Ticketmaster está a un nivel de monopolio entre las tiqueteras que ya vende hasta los actos del Sindicato de Inquilinas

Ticketmaster ya es la taquilla por defecto, también para las asociaciones contestatarias

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John Tones

Editor Senior - Entretenimiento
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El anuncio del próximo gran acto del Sindicato de Inquilinas en Vistalegre termina con una línea aparentemente inofensiva y que hemos visto en multitud de ocasiones coronando otro tipo de eventos: "Entradas en Ticketmaster". Una frase que se ha convertido en perfectamente asumible incluso dentro de los códicos contestatarios que maneja el Sindicato, y que hace que no nos chirríe esta colaboración entre una agrupación de tintes anticapitalistas y una marca que un jurado de Nueva York ha declarado monopolio ilegal.

El evento. El Sindicato de Inquilinas e Inquilinos de Madrid ha anunciado un acto el 15 de noviembre, cuatro días después de la huelga general del 11 con una consigna contra los que "quieren forrarse" con el trabajo ajeno. 'Poder Sindical: El futuro es con vivienda' incluirá actuaciones de Amaral, Biznaga, Métrika o Parquesvr. A renglón seguido, la posibilidad de comprar entradas, por 16,50 euros (incluidos 1,50€ de gastos de gestión) en Ticketmaster. Incluso la posibilidad de pagar por un espacio en una simbólica Fila Cero, una donación sin entrada para la caja de resistencia con la que se pagan, entre otras cosas, las multas por parar desahucios, se hace a través de la polémica tiquetera.

El precio y la presencia en el evento como mediador de la venta de entradas de Ticketmaster ha suscitado abundantes críticas en los perfiles del Sindicato en redes sociales. Independientemente de la lógica del precio (inevitables con tantas actuaciones de numerosos artistas muy conocidos), el evento deja clara una cosa, por encima de todo: el alcance de la tiquetera se acerca a la absoluta omnipresencia.

Salto en España. Buena parte de ese alcance en España llegó con la compra en abril de 2011 de la división de ticketing de Live Nation por Serviticket, sociedad detrás de ServiCaixa, la tiquetera de La Caixa. ésta, en 2010 había procesado más de 43 millones de entradas, lo que la convertía en la principal ticketera del país. La operación incluía un acuerdo para seguir vendiendo en los 8.100 cajeros del banco. 

Hoy, sin embargo, la escala de la empresa matriz es muy diferente. Live Nation distribuyó 646 millones de entradas a través de sus sistemas en 2025, y Ticketmaster trabaja para 10.500 clientes en todo el mundo. En julio de este año, Live Nation España cerró además una alianza de una década y prorrogable para la programación musical del Riyadh Air Metropolitano y otros espacios de la Ciudad del Deporte. Ticketmaster está en todas partes. Como Thanos, es inevitable.

Problemas en Estados Unidos. El 15 de abril, un jurado federal de Nueva York concluyó que Live Nation y Ticketmaster habían monopolizado de forma ilegal la venta de entradas y los grandes anfiteatros del país. El pleito lo había abierto en 2024 el Departamento de Justicia, que pedía partir la empresa en dos, y el jurado calculó un sobrecoste de 1,72 dólares por entrada en 22 estados. Finalmente, Live Nation quedó obligada a que los grandes recintos pudieran optar por contratos no exclusivos y las tarifas de servicio tuvieran un tope del 15%. El litigio sigue y actualmente hay una petición para que se separen Ticketmaster y Live Nation, ya que se estima que copa un 86% de cuota del mercado de conciertos estadounidense. 

Estas condenas en Estados Unidos son un castigo a la ambición desmedida de la empresa, pero también una perfecta constatación de todo lo que convierte a Ticketmaster en un coloso al que es imposible esquivar. El mismo sistema que despachó las entradas de Bad Bunny en Madrid (con gran polémica por los precios variables) forma parte ahora de un entorno contestatario. Es la taquilla que se da por supuesta, y se hace hueco a codazos hasta en la última línea de un tuit contra el rentismo.

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