Mucha gente no sabe que cuando el rover Perseverance partió rumbo a Marte, llevaba con él varios fragmentos de trajes de astronautas del tamaño de un pequeño sello cada uno. El objetivo era, una vez en el planeta rojo, exponerlos a sus condiciones ambientales, y comprobar qué tan bien las soportaba cada tejido. Sobre todo, había interés en analizar el polvo del regolito, ya que se sabe que en la Luna está compuesto por partículas afiladas, muy irritantes y abrasivas, tanto para la piel como para las mucosas. Por suerte, se ha comprobado que las partículas de polvo marciano son mucho más redondeadas. Pero ahí terminan las buenas noticias.
De cascos a guantes. En total, Perseverance cargaba con cinco muestras de tejidos de trajes de astronautas. Estas incluían un trozo de visera de casco de policarbonato; un fragmento de un material resistente a cortes, llamado Vectran, que se usa para confeccionar guantes; dos tipos de teflón, que tienen propiedades antiadherentes repelentes al polvo; y un material comúnmente utilizado para trajes espaciales, llamado Ortho-Fabric. Este último consta de varias capas. como el Nomex, un material que se encuentra en los trajes de bomberos por ser resistente al fuego; el Gore-Tex, que es impermeable pero transpirable; y el Kevlar, un material que se usa en chalecos antibalas por su gran resistencia. Se trata de tejidos muy útiles en la Tierra, ¿pero protegen frente a las inclemencias marcianas?
Perseverance se pone en modo científico. Las muestras de tejido iban montadas en el blanco de calibración de SHERLOC, un instrumento del brazo robótico del rover. Una vez expuestas al exterior, se usó el espectrómetro de rayos X (PIXL) del rover para analizar la composición de las partículas adheridas a cada muestra. Así, se vio que las partículas de polvo son muy redondeadas, porque han sido moldeadas por el viento, pero que su composición y su tamaño sí pueden ser muy peligrosos.
Demasiado pequeñas y tóxicas. Algunas partículas de polvo son tan sumamente pequeñas que podrían inhalarse y pasar al torrente sanguíneo, desde el cual serían capaces incluso de atravesar la barrera hematoencefálica y llegar al cerebro. Este sería solo uno de los órganos que podrían ser dañados por el regolito. Y es que su composición tampoco es muy esperanzadora, pues incluye sustancias como el azufre, el hierro, los percloratos y otros compuestos tóxicos. Los percloratos, de hecho, se encuentran entre los principales culpables de que Marte sea un lugar tan inhóspito.
La electricidad estática manda. Según los análisis realizados por Perseverance, la electricidad estática parece decidir qué tamaño de grano se adhiere a qué superficie. Los granos se cargan eléctricamente al chocar en el aire, por lo que pueden ser atraídos por los tejidos con carga contraria, como un imán. Sin embargo, cada material atrae granos de tamaños distintos. Se vio que las partículas más finas aguantaron pegadas durante años de conducción y perforaciones y que los polímeros orgánicos, como el teflón, son los que más fácilmente recogen el polvo fino.
Posibles soluciones. Detectar el problema es importante para ir pensando en posibles soluciones de cara a futuras colonizaciones al planeta rojo. Los científicos que han analizado los resultados de Perseverance creen que podría ser útil el uso de chorros de nitrógeno líquido, como en un lavadero de coches, o incluso la fabricación de trajes autolimpiables para los astronautas. Debe hacerse todo lo posible para que cuando vuelvan a la seguridad de sus naves y se quiten las escafandras no haya ninguna partícula peligrosa adherida a sus trajes.
Elon Musk llegó a hablar de pisar Marte por primera vez en 2028. Posiblemente la fecha no vaya muy bien encaminada, teniendo en cuenta que para entonces, como mucho, habremos vuelto a la Luna. De hecho, se dice que, después, ha hablado informalmente de la década de 2030. Aun así, es importante ir buscando medidas de protección. En este tipo de situaciones, la improvisación es una mala decisión.
Imagen | Simulación de astronauta en Marte. Pexels.
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