En Japón desde los años 90 existe un término acuñado para expresar las pocas ganas de la juventud de poseer un coche conocido como "kuruma banare". Ojo, no es tanto perderse las ventajas de la movilidad que ofrece (aunque el país asiático tiene una magnífica red de transporte, con sus eficientes y rapidísimos trenes bala y su sistema de metro) sino los costes asociados.
Un estudio reciente de la aseguradora Sony Assurance pone números a la tendencia: el 33% de los jóvenes de 20 años pasa de tener un coche. En 2015 ese porcentaje era de un 30% y la encuesta corría a cargo de la Asociación de Fabricantes de Automóviles de Japón. Y sin embargo, el deseo de conducir coches de alta gama como un Ferrari o un Porsche no ha desaparecido, solo que el acceso ha mutado.
El plan de la Gen Z para tener un cochazo. La idea de base es fácil de entender (la ejecución, al menos en España, es otra historia): olvidarse de la propiedad individual y repartirse el coche. Nikkei Asia se hace eco de este servicio de copropiedad nipón llamado Rendez-Vous y tiene su aquel: permite que grupos de hasta cinco personas posean un coche de lujo durante un año.
Ryota Asaoka, representante de la empresa, explica que "el coste de la propiedad del automóvil es demasiado elevado para las personas de veintitantos años", así que meten la tijera y cortan por lo sano con un mecanismo que convierte el modelo en técnicamente viable y accesible: pagar solo la depreciación, no el valor total del vehículo. Un ejemplo: un Porsche 911. Tras un pago inicial de 150.000 yenes (unos 800 euros), es posible optar por la copropiedad por una cuota mensual de 64.000 yenes (algo menos de 350 euros).
Por qué es importante. Porque el "hijos, casa, coche" era la santísima Trinidad de los baby boomers y, renuncia tras renuncia (el del acceso a la vivienda es un drama especialmente acuciante en el estado), el coche es ya el último bastión del que despedirse de la propiedad en favor del acceso. Y de hecho, ni siquiera es algo exclusivo de la juventud japonesa: casi el 55% de los consumidores Gen Z están abiertos a compartir sus vehículos privados con otros, según este estudio de McKinsey de 2023 realizado a jóvenes de Francia, Reino Unido y Alemania. De hecho, el leasing es la fórmula que más crece en este segmento poblacional. Porque, aunque con variantes, Rendez-Vous no ha inventado nada nuevo.
Desde el punto de vista de la industria automovilística, este modelo tiene implicaciones directas para la demanda de vehículos de gama alta: si los superdeportivos usados pasan a compartirse entre cinco, ya no son tan inaccesibles ni tan exclusivos. Por otro lado, aspectos como la depreciación, el uso o el mantenimiento cambia radicalmente, lo que tiene implicaciones para industrias auxiliares/complementarias como talleres o seguros.
Contexto. Como adelantábamos en la intro, lo de la juventud japonesa alejándose de la propiedad del automóvil es una tendencia consolidada desde hace un cuarto de siglo y la lista de razones es larga y de peso, como explica la consultora nipona UISM: desde la disminución del poder adquisitivo al aumento de precios de los vehículos pasando por cambios en el estilo de vida, el desarrollo del transporte público, los gastos derivados de la propiedad, los diferentes gravámenes, la diversificación de intereses y también el crecimiento de servicios de coche compartido, entre otros.
Causa o consecuencia, las plataformas de car-sharing han sufrido un aumento en el consumo de sus servicios. Sin ir más lejos, Tribecar ha experimentado un aumento del 15% en su demanda con un grupo poblacional como usuario estrella: la generación Z. Rendez-Vous va un paso más allá en su ambición: no es un mero acceso temporal, sino la copropiedad formal de un activo premium.
En detalle. Rendez-Vous solo trabaja con vehículos usados que compra para incorporarlos a su flota y su catálogo contempla desde clásicos de los años 50 hasta superdeportivos modernos. Lo que hace que cualquiera pueda permitírselo (cualquiera que tenga gente de confianza para "asociarse") es qué se paga y cómo: no se divide el precio del auto nuevo, sino que solo pagan la depreciación esperada de ese vehículo en doce meses dividida a partes iguales.
Así, a través del servicio cada copropietario tiene derecho a usar el vehículo 50 días al año, con todos los gastos asociados incluidos como el seguro, el mantenimiento, impuestos asociados y hasta el aparcamiento. Como explica la empresa a Nikkei Asia, la popularidad del servicio es tal que hay hasta 3.500 personas en la cola para usarlo.
Sí, pero. Después de la emoción de la idea inicial tener un Porsche 911 en la puerta de tu casa durante 50 días al año, la realidad tiene sus claroscuros: repartir un solo coche entre cinco personas, cada una de ellas con sus propias agendas, intereses y cuidados no es fácil precisamente. Si no hay normas claras sobre cómo hacer la gestión y unos mínimos de buenas prácticas, una bonita aventura de compartir un cochazo puede acabar mal.
Por un lado, la depreciación de un superdeportivo no es una ciencia exacta: el mercado de los coches de colección es volátil, por lo que en función del uso, modas o averías igual no salen las cuentas. Por otro, desplegar este modelo a gran escala implica una infraestructura logística que es de todo menos barata.
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