¿Fue el asalto al Capitolio un golpe de estado? No, pero sí un signo de violencia en una democracia débil

¿Fue el asalto al Capitolio un golpe de estado? No, pero sí un signo de violencia en una democracia débil
Sin comentarios Facebook Twitter Flipboard E-mail

¿Asistimos el pasado 6 de enero a un intento de golpe de estado en Estados Unidos?

Miles de seguidores de Donald Trump decidieron, animados por presidente, irrumpir en el edificio del Capitolio para interrumpir la declaración oficial de la victoria electoral de Joe Biden. Agitando banderas de Trump, cientos de personas se colaron entre las barricadas y rompieron ventanas para entrar en el edificio donde se reúne el congreso estadounidense. Un manifestante y un agente de policía murieron durante el enfrentamiento, mientras que otros agentes tuvieron que ser hospitalizados. También se cerró el Congreso.

Por muy violento y perturbador que fuera, lo que ocurrió el 6 de enero no fue un golpe de estado. Esta insurrección fue violencia electoral, muy parecida a la que rodea a muchas democracias débiles.

Lo primero de todo, ¿qué es un golpe de estado? No existe una sola definición para "golpe de estado", pero los expertos que se dedican a su estudio, como nosotros, estamos de acuerdo en las características claves que definen un golpe de estado. Jonathan Powell y Clayton Thyne, expertos en golpes de estado, lo definen como "un intento explícito por parte de militares u otras élites dentro del aparato estatal para desbancar al jefe de gobierno en funciones a través de medios inconstitucionales".

Básicamente, se utilizan tres parámetros para determinar si una insurrección es un golpe de estado o no:

  1. ¿Los autores tienen algún tipo de relación directa con el estado, como es el caso de oficiales militares o dirigentes gubernamentales?
  2. ¿El objetivo de la insurrección es la persona que está al mando del gobierno?
  3. ¿Los instigadores utilizan métodos ilegales e inconstitucionales para hacerse con el poder ejecutivo?

Golpes de estado e intentos de golpes de estado

El 3 de julio de 2013 se produjo un golpe de estado en Egipto cuando el jefe del ejército, Abdel Fattah al-Sis, destituyó por la fuerza a Mohamed Morsi, quien por entonces fuera un presidente poco popular. Morsi, el primer líder elegido democráticamente en Egipto, acababa de revisar la redacción de una nueva constitución que fue descalificada por Al-Sisi. Se trata de un golpe de estado, puesto que Al-Sisi se hizo con el poder de forma ilegal y construyó su propio estado de derecho sobre los escombros de un gobierno elegido democráticamente.

Pero los golpes de estado no siempre acaban destituyendo al gobierno.

En el año 2016, miembros de las fuerzas armadas turcas intentaron quitar del poder al autócrata presidente del país, Reçep Erdogan. Los soldados se hicieron con zonas claves de Ankara, la capital, así como de Estambul, incluyendo el Puente del Bósforo y dos aeropuertos. Sin embargo, el golpe no contó con una buena coordinación ni mucho apoyo, por lo que fracasó rápidamente en cuanto el presidente Erdogan pidió a sus seguidores que se enfrentaran a los instigadores. Erdogan sigue en el poder a día de hoy.

La toma del Capitolio no cumple con los tres requisitos para ser considerada como un golpe de estado. Los seguidores de Trump tenían como objetivo una parte del ejecutivo, el congreso, y se dedicaron a acceder al edificio y a causar daños materiales: en teoría cumplen con los puntos 2 y 3.

Asalto Al Capitolio Golpe De Estado No Fue (Mike Thelier/Reuters)

Pero si observamos el primer punto, se trataba más bien de civiles actuando bajo su propia voluntad sin relación directa con el estado. El presidente Trump incitó a sus seguidores a acudir al capitolio poco menos de una hora antes de que la multitud invadiera el recinto, insistiendo en que las elecciones habían sido un fraude a grito de "no vamos a aguantar más". Todo esto después de tirarse meses difundiendo falacias y conspiraciones electorales infundadas que crearon una percepción errónea de fraude entre muchos de sus partidarios.

No está claro si la principal motivación del presidente para enfurecer a sus partidarios era asaltar el congreso, puesto que finalmente acabó tranquilamente diciendo que se fueran a sus casas mientras la violencia iba a más. Por ahora parece que los disturbios en la capital de EE.UU. se produjeron sin la aprobación, ayuda o liderazgo de ningún cuerpo del estado como el ejército, la policía o altos cargos del gobierno simpatizantes con la idea.

Sin embargo, las altas esferas de la política estadounidense también tienen su parte de culpa. Propagando bulos sobre fraude electoral, numerosos senadores republicanos, entre ellos Josh Hawley y Ted Cruz dieron pie a la violencia política en EE.UU, en concreto a la violencia relacionada con las elecciones. Varios expertos han determinado cómo una retórica política basada en la polémica aumenta el riesgo de violencia electoral. Las elecciones son un momento de alto riesgo, puesto que representan un cambio del poder político. Cuando los miembros del estado degradan y desacreditan las instituciones democráticas es fácil que se produzca un conflicto político: unas elecciones fraudulentas pueden desencadenar la violencia política y la ley de la calle.

¿Qué ocurrió realmente? Los impactantes acontecimientos del 6 de enero fueron el resultado de una violencia política que muchas veces acaba degradando las elecciones en democracias de recién imposición o inestables.Las elecciones en Bangladesh están rodeadas de violencia e insurrecciones políticas debido a años de violencia del gobierno y a la ira de la oposición. Las elecciones de 2015 y 2018 se parecieron más a zonas de guerra que a transiciones democráticas.

En Camerún, disidentes armados perpetraron actos de violencia durante las elecciones de 2020 que fueron dirigidos contra edificios gubernamentales, miembros de la oposición y civiles inocentes por igual. Su objetivo era deslegitimar los votos a modo de respuesta a la violencia sectaria y a los excesos del gobierno. La violencia electoral en los Estados Unidos difiere en causa y contexto de la ocurrida en Bangladesh y Camerún, pero la acción fue parecida. No hubo ningún golpe de estado en EEUU, pero es probable que dicha insurrección, apoyada por Trump, lleve al país por un camino turbulento, tanto en términos políticos como sociales.

The Conversation

Imagen: Leah Millis/Gtres

Autores: Clayton Besaw, University of Central Florida; Matthew Frank, University of Denver.

Este artículo ha sido publicado originalmente en The Conversation. Puedes leer el artículo original aquí.

Traducido por Silvestre Urbón.

Newsletter de Xataka

Suscríbete a "Xatakaletter", una forma distinta de informarte cada semana de la actualidad tecnológica hecha con pasión por el equipo de Xataka.
Comentarios cerrados
Inicio