Hay una escena tan universal en estos meses como el del ventilador de aspas: algo hace "chas" y aparecen tres bolsas de calabacines en la puerta, en la cocina o ya metidas en el frigorífico. Y justo frente a ellas, está siempre la misma cara de "¿y ahora qué hago yo con todo esto?"
La respuesta es simple y, a la vez, realmente compleja. Primero porque, si queremos conservarlo lo suficiente para poder aprovecharlo, hay que diferenciar entre lo que dura fresco y lo que dura después de transformarlo. Y, segundo, porque si no la hacemos bien, esa transformación estamos convirtiendo ese calabacín en un "regalo envenenado".
Y nunca mejor dicho.
Un calabacín es agua con algo de forma. Para ser exactos, 94,8 de cada 100 gramos de calabacín son agua. Esta hortaliza tiene apenas 17 kilocalorías, la piel extremadamente fina y, en fin, nada de grasa que lo proteja: tiene un diseño delicioso para comer, pero pésimo para conservar.
En su estado óptimo aguanta una semana en el frigo; dos o tres si estamos dispuestos a convivir con sus achaques.
¿Y entonces? ¿De dónde salen los 'meses'? Como insinuaba más arriba, salen de 'procesarlo'. Se puede llegar a meses de forma sencilla: congelándolos (tras un escaldado de tres minutos y un baño de hielo), deshidratándolos o encurtiéndolos. Es decir, puede aguantar hasta diez meses en buenas condiciones si deja de ser calabacín fresco.
Hasta hace unos años era relativamente común meter los calabacines en un bote y cocinarlos al baño maría hasta que llegara a una temperatura suficiente para conservarlo bien. El problema es que el calabacín es poco ácido, su pulpa se ablanda y compacta, transmite mal el calor. Vamos, que se convierte en un medio fantástico para el botulismo a poco que cometamos un mínimo error. Las agencias recomiendan encarecidamente no hacerlo.
¿Y cómo lo hacemos para hacerlo bien? Vayamos por partes:
- Frescos y enteros: directamente a la nevera sin lavar. Si están sucios, mejor limpiarlos con papel de cocina o un paño seco. Si hay que darles con un poco de agua, sécalos bien. Hay poco más que se puede hacer: no amontonarlos, usar almohadillas especiales y evitar ponerlos junto a frutas y verduras climatéricas (manzanas, aguacates, mangos o tomates)
- Cortado: Si queremos conservarlo ya cortado, solo tenemos que tener en cuenta que cuanto más procesado esté, menos aguantará. Lo ideal es cortarlo, secar la verdura bien con papel de cocina y meterlo en un táper hermético. No es recomendable conservarlo más de tres o cuatro días así.
- Cocinado: en esto, la verdad, no hay gran diferencia con el resto de verduras. Un plato de calabacín bien cocinado puede almacenarse sin problemas unos cinco días. La clave es, por supuesto, refrigerarlo cuanto antes, cerrarlo bien y dividirlo en las porciones más pequeñas posibles. También puede congelarse.
- ¿Y si no lo hemos cocinado previamente? Lo que explicaba más arriba: congelándolos, deshidratándolos o encurtiéndolos. Son elaboraciones más complejas, pero si tenemos muchos... es lo más recomendable.
Imagen | Eddie Pipocas
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