Sigo descargando películas, series y videojuegos de Internet, aunque cada vez es más complicado
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Sigo descargando películas, series y videojuegos de Internet, aunque cada vez es más complicado

El mundo de las descargas ya no es el mismo. De hecho, ya nunca volverá a ser como era hace unos años. Quién no recuerda bajarse aquella canción del eMule que poníamos en bucle. O descargarse el último episodio de Perdidos de Megaupload el día después de su estreno. Tanto los nuevos servidores de almacenamiento de archivos en Internet como los algoritmos de Google para encontrar música o películas no autorizadas en el buscador hacen que descargar cosas se haya convertido en un dolor de cabeza para los internautas. Y a todo eso se suma el cambio más crucial de la última década: la incursión de las plataformas VOD y su facilidad para acceder al contenido.

Pero el mundo de las descargas no está acabado del todo. Sigue habiendo miles de personas que hacen de ellas su forma de vida y consumir ocio. Ya sea series, música, películas o libros. Son unos verdaderos freaks de las descargas. Y lo cierto es que ni Netflix ni Spotify van a cambiar sus hábitos.

"Es más complicado que antes"

Victor, residente de Valencia, lleva descargando todo tipo de contenido desde 2008, cuando Megaupload, el famoso servicio de alojamiento de archivos, estaba en auge. Cuenta que ha notado un cambio de paradigma en Internet a la hora de buscar material. “Es más complicado que antes debido a que ahora ya no existe una única fuente que te proporcione todo como en su día fue Megaupload. Ahora necesitas tener a tu disposición muchos y variados recursos para encontrar siempre lo que necesitas”, explica.

Este joven suele descargar principalmente películas de manera regular mediante Torrent. “Los enlaces magnet los consigo a través de proxys de YIFY, Rarbg o The Pirate Bay —webs no autorizadas de descargas de archivos torrent—. Si no encuentro lo que busco por ninguna de esas vías recurro a foros especializados que suelen subir los archivos empleando Mega, el servicio de alojamiento en la nube”, añade.

Confiesa que en algunas ocasiones recientemente, al no poder encontrar archivos en Internet de manera fácil, ha tenido que entrar en portales de seguridad dudable. “A veces he tenido que tirar de Google pinchando en páginas y lugares en los que realmente no confío. Y asumir riesgos a sabiendas de que estoy comprometiendo la seguridad de mi ordenador”, indica. Algo cada vez más común en las páginas de descargas.

Como sea, Victor sigue usando plataformas de VOD. Cuenta que está suscrito a Filmin, Netflix, HBO y Amazon Prime. “Tienen el formato de los antiguos videoclubs, recorres su catálogo cada vez que acudes a ellos como se recorrían en su día las estanterías disfrutando de pasear entre títulos. Y disfruto haciendo esto, pero el problema es que busco títulos muy concretos al consumir cine a diario y no siempre estoy dispuesto a perder el tiempo paseando por los menús. “Se pueden compaginar ambos mundos y de hecho es la mejor opción ahora mismo. Las plataformas VOD tienen catálogos que están todavía lejos de poder satisfacer la demanda del público especializado”, comenta.

La evolución de las descargas a través de internet refleja la evolución de diversas tecnologías y protocolos de comunicación, así como también de usos sociales. Históricamente se han usado sistemas como el P2P, bitTorrent, descarga directa, etc. y herramientas como el eMule, qBittorrent o JDownloader. Cada modelo ha tenido su época de mayor repercusión y uso, pero actualmente todos ellos siguen usándose. A día de hoy la amplia oferta de servicios de almacenamiento masivo, tales como MEGA o WeTransfer, habilita que la descarga directa suponga un porcentaje muy importante de las descargas a través de Internet.

Marcos, residente de Barcelona, cuenta que descarga archivos de Internet desde que era relativamente joven. “Se puede decir que desde que aprendí a hacerlo, con el Emule y Ares”, relata. “En ese momento tendría unos 12 años. Las razones siempre han sido una mezcla de motivos económicos y motivos de disponibilidad. Antes las películas y las series tardaban en salir en España, por ejemplo, y algunos animes japoneses ni siquiera se encontraban”, argumenta.

Desde hace pocos años, Marcos sólo descarga música. “No me convencen plataformas como Spotify que te “encierran” en un ecosistema. Si quiero dejar de pagar el servicio, me quedo sin nada de música, sin contar el ahorro que supone. Además, hay versiones de canciones o “remixes” no oficiales que no se encuentran ahí”, señala. Pero, ¿cómo se descarga ahora la música? “Lo hago desde Youtube, a través de cualquier extensión del navegador que descargue la canción en versión MP3. Hay muchos. Es un proceso largo, eso sí, porque me gusta tener la música ordenada y este método te obliga a escribir el título, artista, etc, manualmente. Suelo esperar a tener muchas canciones que descargar a la vez y dedico una tarde a ello”, explica.

