usaremos nosotros también – me explica que quiere realizar la transacción, pero que me enviará el dinero en metálico a través de un supuesto servicio de DHL, que al mismo tiempo que me entrega el dinero, recogerá el ordenador. Me pide mi nombre, dirección, el precio y mi teléfono.

Panta

Digo que sí a todo y le envío mis datos personales medio inventados. Incluso le subo cien euros más al precio. Le da lo mismo. Un par de horas más tarde, me cuenta que todo ha sido un éxito salvo por un pequeño detalle: en la supuesta DHL le han pedido 200 euros extra para un seguro. Así, sin consultar con el vendedor, lo ha aceptado... ¿no pretenderá que se lo pague? Según Micheline, pronto recibiré una notificación.

Y lo hago. Aquí os dejo el pantallazo. La dirección del emisor es "@gmail.com" y no "@DHL.com" o similar – como cabría esperar –, pero bien, seguimos adelante. Un dato me llama la atención y decido presionarle un poco: ¡se ha dejado el nombre de mi calle! ¿Cómo van a venir entonces a recoger el pedido y a entregarme el dinero? Le pido por favor que lo modifique. Micheline me dice a los minutos que lo ha hecho y que debería recibir un nuevo mensaje. Lo hago: esta vez sí, va a llegar a la calle Xataka.

Panta2

Es momento de hacer zoom a ese correo de la supuesta DHL: descubrimos que para que el mensajero nos dé el sobre de Micheline, hace falta introducir el número de tarjeta, el nombre del titular, la fecha de caducidad y el CVC, todo lo necesario para operar con ella.

Pantallazo Dhl

No soy la única, una rápida búsqueda en Twitter nos devuelve el mismo modus operandi:

Transferencias

Casi al mismo tiempo recibo una notificación en Wallapop. Nuria nos escribe desde Alicante y tiene necesidad urgente (sic) de mi iMac, por lo que añade 50 euros sobre el precio. Menuda alegría te llevas cuando sucede esto y al mismo otros usuarios te escriben ofreciendo una oferta insultante, algo muy frecuente en estas aplicaciones. Nos cuenta Nuria que el iMac será para su marido, que vive en Barcelona. Nos da su WhatsApp y nos pone una condición: que el pago se realice mediante transferencia bancaria. Y sucede algo sospechoso: el usuario ya no está disponible en la app.

Tras meter los datos de Nuria en nuestros contactos, procedemos a hablar con ella. Llama la atención, aparte del castellano regulero que emplea, que nos pregunte por el precio final y nos pida las fotos que pusimos en Wallapop. ¿No me irás a regatear ahora, Nuria? Lo lógico y normal sería pedir más fotos o vídeos para documentar el estado del ordenador, pero a Nuria le valen las que había en el anuncio.

Timo Wal

Le envío una foto y queda satisfecha. Ojo porque nos asegura que nos enviará la dirección de su esposo después de transferir el dinero y, sabedora de que pagar por transferencia no es la mejor idea, nos dice una frase premonitoria "espero poder confiar en ti". Como soy una mujer empática, le ofrezco Bizum como alternativa. Nanai. Y le hago rabiar con un supuesto amigo que va a ir próximamente a Barcelona, por lo que podría realizar la transacción en mano.

La hasta entonces cercana Nuria contesta con un seco "Ok". ¿Habré hecho algo mal? De repente, veo que la foto de Nuria desaparece del perfil y los mensajes no le llegan. Me da que a Nuria no se lo vendo.

Una transferencia bancaria no es un buen método de pago para este tipo de transacciones. Como comprador, porque te la juegas a que el vendedor no te envíe la mercancía. Pero si eres vendedor, tampoco te fíes: existe un plazo de dos días para anular una transferencia, por lo que puedes enviar el paquete y quedarte sin dinero y sin tu objeto.

La estafa nigeriana

Tras poner mi anuncio en las apps habituales de compraventa entre particulares echaron el anzuelo con dos de los timos más populares... que no los únicos, porque hay un clásico que no ha hecho acto acto de presencia: la estafa nigeriana, que adquiere su nombre por la supuesta ubicación del comprador.

En cuanto el comprador se pone en contacto contigo, te ofrece una forma de contacto diferente a la del chat de la app – como ya hemos visto en los casos anteriores, esta puede ser la primera señal para estar alerta – , puede ser WhatsApp o el correo electrónico. A diferencia de los compradores reales, que solemos preguntar mucho y pedir fotos en abundancia para cerciorarnos del estado del producto en cuestión, aquí no nos pondrán demasiadas pegas: lo quieren y además quieren que lo envíes a un país lejano.

Puede ser Nigeria, pero también vale Italia, Países Bajos, Londres... lo importante es que sea fuera de España y que la molestia por enviar tu objeto fuera sirva como excusa para pagarnos un sobreprecio.

Y a partir de aquí, ofrecen dos formas de pago: la transferencia bancaria o PayPal, una variante en la que profundizaremos en la siguiente sección. En realidad, el modus operandi no cambia mucho porque como veremos más adelante la confirmación de las supuestas entidades financieras llegará pero... No lo sé Rick, parece falso.

Carolina Espada – potencial víctima de esta estafa – cuenta en su perfil de Twitter que los estafadores incluso enviaron fotos y vídeos de cómo iban en coche a hacer la transferencia e incluso el procedimiento en el banco. Un teatrillo. Tras completar la supuesta transacción, nos llegará un email para confirmarla: aunque lo parezca, no procede de PayPal o de tu banco, en este correo electrónico están suplantando su identidad. Como vemos en esta captura, incluso con una certificación de la Guardia Civil. Spoiler: esa transferencia nunca se ha producido.

