"Es como una droga": los agentes de IA nunca duermen, así que los fundadores de las startups tampoco

Los fundadores de startups se han convertido en esclavos de sus propios agentes.

Dormido en el puesto de trabajo
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Amparo Babiloni

Editora Senior - Tech
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Amparo Babiloni

Editora Senior - Tech

2026 ha sido el año de los agentes. Todo empezó con el éxito viral de OpenClaw y pocos meses después las empresas se llenaron de agentes de IA (tantos, que ha llegado a ser un problema). Los agentes no duermen, pueden estar trabajando días, semanas o meses sin descanso. Esto que es su mayor virtud también tiene un lado malo y es que quienes los supervisan se han convertido en auténticos esclavos de sus agentes de IA.

Hiperdisponibilidad. Lo cuentan en Wall Street Journal. Los fundadores de muchas startups tienen sus ciclos de sueño completamente rotos porque están pendientes de sus  agentes de IA. Aditya Sharma, cofundador de la startup Keel, cuenta que hay días en los que se acuesta a las 6 de la mañana atendiendo las peticiones de los agentes y no es un caso aislado, sino que forma parte de una nueva cultura de la hiperdisponibilidad alimentada por estos agentes de IA.

A la espera de instrucciones. Un agente IA es capaz de ejecutar tareas y seguir flujos de trabajo muy complejos, pero no es 100% autónomo. Algunos pasos requieren validación por parte de un humano, por lo que si nadie interviene, los agentes se quedan bloqueados. Sharma afirma que “el coste de que los agentes estén bloqueados durante ocho horas es excesivamente alto”. El resultado es que siempre está pendiente por si se ha quedado parado esperando su ok.

Adictivo. Varios de estos fundadores describen la situación en términos que suenan más a dependencia que a productividad. Peter Pezaris, fundador de Proxon, dice que “es como una droga. Nunca he consumido drogas, pero me imagino que se siente igual”. Calcula que su empresa funciona 30 veces más rápido gracias a los agentes. El resultado es que trabaja de 7:30 de la mañana a 2 de la madrugada. 

Ajay Kalia, fundador de la startup Alt, trabaja hasta 15 horas diarias, pero cuando no está en la oficina tampoco desconecta porque recibe las peticiones de sus agentes directamente en su Apple Watch. “No sé si es sano para mí salir a correr mirando el reloj para darle permiso a mi agente para hacer algo”, confiesa. 

FOMO. Es un término que surge con las redes sociales y la constante sensación de estar perdiéndonos algo. Para estas empresas, no es sólo el miedo a que un agente se quede bloqueado esperando una respuesta: es el miedo a que, mientras ellos descansan, un competidor te adelante. Peter Pezaris lo resume así: "Cada minuto que no trabajo, pierdo el equivalente a una semana de trabajo". 

La nueva Silicon Valley. Antes de la IA, trabajar en Silicon Valley era un sueño. Empresas como Google contaban con gimnasios, masajistas y todo tipo de comodidades dentro de sus oficinas. El chollo se ha acabado y el boom de la IA ha instaurado una cultura de la ultraproductividad donde trabajar 72 horas semanales es la norma. Es una carrera en la que nadie quiere ser el primero en pararse, aunque sepa que el ritmo no es sostenible. Ajay Kalia lo ve en su propia red de contactos: "Todos reconocen en voz baja que, por un lado, es insostenible, pero, por otro, ¿por qué parar?".

Imagen | Xataka con Magnific

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