No obstante, este barcelonés sí usa regularmente Netflix, HBO o Disney+ para ver películas y series y afirma que le han convencido totalmente. “Funcionan muy bien, se pueden compartir entre muchas personas y no sale tan caro e incluso van mejorado los productos conforme pasa el tiempo. En la era dorada de las series en la que vivimos, es necesario algo así. Pero para música todavía no lo veo, aunque quizás sea probarlo”, concluye.

Andrés, madrileño, es un fan de los videojuegos. Desde niño ha matado las horas frente a la pantalla de su ordenador. Pero su bolsillo nunca le ha permitido comprarse los nuevos títulos que iban saliendo en tiendas como GAME. Para él, descargar videojuegos ha sido la manera de subsistir en la vida digital. “Desde que se creó Steam —la famosa plataforma de videojuegos—, los precios se han reducido afortunadamente. Además, suelen haber bastantes descuentos en la plataforma. Pero para alguien que se pasa el día jugando como yo, no puedo permitirme comprar todos, así que los descargo de manera no autorizada”.

El método para hacerlo es bastante más complicado que para conseguir una película o un álbum de música. Además, pone en riesgo la seguridad de su ordenador al descargar archivos .exe que pueden contener virus o troyanos. “Uso páginas como SteamUnlocked o webs rusas como Xatab Repack para descargarme los cracks de los juegos. Con esto esquivo tener que introducir las licencias o ‘keys’ que te piden los juegos.

Aunque confiesa que de esta manera, muchos le dan problemas a la hora de jugar en la versión multijugador e incluso dichas webs contenían archivos maliciosos. “Cuando gane más dinero que ahora, espero dejar de usar este tipo de portales y comprar los videojuegos de manera legal. Me encanta tener las carátulas de los juegos en mi estantería. Además, Steam lo tiene casi todo. Aunque no compre muchos juegos ahí, interactúo con la comunidad de la plataforma casi todos los días. Es como tener lo que quieres en la punta de los dedos y no poder alcanzarlo”.

¿Cada vez es más difícil encontrar estos archivos?

Roberto Vieito Raña, vicesecretario del CPEIG (Colexio Profesional da Enxeñaría en Informática de Galicia) y colaborador del CCII, opina que es muy difícil valorar el volumen de archivos disponibles en Internet: “Aunque con el crecimiento espectacular que año a año se produce en el contenido y tráfico en Internet no sería arriesgado asumir que este volumen crezca de forma continuada”.

Vieito asegura que la percepción de una mayor dificultad para encontrar determinado tipo de contenidos seguramente sea real y derivada de que los buscadores más utilizados, fundamentalmente Google, lleven a cabo filtrados de resultados en base a solicitudes DMCA. “Y también de que penalicen en relevancia este tipo de contenidos en sus búsquedas relegándolos a posiciones muy alejadas de las primeras”.

No es raro ver que las autoridades cierren portales de descargas cada mes. Pero el contenido sigue en la nube y lo que hacen muchos internautas es abrir proxys de las páginas bloqueadas. Esto es un servidor paralelo que actúa como intermediario entre dos sistemas informáticos, como el navegador de tu ordenador o móvil y la propia red de Internet. Gracias a esto se puede acceder a los contenidos bloqueados como si de una copia se tratara. “Existen otros métodos para evitar las restricciones. Además del uso de proxys, se usan otros mecanismos como servidores DNS que no pertenezcan a proveedores de Internet españoles, o navegar utilizando una VPN”, explica el experto.

Vieito afirma que ese “dolor de cabeza” de encontrar archivos para descargar no lo sería en ningún momento para las personas usuarias que “hacían y siguen haciendo uso de su derecho de copia privada o, también, de su derecho de acceso a la cultura, el cual está reconocido en nuestra Constitución en su artículo 44”. No obstante, señala que plataformas como Netflix, HBO, Amazon, Spotify, etc. “facilitan el acceso multidispositivo a un catálogo de contenidos con una buena calidad técnica y a un precio asumible”.

Según él, “la industria de la producción y distribución de contenidos culturales se ha dado cuenta de que ofrecer un buen producto de una manera sencilla y a un precio asumible es una estrategia más eficaz y productiva que promover mecanismos que persigan a las personas usuarias. Y este es un cambio en la buena dirección". Y añade: "Seguramente estas plataformas se queden con un porcentaje muy elevado de la distribución y consumo de estos bienes culturales, pero otros canales y también el mundo de las descargas es muy probable que sigan teniendo una presencia nada desdeñable en los años que vengan".

Imagen de portada | Manuel Cernuda

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