Durante las primeras consultas que se hacen con pediatría cuando llega un nuevo miembro a la familia, se escucha que es bastante importante leer a los más pequeños casi que desde el primer mes de vida. Los pediatras apuntan a que, cogiendo un libro y leyéndoselo a los más pequeños, se puede lograr crear un vínculo afectivo más intenso con los progenitores, que se vaya ganando vocabulario y también una mejora cognitiva y motora.
Es algo respaldado. Esta idea es algo que tiene un importante respaldo médico que llega, por ejemplo, desde la Academia Americana de Pediatría que recomienda explícitamente a los pediatras el hecho de fomentar la lectura compartida desde el nacimiento, incluso en las Unidades de Cuidados Intensivos neonatales.
Una ganancia de vocabulario. Uno de los beneficios más tangibles, sobre todo cuando los niños comienzan a ir creciendo, es el hecho de que escuchen muchas palabras diferentes que enriquecen su lenguaje. Esto es algo en lo que se centró un estudio del año 2019, donde se calculó la "brecha del millón de palabras", donde se estimó que los niños criados en familias donde se lee con frecuencia escuchan hasta 1,4 millones de palabras más a través de los cuentos que aquellos a los que nunca se les lee antes de entrar al colegio. Aunque siempre teniendo en cuenta que esto es una estimación.
Esta exposición temprana es el cimiento del lenguaje y no se trata solo de la cantidad de palabras, sino de la diversidad y complejidad del vocabulario literario, que rara vez surge en las conversaciones cotidianas sobre la cena o la hora del baño. El punto que hay que tener aquí es que todos los libros deben estar adaptados a la edad del pequeño e ir aumentando la complejidad de manera escalonada.
El aprendizaje. El impacto de esta inmersión lingüística se nota a largo plazo como se determinó en un estudio de 1995, donde vieron que la lectura compartida en la etapa preescolar explica alrededor del 8% de la varianza en las habilidades de lectura y lenguaje cuando los niños llegan a primero de primaria.
A nivel neuronal. La neurociencia también ha asomado la cabeza para entender este fenómeno y un estudio transversal utilizó resonancias magnéticas funcionales en niños de 3 a 5 años. A partir de estas imágenes se descubrieron que aquellos provenientes de entornos de lectura más ricos mostraban una mayor activación en la corteza de asociación parieto-temporo-occipital izquierda mientras escuchaban cuentos.
Aunque el estudio es correlacional y no permite afirmar que la lectura cause directamente cambios estructurales, sí indica que la lectura compartida estimula de forma consistente las áreas del cerebro encargadas de la integración semántica y la visualización mental.
Causalidad real. La prueba del algodón llegó en el año 2020 cuando se analizaron varios ensayos que agrupaban a casi 2.600 niños de entre 1 y 6 años. Con esta muestra, se determinó que la lectura compartida tiene un efecto causal real en el desarrollo del lenguaje expresivo y receptivo.
Eso sí, la ciencia también pone los pies en la tierra al apuntar que este efecto causal es modesto y que depende fundamentalmente de la dosis y de la interacción. Es por ello que leer mecánicamente un libro en voz baja tiene un impacto mínimo, puesto que el verdadero beneficio explosivo ocurre cuando la lectura es interactiva, haciendo preguntas al niño, señalando, comentando la historia...
Imágenes | cottonbro studio
Ver 0 comentarios