El bajo precio del petróleo es bueno para tu bolsillo, pero un drama para el futuro del planeta

El bajo precio del petróleo es bueno para tu bolsillo, pero un drama para el futuro del planeta
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La relación entre [la oferta y la demanda][1] es un concepto económico fundamental: cuando el precio de algo sube, la gente consume menos. De forma similar, cuando los precios caen, la gente consume más. [Podría parecer lógico][2] que [un bajo precio del petróleo resulte beneficioso][3] para los consumidores, para los países e incluso para mundo, puesto que cuando los consumidores ahorran dinero en gasolina [pueden gastarlo en otras cosas][4].

Sin embargo, el cambio climático ha hecho que esta idea resulte obsoleta.

Esto se debe a que el bajo coste del petróleo tiene dos grandes inconvenientes a pesar de los beneficios a corto plazo. Por un lado hace que los usuarios puedan conducir más kilómetros por el mismo precio, haciendo que tengan menos incentivos para poner de su parte y reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y comprarse vehículos que usen menos gasóleo o nada, como en el caso de los coches eléctricos.

También hace que el tema de la innovación energética resulte menos urgente para los políticos y para la industria del automóvil.

¿Cuál es el problema?

[La combustión de carburantes fósiles][5] es la principal fuente de dióxido de carbono producido por el hombre y la causa principal del cambio climático. En Estados Unidos y en otros países desarrollados [el petróleo es la fuente más importante][6] de dichas emisiones. Pero los [precios relativamente bajos están aumentando las ventas de petróleo a nivel mundial][7], sobre todo en Asia, donde el boom económico constante ha hecho que [miles de millones de personas salgan de la pobreza][8] y otros tantos millones hayan tenido la posibilidad de ponerse por [primera vez al volante][9].

Oil Rig (Zbynek Burival/Unsplash)

Tanto esta nueva clase media, como los nuevos consumidores ricos y las industrias producidas por el inmenso crecimiento económico están haciendo que se quemen millones de barriles de petróleo al día, lo que incluye el transporte de mercancías por carretera, tren, mar y aire. Pero son los turismos los vehículos que dominan la movilidad a nivel global y consumen [el mayor volumen de carburantes][10] en EE.UU., China y el resto del mundo.

No hay que olvidar que el petróleo es la materia prima de una gran cantidad de productos más allá de la gasolina, el diesel y otros carburantes: [desde las barras de labios al asfalto][11]. Los beneficios económicos del crudo a buen precio pueden tener una amplia difusión, [estimulando el crecimiento y manteniendo la inflación a raya][12].

[Donald Trump][13] daba su opinión sobre este tema cuando comparaba el bajo precio del crudo con "un gran recorte de impuestos para Estados Unidos y para el mundo" en uno de sus tweets.

Engulliendo más petróleo

Pero el crudo barato también tiene otros efectos. Tras las mejoras en la eficacia de los combustibles durante los años 70 y 80, siguieron dos décadas donde los bajos precios de la gasolina contrarrestaron dicha tendencia, haciendo que la media de kilómetros por barril de petróleo [llegará hasta bajar][14] un poco en algunos años. Solamente en 2004, cuando los precios subieron, la eficacia de los combustibles volvió a ser un problema.

Atasco (Alexander Popov/Unsplash)

Tras años de rondar e incluso superar los 100 dólares por barril de petróleo, al margen de un corto periodo de tiempo durante la Crisis Económica de 2008, [los precios del petróleo colapsaron][15] bajando por debajo de 50 dólares el barril a finales de 2014 e incluso incluso menos a principios de 2015. Los precios del crudo siguen [estando muy lejos de aquellos 100 dólares por barril][16].

Los estadounidenses respondieron tal y como los economistas habían predecido: [conduciendo más][17]. Con la bajada de precios era más barato llenar el depósito y el consumo de gasoil en verano llegó a máximos históricos. No resulta sorprendente que las emisiones de Estados Unidos por transporte [aumentaran un 10 %][5] entre 2014 y 2017, incluso cuando bajaron en otros sectores como en la producción eléctrica.

