Esta semana, el poder de la naturaleza nos puso los pelos de punta en el Himalaya, donde un glaciar cayó como si fuera una bomba arrasando todo un valle en cuestión de minutos y borrando del mapa el paso fronterizo entre Nepal y China en solo siete minutos. ¿La explicación científica? Aunque en un primer momento se habló de un GLOF (inundación por desbordamiento de lago glaciar), los análisis técnicos posteriores revelaron que se trató de un colapso glacial masivo: el desprendimiento de una gigantesca masa de hielo y roca que taponó el río y desató una riada devastadora al reventar.
Aunque el mecanismo exacto varíe, la amenaza en la alta montaña es constante. Ni es la primera vez que la zona sufre una catástrofe de origen glaciar (ya ocurrió un GLOF allí mismo el año pasado), ni el riesgo es exclusivo del Himalaya: se estima que 15 millones de personas viven expuestas a estos "tsunamis" glaciares. De hecho, fenómenos de riadas masivas por desprendimientos o deshielos ya ocurrían hace decenas de miles de años en lugares como la Sierra de Guadarrama, donde hoy esos antiguos depósitos sirven a la ciencia para datar cuándo la especie humana empezó a habitar la zona.
La riada segoviana. Como el Instituto Geológico y Minero de España contaba en X/Twitter apenas un día después de la tragedia, una riada como la de Nepal pasó en Segovia, concretamente en los valles del Duratón y Eresma, entre hace 90.000 y 49.000 años, cuando había glaciares en la Sierra de Guadarrama.
Hace algo más de una década se estudió lo que sucedió en el yacimiento del Abrigo del Molino: allí se encontraron sedimentos de aguas tranquilas procedentes de una inundación colosal ocurrida en la zona durante el Pleistoceno. Como explica Andrés Díez Herrero, geólogo del IGME-CSIC e investigador principal: "Fue el río Eresma quien depositó allí esa tierra, a una altura de más de 11 metros por encima de su cauce actual".
Una cueva vacía. Según el científico, cuando se fundieron los glaciares en la Sierra de Guadarrama, se formaron unos lagos que se rompieron bruscamente, lo que trajo grandes cascadas de agua, barro, piedras y ramas que fluyeron a gran velocidad por el valle del Eresma, llevándose todo lo que había a su paso y también inundando las cuevas y abrigos de las laderas.
En ese momento la cueva estaba vacía, ya que los sedimentos de la riada no contienen ningún resto humano. Cuando el valle ya se había estabilizado, llegaron miles de años después los primeros pobladores de Segovia: los neandertales.
Lo que las capas dicen. El yacimiento de Abrigo del Molino es una cueva de origen fluvio-kárstico que está completamente rellena de sedimentos detríticos, es decir, más de 4,5 metros de estratos: los de la base corresponden a la gran riada. Justo encima aparecen los niveles musterienses, es decir, restos de las herramientas de piedra que usaban los neandertales. La riada no acabó con ningún poblado, porque allí todavía no había nadie, simplemente dejó libre y habitable el valle poco después.
La prehistoria ya avisaba. Si en la actualidad sabemos que esto podría pasar en el viejo continente, concretamente en los Alpes, antaño ya pasó en la península Ibérica un mecanismo físico equivalente al que ha devastado el valle del Trishuli. Y esa capa de la riada es hoy la que permite datar con precisión la llegada de los neandertales que poblaron el interior peninsular durante el Pleistoceno.
Portada | Arturo Francisco Barbero y Wikipedia
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