El Himalaya tiene más de un millón de kilómetros cuadrados de suelo congelado. La gran pregunta es si lo de Nepal es solo el principio

Hay 1.900 millones de personas viviendo bajo un millón de kilómetros de permafrost. Y está empezando a calentarse

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javier-jimenez

Javier Jiménez

Editor Senior - Ciencia
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Javier Jiménez

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La historia ya la conocemos. El 26 de agosto, el fondo del valle nepalí de Rasuwa quedó arrasado por una descomunal riada que bajó sin que hubiera llovido ni una gota. 

En las primeras horas, mientras se comprendía la magnitud de la catástrofe (los miles de desaparecidos, los cientos de fallecidos, las decenas y decenas de infraestructuras destrozadas) se manejaron decenas de hipótesis. Ahora sabemos más, pero lo que sabemos no puede tranquilizar a nadie. 

Mientras se movilizan todos los recursos disponibles para rescatar a los que queden vivos, la pregunta que resuena en los valles del Himalaya es "¿y si esto es solo el principio?".

¿Qué pasó realmente? Aún es pronto para confirmarlo con total seguridad, pero el ICIMOD señala como detonante de todo a una avalancha de hielo y roca que se habría precipitado desde un glaciar de alta cota sobre el Lhende Khola. Una caída de más de un kilómetro que habría producido un enorme seísmo y habría desencadenado la colosal avenida del río. 

Según explicaba en The Kathmandu Post Binod Parajuli, jefe de la División de Previsión de Inundaciones del Departamento de Hidrología y Meteorología, el desprendimiento de hielo y el deslizamiento bajaron por la montaña hasta que se atrancaron a unos 20 kilómetros aguas arriba del puente Miteri. Allí formaron un "lago" improvisado y, poco después, luego reventó ante la fuerza de la avalancha. "Si hubiera sido solo agua limpia, no habría causado este nivel de destrucción", decía Parajuli y es difícil no darle la razón.

Tanto da. Ante estos niveles de destrucción, el detalle técnico parece ahora superfluo. Sobre todo, porque conocemos demasiado bien el Himalaya: sabemos que si hubiera sido un lago cediendo por sí solo o un terremoto colosal, el resultado hubiera sido el mismo.

Los precedentes lo dejan claro. Sobre el papel, el lago South Lhonak, en el estado indio de Sikkim, era probablemente el lago glaciar mejor estudiado del Himalaya. Teníamos su batimetría completa desde 2014, en 2016 se habían instalado sifones de rebaje y habíamos construido una estación meteorológica automática en septiembre de 2023. Pero el 3 de octubre de ese mismo año, reventó sin previo aviso. 

55 muertos, 74 desaparecidos y más de 7.000 desplazados. En el plano material, entre otras muchas cosas, la presa de Teesta III (que producía 1.200 MW) completamente arrasada. 

La causa la identificaron un año después en una morrena lateral congelada: 14,7 millones de metros cúbicos de permafrost que, al descongelarse, cayeron a plomo en el lago rompiendo la morrena frontal. 

Esa es la conexión que preocupa a los expertos. Sobre todo, porque en el Himalaya hay mucha tierra helada, pero nadie la está monitorizando: según el inventario de Gruber y colegas, el permafrost de la zona ocupa alrededor de 1.003.000 kilómetros cuadrados (frente a los 60.000-80.000 de los glaciares).

La diferencia es que, según estos expertos, el permafrost (a diferencia de los glaciares) "no es observable espacialmente y, por tanto, su presencia y sus posibles cambios se pasan por alto con frecuencia".

Pero sí tenemos datos, claro. Los tenemos gracias a la única red de monitorización real que hay en la zona: la que montó China para asegurar el ferrocarril y la carretera que unen Qinghai y el Tíbet. ¿Qué dicen? Que el terreno se calienta entre 0,02 y 0,78 °C por década a diez metros de profundidad. Que se está derritiendo todo y, como explicó Gruber hace casi dos décadas, a degradación del permafrost en roca escarpada produce inestabilidades "inesperadas y sin precedentes en localización, magnitud, frecuencia y momento". 

Que la montaña se caliente convierte todo en una bomba de relojería. Es decir, en lo que acabamos de ver en Nepal. 

Un futuro de pesadilla. Eso es lo que emerge si leemos con atención los informes del ICIMOD. En ellos se advierte que el deshielo en la región se ha acelerado y, para 2100, podría perder un tercio de su masa (en el mejor de los casos) y hasta el 80% de su volumen glaciar en el peor. 

Hasta ahora pensábamos que lo peor de todo esto es que amenazaba la seguridad hídrica de 1,900 millones de personas. Ahora sabemos que la montaña puede traer cosas mucho peores. 

Imagen | Google Earth

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