Es bastante curioso cómo el coche eléctrico ha alcanzado plena madurez tecnológica sin abandonar sus estereotipos, y no solo entre los petrolheads más irredentos. Para muchos conductores, esta categoría está compuesta por aparatos de uso estrictamente urbano o coches de prestaciones exuberantes pero con el carácter de un electrodoméstico. Y además, todos son importados.
Ante estos prejuicios, el nuevo CUPRA Raval llega para dar un sonoro manotazo sobre la mesa.
Diseñado, desarrollado y fabricado íntegramente en España, con una autonomía de más de 440 km que anima a sacarlo de la ciudad, un habitáculo de gran tamaño pese a sus escasos 4 metros de longitud, y un comportamiento dinámico emocionante, CUPRA rompe prejuicios y hasta se atreve con su último lanzamiento a guiñar un ojo a esos conductores que buscaban un coche adecuado para ratonear por las calles más estrechas y al mismo tiempo con el nervio y la agilidad de un GTI puro, también cuando las aceras se transforman en guardarraíles.
Un hito de importancia singular que viene a demostrar la evolución de CUPRA como marca propia.
Un hito en la industria española: el primer eléctrico de producción local, no ensamblado desde kits
Parte de la desconfianza del público español hacia los coches eléctricos es el hecho de que nos siguen resultando extraños. A pesar de que España es uno de los países con mayor producción de automóviles del mundo, la realidad es que los desarrollos más punteros se han realizado por regla general en el extranjero y muchas de las nuevas marcas que están aterrizando en el país como "fabricantes" se limitan a ensamblar coches importados en forma de kit, sin una capacidad industrial real. El nuevo CUPRA Raval marca aquí un antes y un después con el que aspira a romper prejuicios.
Diseñado, desarrollado y fabricado totalmente en la planta de Martorell, el nuevo CUPRA Raval es el primer coche eléctrico generalista hecho de principio a fin en España, valiéndose para ello de sus instalaciones en Martorell. Allí, 160.000 m2 se han adaptado para dar cabida a un coche cuyo concepto mecánico difiere significativamente del de cualquier automóvil con motor térmico, con una mayor simplicidad mecánica y unos procesos que requieren su propia línea de producción.
Para ello CUPRA ha formado a la plantilla, instalado 1.000 nuevos robots y modernizado multitud de procesos, como la comprobación de tolerancias robotizada para asegurar que todas las holguras se ajustan a las especificaciones, una nueva cabina de soldadura láser para el techo y un nuevo horno eléctrico que permite ofrecer pinturas realmente interesantes, como los nuevos acabados iridiscentes. Hasta la batería se ensambla en la nueva planta creada exclusivamente para ello en Martorell, gestionando localmente la instalación de sus componentes y las comprobaciones de calidad.
Este grado de industrialización hace que CUPRA pueda fabricar el Raval con un grado de autonomía inusual en España, especialmente considerando que el diseño y el I+D necesarios se han realizado en Martorell. Una inversión que revierte en la economía nacional y que brinda al conductor un extra de seguridad a largo plazo, puesto que no depende de la importación de repuestos ni de servicios de asistencia que básicamente ejercen como representantes locales de marcas extranjeras; todo está en España, porque todo el coche se fabrica en España.
Personalidad a raudales, acorde con sus prestaciones
El hecho de que el nuevo CUPRA Raval se haga de principio a fin en España implica también que todas sus labores de diseño, desde los primeros trazos en lápiz a la realización de las simulaciones aerodinámicas se han hecho también en el país. Y esto es algo muy importante, porque claramente los diseñadores de la marca han querido vencer esa percepción de que los eléctricos son simples herramientas de transporte incapaces de transmitir sensaciones. De hecho, su diseño tiene tantísimo nervio que nunca se diría que es un coche eléctrico.
Detalles como su agresiva calandra, las vías ensanchadas, su distancia al suelo (es 15 mm más pegado al firme que otros coches basados en la plataforma MEB+) o el surfacing de la zaga, que transmite una tensión casi muscular, dan una gran presencia al Raval, pero también su propia identidad. Solo su silencio delata que no estamos ante un deportivo clásico, mientras que el habitáculo sorprende por unos acabados pensados con gran criterio.
Así, a la cuidada selección de colores y materiales (plásticos blandos, textiles de contraste) se suman detalles poco corrientes en su segmento, como la iluminación ambiental con proyectores internos en las puertas y una pantalla central de 12,9 pulgadas con el nueva sistema operativo basado en Android que se orienta ligeramente a un conductor que tiene a su alcance controles físicos en el volante (y no de tipo táctil) e incluso asientos deportivos con ajuste eléctrico tipo bucket en el nivel de equipamiento IMMERSIVE.
La dotación, de hecho, es muy generosa. Ya en el escalón Endurance aparecen detalles como el parachoques deportivo, los pilotos LED animados, llantas de aleación mecanizadas y una gran cantidad de ADAS, desde asistentes al aparcamiento a la detección de cansancio en el conductor.
Por fin un eléctrico que conquista el corazón... de los que no sabían que querían un eléctrico
Pero el nuevo CUPRA Raval es más que un diseño acertado. Si su estética apela a esos conductores que no se ven reflejados por el minimalismo de otros coches a baterías, sus prestaciones lo sitúan en su propio escalón. Son datos impropios de un eléctrico de cuatro metros, tradicionalmente un espacio dominado por utilitarios estrictos, muy lejos de tener las prestaciones o el comportamiento dinámico del CUPRA Raval.
Disponible con motores de 135, 211 o 226 CV (en su versión VZ), el CUPRA Raval sorprende por la agilidad de su paso por curva, la precisión de un volante con una asistencia cuidadosamente medida y un comportamiento que aúna potencia con una estabilidad notable, en parte por la forma en la que las celdas de la batería se reparten por el suelo, mejorando el reparto de cargas y las inercias, en parte por la suspensión DCC Sport, con hasta 15 puntos seleccionables de firmeza en la amortiguación.
También es destacable la respuesta de los pedales. El acelerador, cuando se pisa a fondo, sirve para entregar un nivel de energía que no corresponde a lo que cabría esperar del segmento B (bien gestionada a través de un diferencial electrónico autoblocante), mientras que el freno tiene bastante mordida; más incluso que otros eléctricos al utilizar discos y pinzas en lugar de tambor.
Una conducción no solo pensada para un uso en ciudad, sino adaptada a la propia orografía española. Y es que, con sus más de 400 km de autonomía WLTP, la diversión no quedará confinada a la distancia entre semáforos.
Un eléctrico hecho casi a medida para los conductores que hasta ahora no querían salir de la gasolina, y que con un precio de 200 €/mes en el caso de la versión Endurance Dynamic de 211 CV y 444 km, va a romper muchos esquemas.
Fotos | CUPRA
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