Además, los conductores adquirieron vehículos más grandes. Las ventas de todoterrenos, monovolúmenes y camionetas pequeñas se dispararon, mientras que [las ventas de turismos se desplomaron][20]. Para 2018 los estadounidenses estaban adquiriendo [dos todoterrenos por cada turismo][21], una tendencia también presente en Europa y que representa la principal razón por la que las emisiones han aumentado en los países desarrollados [por primera vez en cinco años][22].

Gasolinera Dos (Jonathan Percy/Unsplash)

La respuesta de los fabricantes de automóviles se está traduciendo en [la liquidación de la producción de turismos][23], optando por la venta de más todoterrenos y furgonetas en una tendencia que va más allá del territorio estadounidense. [Las ventas de todoterrenos están creciendo en todo el mundo][24]. En parte debido a los kilómetros extra conducidos y al tamaño de los vehículos involucrados, [las emisiones de dióxido de carbono de los países ricos han aumentado][22] un 0,5 % en 2018 tras años de bajadas.

Nadie lleva la voz cantante

¿Pero quién controla el precio del crudo? Como experto en energía y antiguo [geocientífico del petróleo][25] creo que está claro que nadie está al mando.

Los gobiernos pueden establecer políticas medioambientales como [la fijación del precio del carbono][26], tipos impositivos más duros para los combustibles y otras medidas que aumenten el precio de la gasolina. Pero tal y como han demostrado las recientes [protestas en Francia][27] y el fracaso consecutivo de dos propuestas [en el estado de Washington para imponer una tasa al carbono][28], existen límites sobre hasta qué punto puede intervenir un gobierno, incluso en los países ricos.

Las naciones de bajos ingresos consideran este tipo de medidas como perjudiciales e intrusivas y el aumento de los precios de los combustibles ha contado con una gran oposición e incluso revueltas en países tan diferentes como [La India][29], [Irán][30], [México][31] y [Haití][32].

Pozo Petrolifero (Clyde Thomas/Unsplash)

La Organización de Países Exportadores de Petróleo se ha asociado con Rusia para crear una [alianza de exportadores de crudo conocida como OPEC+][33] en la que dichos países pueden cortar el suministro para aumentar los precios tal y como acordaron en diciembre de 2018. También puede aumentar la producción si desean bajar los precios.

Sin embargo, eso no significa que los exportadores tengan la última palabra. Por ejemplo, si China, [el mayor importador de crudo][34], entrara en una gran crisis económica, Arabia Saudí y Rusia probablemente tendrían [problemas a la hora de encontrar compradores][35] para todo el petróleo que necesitan exportar. Un exceso de producción en dicho escenario haría que los precios del crudo se desplomaran.

También hay otra razón por la que este grupo no puede controlar los precios del mercado. Estos países tienen que competir contra el [mayor productor de petróleo del mundo][36] y el exportador de crudo con un crecimiento más rápido: los EEUU.

Refineria (Rawpixl/Flickr)

Los avances en la tecnología de perforación han hecho que sea [más fácil que nunca producir petróleo][38] en un momento en el que la humanidad debería utilizar menos por el bien del planeta. Hasta que los [vehículos eléctricos][39] pasen a dominar el mercado será muy difícil no depender del crudo. Creo que los gobiernos y los fabricantes de automóviles deberían por tanto trabajar juntos a largo plazo ofreciendo buenos incentivos tanto a los consumidores y como a las industrias para dar el salto y dejar de permitir que el buen precio del petróleo obstaculice las medidas contra el cambio climático.

Por el contrario, con cientos de millones de nuevos conductores en las próximas décadas, las leyes de la oferta y la demanda podrían llevarnos a todos a un cambio climático devastador.

The Conversation

Autor: Scott L. Montgomery, profesor en el Jackson School of International Studies, Universidad de Washington.

Este artículo ha sido publicado originalmente en The Conversation. Puedes leer el artículo original aquí.

Traducido por Silvestre Urbón.

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