Varias ciudades estadounidenses han recurrido a una solución que puede parecer rudimentaria, pero que funciona de maravilla para frenar la vigilancia de sus propias cámaras de matrículas: taparlas con bolsas de basura negras. La última en hacerlo ha sido Dayton, en Ohio, una ciudad que comienza a arrepentirse de haberlas instalado.
Qué ha pasado. Dayton ha cubierto con bolsas de basura sus cámaras Flock, unos lectores automáticos de matrículas instalados por toda la ciudad. La razón, según cuenta el subdirector municipal Joe Parlette en una sesión del pleno, es que el ayuntamiento no tiene del todo claro si las cámaras siguen grabando ni si puede retirarlas directamente.Así que, mientras lo averigua, ha optado por taparlas como medida provisional.
El medio 404Media, que ha seguido el caso, confirmaba con varios vecinos que las cámaras cubiertas con una bolsa de basura se pueden ver por toda la ciudad.
No saben qué hacer. La estampa puede parecer cómica, pero lo cierto es que los ayuntamientos no saben cómo desconectar una infraestructura de vigilancia que ellos mismos han instalado. Las cámaras son propiedad de Flock Safety, una empresa privada, y los contratos firmados con los municipios resultan tan enrevesados que las ciudades no tienen claro si pueden apagarlas, retirarlas o siquiera dejar de grabar sin incumplir lo pactado. Cubrirlas con plástico es, literalmente, lo único que sienten que pueden hacer por su cuenta.
El detonante. En Dayton todo estalló cuando se descubrió que los datos de sus cámaras habían acabado en manos del Departamento de Seguridad Nacional y del ICE, la agencia de inmigración estadounidense, a través de la red nacional de Flock. La ciudad asegura que no era su intención y que un agente concreto no activó las protecciones que él mismo había ayudado a diseñar; bastaba con pulsar un botón para impedir que los datos se compartieran.
El jefe de policía, Kamran Afzal, aseguraba que "decepcionante" se quedaba corto y que la palabra que usaría sería "asqueroso", según declaraba en una rueda de prensa recogida por el medio. La policía acabó suspendiendo "indefinidamente" el uso de estos lectores el 1 de mayo.
No es un caso aislado. Evanston, en Illinois, hizo exactamente lo mismo a finales del año pasado. Tras rescindir su contrato y lograr que Flock desinstalara las cámaras, la ciudad denunció que la empresa volvió a colocarlas sin permiso y le envió un requerimiento legal. Mientras esperaba que las retiraran de nuevo, las tapó con bolsas. Un portavoz municipal explicaba a 404Media que las cámaras son de Flock y solo la propia empresa podía quitarlas, de modo que las cubrieron mientras esperaban.
En Menominee (Wisconsin), el alcalde llegó a afirmar que las cámaras se habían activado sin la aprobación del pleno municipal.
La otra versión. Flock defiende que cualquier ciudad puede apagar sus cámaras cuando quiera, aunque matiza que las condiciones legales de cada contrato pueden impedir anularlo sin motivos justificados. La empresa atribuye buena parte del rechazo a la desinformación que circula por internet y sostiene que la vigilancia da resultados, citando un repunte de robos de coches en Richmond (California) durante el periodo en que sus cámaras estuvieron apagadas. Sobre Dayton, ha dejado claro que quiere seguir trabajando con la ciudad.
Y ahora qué. La pregunta es si Dayton llegará a retirar las cámaras de verdad o si el programa se quedará en el limbo. Para colectivos vecinales como DeFlock Dayton, tapar las cámaras es solo un paso intermedio. Melissa Bertolo, integrante de la plataforma, contaba al medio que su exigencia no es cubrirlas sino retirarlas, porque mientras sigan en pie podrían seguir captando datos.
Imagen de portada | Sydney Dawes
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