Curiosamente no podremos sacar el dinero – ni lo veremos en nuestras cuentas bancarias o de PayPal – hasta que hagamos el envío y detallemos el número de seguimiento. Si hemos enviado el paquete, nos quedaremos sin él.

Pero la estafa no acaba aquí. Por si no fuera suficiente, en algunas ocasiones también recibiremos un correo adicional de "Paypal" o de "nuestro banco" explicando que el comprador ingresó más dinero que el que acordasteis y que para liberar el total del dinero es necesario que enviemos por Western Union la diferencia. Si lo hacemos, nos quedaremos sin la mercancía y sin el dinero.

Western Union no es un método de pago para transacciones comerciales, sino una forma de transferir fondos desde un remitente a un destinatario. Como se detalla en su web "no ofrece un servicio de fideicomiso o de cualquier tipo de política de protección de compra" y, en caso de usarlo para subastas o compras online nos recuerda que "nunca actúa como garante de la actuación de un comprador o un vendedor de subastas".

Paypal

Hasta ahora hemos visto que la forma de pago estrella para las estafas en Wallapop y similares son las transferencias, pero incluso un modo de pago tan segura para las compras en internet como Paypal propicia el escenario idóneo para una estafa.

El punto de partida no varía: un potencial comprador que nos ofrece salir de la aplicación para conversar y, sin poner reparos al precio de la venta o el estado del artículo, quiere comprarlo cuanto antes. Cuenta con una baza: Paypal nos suena a seguro, así que accedemos. Si cuando compramos en tiendas online lo usamos, ¿por qué no emplear Paypal con un vendedor particular?

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Si queremos enviar dinero a alguien a través de Paypal , hay dos formas diferentes de hacerlo. La más adecuada por una cuestión de seguridad es la de "Pagar productos o servicios", ya que ofrece mayor cobertura ante indicencias que puedan surgir durante la transacción. Eso sí, tiene un coste del 3,4% + 0,35 euros del precio del artículo. Luego está la de "Enviar dinero a amigos o familiares", más sencilla y sin coste adicional pero también sin protección.

El potencial comprador va a ser una persona muy maja que nos va a ofrecer ahorrarnos esa comisión, que duele especialmente en artículos de poco valor, por lo que nos hará el favor de usar la última opción. Tras realizar el pago, el estafador se esfuma y no podremos reclamar el dinero.

Es el caso que cuenta esta chica en Twitter, aportando los datos de la estafadora, ya que al haber usado el modo "Enviar dinero a amigos o familiares", Paypal no puede hacer nada.

La de los administradores de Wallapop

La popularidad de Wallapop ha propiciado la picaresca en un formato que ya hemos visto con las compañías de la luz, el agua o el gas: la de usurpar la identidad del servicio técnico. Súbitamente nos llega un mensaje a nuestro perfil en el que bajo cualquier pretexto se nos pide el correo electrónico y la contraseña, es decir, todo lo necesario para entrar en nuestra cuenta.

Como no es fácil que proporcionemos información tan crítica, se excusan en que están investigando fraudes, si bien también pueden llegar a decirnos que hemos sido denunciados por actividades fraudulentas por las cuales podríamos ser penalizados o incluso baneados del servicio.

Si caemos en la trampa, los estafadores procederán a cambiar la contraseña, algo para lo que se requiere un código que nos envía Wallapop. Sin problema: los supuestos estafadores nos pedirán ese código para completar su gestión. Ya tienen nuestra cuenta.

En este caso lo mejor es recurrir al soporte de Wallapop para informar de lo sucedido y bloquear al usuario.

Siempre nos quedará el contrareembolso... o no

Imaginemos que la operación de compraventa llega a buen puerto y por fin hemos adquirido ese producto deseado a buen precio, solo queda que llegue a casa. Como hemos acordado el pago contrareembolso, pensamos que nada puede salir mal. Y sale.

Porque en la realidad pagas cuando recibes el paquete y no cuando lo abres, momento en el que descubres que el producto está en un estado diferente al que lo compraste o que en lugar de una PlayStation 4 has recibido una baldosa. Antes de firmar y pagar, lo ideal sería abrir el paquete para ver su contenido, pero si el repartidor se niega, siempre podremos solicitar la devolución.

Caja Vacia

La única forma de protegernos ante este tipo de estafas se basa en abrir el paquete antes de firmar el recibo de conformidad, algo que las empresas de mensajería no suelen permitir. No obstante, siempre podemos rechazar el pedido en ese momento. En ese caso, es el comprador el que asume los gastos de la gestión... algo que no hace mucha gracia si la persona en cuestión quiere vender el artículo y no es un estafador.

Asimismo, esa caja con un producto que no se corresponde con la descripción también puede producirse al activar una devolución: el comprador recibe el artículo original, se lo queda, y devuelve un bonito ladrillo en su lugar.

Billetes falsos

Billetes

Las transferencias, Paypal y el contrareembolso tienen un nexo en común: son métodos de pago que usamos cuando hacemos transacciones a distancia, por eso muchos nos decantamos por la venta en persona. Quedamos, mostramos el artículo a la venta y, en caso de que el potencial comprador esté conforme, culminamos la transacción con el pago en metálico.

¡Qué alegría cuando llegas a casa con el fajo de billetes! O no, porque quizás sean falsos. Aquí la solución es simple: queda con el vendedor cerca de un cajero de tu entidad que permita el ingreso en efectivo y que este te acompañe. En caso de que el billete sea falso, no será admitido por la máquina.

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