Desde el inicio de la invasión a gran escala, la guerra en Ucrania ha sido una sucesión de adaptaciones forzadas, donde cada bando ha tenido que aprender más rápido que el otro para sobrevivir. Lo que empezó como una apuesta por la velocidad y el colapso político derivó en un conflicto largo, técnico y cada vez más despiadado, uno en el que las reglas han cambiado tantas veces como las armas sobre el terreno.
Del desgaste al cálculo operativo. Tras casi cuatro años de guerra, Ucrania ha empezado a asumir que infligir bajas masivas como explicó hace poco un ministro, por sí solo, no cambia la lógica del conflicto. Rusia ha demostrado que puede absorber pérdidas enormes sin modificar su estrategia, mientras utiliza drones y ataques en profundidad para erosionar la retaguardia ucraniana, cortar suministros y quebrar psicológicamente a las tropas que sostienen el frente.
Ese contexto ha forzado un replanteamiento desde Kiev: el campo de batalla ya no se decide solamente en la línea de contacto, sino en lo que ocurre decenas de kilómetros detrás, donde mandos, operadores de drones y rutas logísticas sostienen el avance ruso a cámara lenta.
La guerra de la retaguardia. En regiones abiertas como Zaporizhzhia, la diferencia entre resistir y ceder terreno se juega en la capacidad de negar al enemigo libertad de movimiento en la retaguardia. Rusia ha convertido los drones de medio alcance en su arma clave, atacando carreteras, convoyes y equipos ucranianos antes incluso de que entren en combate.
Ucrania, en cambio, ha dependido durante demasiado tiempo de zonas de muerte cercanas al frente, apostando por aniquilar infantería rusa cuando ya es demasiado tarde para frenar la presión general. Cada vez más mandos ucranianos asumen que, si no se golpea antes al sistema que alimenta los asaltos, la guerra se convierte en una carrera de desgaste imposible de ganar.
La ventana de oportunidad. Ese cambio de mentalidad coincide con una serie de golpes que han desorganizado al ejército ruso. La desconexión de terminales de comunicaciones clave y decisiones internas que han limitado sus propios canales de coordinación han creado un vacío temporal en el mando y control enemigo.
Ucrania ha leído esa debilidad no como una ocasión para lanzar ataques locales, sino como una oportunidad estratégica rara: por primera vez en meses, una gran formación rusa aparece expuesta, dependiente de líneas de comunicación frágiles y con dificultades para coordinar su defensa en profundidad.
Y no una cualquiera.
La caza de un ejército, no sumar cadáveres. El plan que empieza a perfilarse va mucho más allá de “matar más o cuántos más”. El objetivo ahora es cercar, aislar y destruir una formación concreta e implacable hasta ahora del ejército ruso, privándola de refuerzos, munición y mando efectivo hasta convertirla en una carga para Moscú en lugar de un instrumento ofensivo.
¿Dónde? En el sureste de Ucrania, donde los movimientos indican que Kiev intenta envolver a la 36ª Armada rusa, pero no mediante un gran avance blindado, sino con una presión constante sobre sus flancos, ataques selectivos a nodos clave y una negación sistemática de su retaguardia. Dicho de otra forma, no se trata de una ofensiva espectacular, porque lo de menos son los disparos, sino más bien de una caza prolongada y metódica.
Una puesta arriesgada pero necesaria. Qué duda cabe, el giro implica riesgos más que evidentes: por ejemplo, exige más inteligencia, más drones de alcance medio e incluso una coordinación compleja en un momento en el que Ucrania sigue muy limitada por recursos y apoyo externo irregular. Pero también refleja una conclusión dura y realista: mientras Rusia pueda rotar unidades y reponer hombres, la contabilidad de bajas no decide la guerra.
Solo la destrucción de formaciones enteras, incapaces de retirarse o reorganizarse, puede alterar el equilibrio operativo y, con él, la posición de Ucrania tanto en el frente como en cualquier negociación futura. En ese sentido, lo que está en marcha no es una ofensiva más, sino un intento de cambiar las reglas del juego sobre el terreno.
Imagen | RawPixel
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