Si mañana se estropease tu coche y tuvieras que comprarte uno nuevo, la pregunta del millón es: ¿sería un coche de combustión, un híbrido o un eléctrico? Obviamente, también hay otra alternativa respetable y con mucho sentido ante un futuro repleto de incertidumbre y con los precios por las nubes: apostar por la segunda mano (no obstante, la pregunta sigue siendo la misma).
Decir adiós a la vieja combustión y dar la bienvenida a lo eléctrico (de cualquier forma) es una cuestión compleja donde entran en juego factores como políticas fiscales, infraestructuras y la renta. Hace tiempo que la transición a lo eléctrico ya está aquí, pero no avanza igual a lo largo y ancho del continente.
El mapa que ves bajo estas líneas representa el porcentaje de matriculaciones de coches nuevos eléctricos en Europa en 2025, lo que incluye eléctricos puros y enchufables. Otra consideración importante: solo recoge los coches nuevos, no el parque existente, esa es otra historia mucho más modesta donde los coches eléctricos representan actualmente solo alrededor del 5%.
Su elaboración es obra de The World in Maps, un proyecto divulgativo especializado en cartografías e infografías. Para su elaboración emplea el informe Global EV Outlook 2026 de la Agencia Internacional de la Energía (IEA), publicado en 2026, es decir, el informe de referencia mundial sobre movilidad eléctrica.
En el viejo continente, las ventas de coches eléctricos (EV + PHEV) aumentaron un 30% el año pasado, por encima de la tendencia global, que creció un 20% hasta superar los 20 millones de unidades. Es decir, que si en el mundo uno de cada cuatro coches es eléctrico, en Europa es casi uno de cada tres. De hecho, Europa ha superado a China como mercado de coches eléctricos de mayor crecimiento, con subidas destacadas de Alemania, España e Italia.
Pero el mapa colorido deja entrever un panorama muy heterogéneo en el continente y parte de culpa la tienen las políticas estatales: el apoyo público por vehículo eléctrico, en forma de subvenciones directas, incentivos fiscales y exenciones de aranceles ha ido disminuyendo de forma progresiva en la última década conforme aumentaban las ventas, si bien Dinamarca, Noruega o Turquía siguen teniendo los escenarios más favorables por sus fuertes exenciones fiscales.
Una Europa a dos velocidades
La Europa eléctrica está formada por los países nórdicos y Países Bajos, donde se concentran las cuotas más altas: Noruega (97%), Dinamarca (71%), Suecia (61%) e Islandia (62%). La receta del éxito es una alta renta per cápita, fuerte fiscalidad sobre los combustibles fósiles, exenciones históricas para el eléctrico y una red de recarga muy desarrollada. Se lleva la palma Noruega, donde los coches totalmente eléctricos alcanzaron una cuota récord del 96% de todas las ventas de coches en 2025, aunque a partir de 2026 las ventajas fiscales se han recortado.
La Europa del combustible viene del este, con Rusia (2%), Bosnia (5%), Rumanía y Bulgaria (6%) como mercados donde el coche eléctrico apenas ha penetrado, condicionados por un menor poder adquisitivo, escasa infraestructura de recarga y ausencia de incentivos fiscales relevantes. De hecho, Croacia, Grecia y buena parte de los Balcanes se mueven en cifras similares, entre el 5% y el 15%. Esta Europa vetusta convive bajo el corsé de unas normativas de la UE cada vez más estrictas.
Estos datos importan porque el transporte por carretera es una de las grandes fuentes de emisiones de dióxido de carbono en Europa y la velocidad de electrificación la ataca directamente, pisando el acelerador hacia la consecución de los objetivos climáticos de la UE. Pero también tiene implicaciones industriales: el sector de la automoción, un auténtico bastión histórico en el continente, se está adaptando y planificando en función de la demanda. El salto al eléctrico también tiene su lectura económica y geopolítica donde un país lleva la voz cantante: China.
En Xataka | Todas las plantas de automóviles de Europa (incluidas las pocas de baterías eléctricas), en un mapa
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