Un profesor sospechaba que sus alumnos habían hecho trampas con IA. Hizo el examen en persona y las notas bajaron a la mitad

El caso de la Universidad de Brown refleja hasta qué punto la IA está sustituyendo al aprendizaje real en las aulas

Examen Estudiante Chica
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Javier Pastor

Editor Senior - Tech
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Javier Pastor

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En diciembre de 2025, un tiroteo en el campus de la Universidad de Brown causó la muerte de dos personas. Una de ellas acababa de presentarse a uno de los profesores de esa universidad, el español Roberto Serrano. La tragedia hizo que Serrano, profesor de economía en dicha institución, tomara una decisión que luego tendría una ramificación singular: el creciente papel de la IA en la enseñanza académica.

Exámenes desde casa. Aquel evento hizo que Serrano decidiera cambiar el método de evaluación de su asignatura de primavera de 2026. La siempre exigente ECON 1170 permitiría exámenes para llevar a casa tanto en los parciales como en el examen final. La asignatura, con fama de ser "un hueso", normalmente atraía a pocos (pero extraordinarios estudiantes), y Serrano llegó a tener clases de 8 alumnos. Esta primavera, al enterarse del nuevo método de exámenes, se matricularon 86.

Estudiantes brillantes buscando atajos. La Universidad de Brown forma parte de la prestigiosa Ivy League, un conjunto de universidades privadas del nordeste de EEUU. Todas ellas son famosas por su teórica excelencia académica y elitismo social, y también teóricamente quienes acceden a ella son estudiantes brillantes. Lo que ocurre es que dichos estudiantes suelen ser especialmente ambiciosos y competitivos, y ahí es donde entra la IA: es un atrayente atajo para superar la sobrecarga de trabajos y exámenes.

Demasiados sobresalientes. En el examen parcial del 5 de marzo la nota media fue absolutamente extraordinaria: 96 sobre 100. De hecho 40 de los 86 estudiantes obtuvieron una puntuación perfecta de 100 sobre 100. Esas notas eran como dijo Serrano sorprendentes porque las notas medias en anteriores cursos oscilaban entre los 65 y los 80 puntos sobre 100, "y este examen fue más difícil que los que puse en el pasado porque hacerlo en casa es una oportunidad para plantear un mayor reto a la clase, dado que les das a los estudiantes tiempo ilimitado". 

Algo no cuadraba. No solo era que las notas no cuadrasen: es que algunas de las respuestas, aun siendo correctas, eran extrañas. Según Serrano "tenían un estilo muy enrevesado". Lo que hizo entonces Serrano con su equipo docente fue tratar de responder a esas mismas preguntas con ChatGT. Ahí descubrieron que las respuestas eran muy parecidas a las que habían visto en los exámenes.

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Exámenes presenciales. Con esa sospecha ya creada en Serrano, el profesor decidió hacer el examen final de forma presencial. Avisó a todos sus alumnos por correo electrónico: si la distribución de notas del final era similar a la del parcial, daría por válido este último. De lo contrario, anularía esas notas y el que realmente pesaría en la nota definitiva sería el resultado del examen final. Dicho aviso provocó un efecto inmediato: 18 alumnos abandonaron el curso de golpe, y otros nueve ni siquiera se presentaron al final. De esos 27 estudiantes que se esfumaron de la asignatura, 22 habían sacado un 100 perfecto en el parcial.

La nota se desploma. Una vez los alumnos restantes realizaron el examen final, los resultados hablaron por sí solos. La nota media se desplomó a 48 sobre 100, la mitad de la que había sido cuando a los estudiantes se les permitió hacer el examen desde casa. La conclusión era clara.

La Universidad quita hierro. Serrano se quedó ciego a los 17 años por una distrofia retiniana y aun así se graduó en Harvard. No tenía ninguna intención de dejar pasar aquello sin más, y aunque lo denunció ante la administración de Brow, la respuesta de la instituación fue más bien tibia. 

Denunciando la situación a los medios. Para dar a conocer el problema comenzó a hablar con medios como The Chronicle, El País o Inside Higher Ed. En este último medio se puede ver cómo bajaron las notas de los alumnos: de los 59 que se presentaron, aprobó la mitad, pero solo cuatro sacaron 80 sobre 100 o más, y solo 17 superaron los 60 puntos. Fue entonces cuando el comité académico le sugirió a Serrano presentar una denuncia individual por cada alumno sospechoso, algo que él calificó de "ridículo". La decana selañó que los alumnos que hacen trampas "casi nunca lo hacen desde un lugar malicioso", sino por presión puntual.

No es un caso aislado. Lo ocurrido en Brown no es un evento extraordinario. La llegada de la IA a las aulas universitarias ha transformado los propios métodos de evaluación. En Princeton acaban de poner fin a una tradición de 133 años de antiguedad por la que los profesores abandonaban el aula durante los exámenes finales, ya que confiaban en el código de honor firmado por los alumnos. Una expresidenta de ese comité de honor de Princeton reconoció que "hay una sensación de que la gente copia en los exámenes para casa y de que la gente simplemente usa ChatGPT", y cuanta más gente cree que se copia, más se animan a copiar. 

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